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Harry Potter y la orden del Fénix se dirige solo a los iniciados. Estos se sentirán contentos a pesar de la falta de coherencia de la película, considerada como cine, no como adaptación sacada de un todo. Los lectores estarán encantados al ver la animación de los personajes que conocen y que gustan, pero el film...
Más allá de la gravedad del tema y del drama latente, que sólo se explota casi al final, en esta quinta entrega, la añadidura de otros personajes vienen a embrollar las cartas y a hacer más complejo este universo fantástico. Si algunos son rechazables y sólo merecen el apelativo de poco inspirados, el destino de otros prometía cierta grandiosidad. Sin embargo se escamotea, principalmente con Cho Chang, el objeto del afecto de Harry. Por su parte, la nueva profesora no tiene suficiente envergadura para llevar sobre sus hombros la importancia que se le concede.
El film comienza a sufrir cambios de dirección; tras Chris Columbus, Alfonso Cuarón y Mike Newell, ahora es David Yates el que tiene la responsabilidad de adaptar para la gran pantalla el libro de J.K Rowling. Se nota una realización impersonal que muestra poca creatividad, una historia que da la impresión de estar incompleta. A la madurez y al tono grave de los acontecimientos se añaden las preocupaciones juveniles de los adolescentes que son héroes de esta historia que no les interesa lo más mínimo ni siquiera a ellos. Las frustraciones de Harry se muestran de modo educativo porque los personajes viven todo lo que es posible imaginar a un adolescente.
Y los tres jóvenes actores principales no proporcionan las emociones necesarias. Demasiada técnica, casi nada de ingenuidad porque su relación se deteriora y se convierte en aburrida y poco creíble.
Incluso el combate final, en el que se da el tono de Guerra de las Galaxias, no impresiona porque la cámara gira en sus movimientos sin muchos sentidos que interesen.
El montaje elíptico tampoco aporta nada. Harry es todavía y siempre la víctima, no tiene lugar y es milagrosamente salvado cada vez por la intervención casi divina de un personaje secundario. El esquema se repite varias veces. El resto del reparto es eficaz, sobre todo Gary Oldman en Sirius Black, Ralph Fiennes en Voldemort; los actores experimentados dan una maravillosa réplica a los más jóvenes.
Los mejores momentos siguen siendo aquellos en los que los adolescents, frente a una autoridad extravagante, toman su destino en la mano. Pero todo esto no son más que guiños y la impresión de inacabado.
Harry Potter y la Orden del Fénix no tiene la eficacia de sus películas anteriores, porque se ha apartado del tema principal. Los numerosos personajes sólo añaden confusión. Leer el libro es una necesidad.
Orientación Educativa: Puede servir como ejerció recreativo y fantástico, y un poco de miedo.
©2007 Felipe Santos