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Cine (381):
Amor sin condiciones

 « Harry Potter y el prisionero de AzkabanPor amor al arte »

Dirección: P. J. Hogan. Guión: Jocelyn Moorhouse y P. J. Hogan. Fotografía: Remi Adefarasin. Música: James Newton Howard. Intérpretes: Kathy Bates, Rupert Everett, Meredith Eaton, Dan Aykroyd, Lynn Redgrave.
amor sin condiciones

Ha llegado este film con dos años de retraso a nuestras pantallas. La acción transcurre en Chicago. Multitud de personas han acudido para oír al “ruiseñor del Lark”. Una de sus más queridas fans trabaja duro para lograr que le hagan una entrevista con él en TV.

Apenas la ve su marido, la abandona. Entonces se dedica a soñar con su ídolo en una peregrinación desesperada. Es en ella en donde descubre paulatinamente que su vida no es tan ordenada como se creía.

A partir de este instante su caminar será un camino largo en busca de su propia identidad personal.

La realización va a caballo entre la comedia y un estudio profundo de las costumbres que reinan en las personas, en esos lugares y en la sociedad. Al mismo tiempo, la narración hace hincapié en el papel de la mujer americana en el hogar y el del marido.

El guión, no muy bien estructurado, da lugar a una narración oscilante, ya que la primera parte se torna soporífera porque le falta interés. Sin embargo, la última parte es mucho mejor porque el ritmo se precipita y la película se convierte en una comedia agradable, hilarante, risueña hasta tal punto que la sonrisa aflora fácilmente al corazón.

Una pena que, por falta de unidad, no tenga todo el film ese tono de frescura de la segunda parte. Todo esto explica la tardanza de su llegada a las carteleras, dado el fracaso estrepitoso que ha obtenido en Estados Unidos.

Para hacer un buen film, se debe antes estudiar a fondo lo que se quiere transmitir y no andar con dudas durante el rodaje y su montaje.

El mismo reparto no se prestaba a darle realce en la publicidad. Quien la vea, saldrá diciendo que al menos ha tenido algunos momentos fugaces de risa pero el resto no tiene mucho sentido. Y aunque la protagonista sea buena, no todo el film puede recaer sobre sus hombros.

Por eso, en síntesis, hay que ver esta obra con mirada discreta. No da para más.

©2004 Felipe Santos

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