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Aparece un nuevo intérprete en el clásico James Bond. Se llama Daniel Craig. El anterior Pierce Brosnan tuvo poco éxito. El actual toma una dirección nueva y mucho más pragmática. Está muy implicado y prefiere los combates a mano limpia a los presupuestos sofisticados de los servicios secretos británicos. Pero, a pesar de todo, no logra encontrarse con este género y con su personaje de siempre.
Es un film de acción pura. Se ha realizado para agradar a todos: coches, explosiones, locas persecuciones. Extrañamente es también una historia que se desvela lentamente, tan despacio que el ritmo —cosa extraña— falla.
Su nueva arrogancia le va de maravilla aunque sus errores lo empañen. En esta óptica, Casino Royale no se parece mucho a James Bond, salvo en los combates, persecuciones y peligros.
Craig, rubio, muestra sólo muchos músculos y cuerpo. Por lo demás, cumple como puede su papel. Es mucho más vulnerable que sus antecesores.
Casino Royale llena sus promesas de un film de acción, aunque sea una pena que tenga lagunas narrativas.
Orientación educativa: Buena para los que le gusten la acción y no sea muy exigente.
©2006 Felipe Santos