Hay muchas razones en nuestras vidas por las cuales entramos en tensión. Unas veces es una tensión pasajera que desaparece cuando desaparece el problema que lo motiva; en otras ocasiones la tensión es algo permanente en la persona.

Hay personas que han interiorizado la tensión y no son conscientes de ella. Hay una diferencia entre la persona con estrés y la persona con tensión. La persona estresada sufre y se queja del estrés. La persona tensa frecuentemente convive con la tensión sin revelar la más mínima protesta.
¿Por qué� existe la tensión?

¿Eres una persona que acumula tensión? ¿Te cuesta relajarte?

Cuando esas situaciones se alargan en el tiempo, llegando a convertirse en crónicas, el cuerpo se queja. La nuca o la columna, o las articulaciones, sufren particularmente esa tensión. La mente acelerada deposita en músculos y huesos ritmos y rigideces para las cuales no llegan descansos adecuados.

Hay personas tensas que quieren relajarse pero no pueden, el cuerpo se les resiste. No encuentran una postura que les libere de la carga. Su mente, asimismo, no puede liberarse con facilidad de las presiones que —grandes o pequeñas— se ve obligada a soportar.

Saber relajarte ayuda a vivir.
¿Cómo relajarte?

1. No te permitas vivir largos periodos con síntomas de tensión excesiva. Dolores en la nuca o molestias en algún punto de la columna vertebral y trastornos del sueño suelen ser los más habituales. Atájalos cuanto antes mejor. Visita a un especialista.
2. Ponte descansos en tu actividad. Cada dos horas o dos horas y media, date un descanso de unos minutos.
3. Si estás preocupado mentalmente, debes airearte. Sal del lugar donde estás. Distráete.
4. Relaja hombros, cuello y nuca. Sencillos giros a uno y otro lado, de pie o sentado con la espalda recta te ayudarán.
5. En momentos tensos respira profunda y lentamente.
6. La respiración es básica. Un buen descanso es liberar cuatro o cinco minutos para respirar bien. Inspira profundamente durante cuatro segundos. Retén el aire un par de segundos. Suelta el aire, durante seis o siete segundos, aún más lentamente.
7. A lo largo del día haz una pausa más larga, de unos diez o quince minutos. Empieza por la respiración profunda (cuatro minutos). Luego continúa con ejercicios sencillos de relajación muscular.
8. Deja caer los brazos. Déjalos caer a peso.
9. Relaja los hombros. Haz giros con cada uno. Al final ambos a la vez.
10. Échate en un sofá. Si no tienes sofá junta dos sillas. Descálzate. Sube las piernas. Suelta los músculos de ambas piernas. Junta y separa las rodillas. Mantén la columna recta, la espalda bien apoyada.
11. Si deseas profundizar en la relajación busca un buen manual.
12. Si eres una persona poco constante, busca compañía para hacer ejercicios de relajación.
Estos ejercicios te producirán:
- Reducir las tensiones.
- Menos cansancio, más descanso.
- Prevenir problemas físicos a medio y largo plazo.
No te pongas ansioso y trata de hacer ejercicios por lo menos cinco minutos al día.