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Cine (338):
Amanecer de los muertos

 « Amar al límiteRíos de color púrpura 2 »

Dirección: Zack Zinder, Guión: James Jun, basado en el guión de la película homónima escrita y dirigida por George Romero, Fotografía: Matthew F. Leonetti. Música: Tyler Bates, Intérpretes: Sarah Polley, Ving Rhames, Jake Webber, Mekki Phifer, Ty Burell.
Amanecer de los juertos

Si los espectadores que gustan del horror están dispuestos a sentir emociones fuertes, vean este film en el que desde el principio al fin todo es horror.

Allá por el año 1979, George Romero hizo una película espléndida con el mismo título de la actual. Y que conste que parte del guión de esta segunda, se basa en el de la primera. Pero las diferencias son abismales.

Se trata de un virus muy raro que, al atacar, mata al que se ponga a su alcance. Pero todos los muertos “resucitan” transformados en zombies. Y esto, llevados por sus deseos mortíferos, también matan a los vivos que encuentran en su camino con el fin de convertirlos en nuevos zombies.

Los supervivientes se refugian en un gran supermercado. Alguien les cuenta o susurra que el único método expeditivo para acabar con su furor por la sangre, consiste en darle un tiro en la cabeza.

El guión, fallido, se dedica a poner diálogos vengan o no a cuento en boca de todos; diálogos que apenas se les presta atención porque es tanta la acción, tan trepidante el ritmo y tan abundante la violencia que no hay tiempo material para atender a las dos cosas.

¿Por qué no ha fijado mejor en el guión de la primera? No digo para plagiarlo, sino al menos para que la historia tenga peso y consistencia a nivel cinematográfico.

Romero dividió a los supervivientes en dos grupos sociales. Y mediante cada uno de ellos, hizo algo que le daba agilidad a su obra: introdujo la ironía con miradas al mundo real; no faltaron tampoco las sátiras a los compradores que, por esa misma razón, llegaban a ser zombies.

Técnicamente, este remake vale poco. Todo lo ha querido reducir a que corran, se muevan rápidamente, tengan una velocidad increíble y su multiplicación es un alarde de procreación.

De vez en cuando, para los espectadores desprevenidos, saltan los sustos sin esperarlos, se sacian sus ansias feroces de ver sangre y más sangre.

Pero, aunque comercialmente está aceptablemente realizada, eso no quita para que nos demos cuenta de que a la narración le falta simpatía con estos bichitos y lo que hacen.

© 2004 Felipe Santos

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