« El poder del talismán / Las chicas del calendario »

El tema del film versa sobre el difícil mundo de las relaciones humanas, su problemática cuando surge el amor, la desconfianza que se origina en aquellos que padecen las consecuencias de la inmadurez de una chica adolescente y la soledad a la que se ven destinados ciertos o muchos seres en esta sociedad.
El guión es tan sencillo que todo el mundo entiende a la perfección esta película dramática. No tiene recovecos en su narración lineal. Todo es tan claro como el mediodía.
Hay un personaje que va dando el pulso a todo el relato. Se trata de Pablo, un locutor de radio que trabaja a gusto hasta que un buen día una compañera de profesión le pide dinero para que unos desalmados le aticen una paliza a uno de la empresa.
La muerte provoca en el alma del locutor un desasosiego tan grande, que deja su trabajo en una emisora importante para irse en busca de la soledad de su pueblo natal, aunque sea trabajando en la emisora local.
Y el guión, estudiando a su personaje, no le deja en la estacada sino que intenta salvarlo mediante los recuerdos de su primer amor que, tras tantos años separado de su origen, encuentra a su amada de siempre ya casada y con una chica de 17 años.
Todo es alegría para su abrumada existencia cuando se siente acogido en el pueblo y con una casa al lado de la de su antigua amiga.
Sin embargo, la paz empieza a resquebrajarse cuando la adolescente Leire se encariña con el protagonista de una forma fulminante, algo propio de esa edad.
Su atractivo y la invitación de que vaya con él a hacer un programa de radio por la noche o de madrugada suscitan en el corazón de la chica sueños e ideales que no podrá realizar ni llevar a cabo. Tan fuerte le ha entrado su amor por Pablo que incluso abandona a su novio para estar cerca de él.
Son personajes que emergen a su lado pero cuyo tratamiento fílmico es endeble, simple y sin verdadera profundización.
Un nuevo personaje aparece sin mucha coherencia: es Elena, la tía de Leire.
Su estado de soltera y con un trabajo en la escuela de música parecen la situación perfecta para que la paz entre de nuevo a raudales por los ojos de Marta, Leire y de su despistado padre.
No obstante —con las cosas del corazón no se juega— el protagonista no siente ninguna atracción por ella.
Quizá el valor de este film no radique ni en su belleza estética, ni en su brillante realización, ni en su adecuada escenografía, sino más bien en el trato que da a los temas humanas del devenir de cada día. Por eso, 'Agujeros en el cielo' puede salvarse y brindar al espectador una sencilla reflexión sobre el intrincado mundo de las relaciones humanas afectivas y sobre el tema de la soledad.
© 2004 Felipe Santos