Texto:

“Hermanos, si ven que alguien ha caído en algún pecado, ustedes, que son espirituales, deben ayudarle a corregirse. Pero háganlo amablemente, y que cada cual tenga mucho cuidado, no suceda que también él sea puesto a prueba. Ayúdense mutuamente a soportar las cargas, y de esa manera cumplirán la ley de Cristo."

(Gálatas 6, 1-2).


En general, las personas se han vuelto en la sociedad más cerradas a la realidad del otro. La vida no ayuda a ver al otro como un ser humano ni en muchos casos es la otra persona quien se ve a sí mismo como tal.

Sólo las almas grandes, los grandes seres humanos, son capaces de salirse de sí mismos para encontrar a los demás y ayudarles. Los mediocres estarán siempre pidiendo ayuda… El egoísmo es lo contrario a la madurez humana y espiritual. La mayoría de los problemas del ser humano se producen por posturas egoístas y cerradas.

Quien está muy pendiente de sí mismo tiene poco tiempo de preocuparse de los demás y de Dios…

Cuando una persona se abre al otro como un ser humano, encuentra la raíz de su propia naturaleza: apertura, amor, Dios.

Hay personas muy preocupadas que los demás hagan cosas buenas para ayudarle, pero estas personas son incapaces de hacer nada bueno por los demás.

Con demasiada frecuencia vemos, incluso cristianos, que dicen muy orgullosos que "no le hago mal a nadie…" y eso está muy bien, pero tenemos que dar un paso más y preguntarnos: "¿pero le hago bien a alguien…?

Dar la vida por los demás sin interés, es el mejor regalo que puedes hacerle a Dios y a ti mismo…


La tarea de la semana:

* Examina qué haces de bueno por los demás, en especial a los que te rodean.

* Intenta averiguar cómo ayudar a otras personas: una sonrisa, una mirada, escucharle atentamente, darle una palabra de ánimo…

* Procura ver cuáles son las cosas que más te cuestan a la hora de darte a los demás: tu tiempo, la calidad de la comunicación, etc.

Ojalá que esta tarea que comienzas esta semana la vivas cada día el resto de tu existencia.

©2003 Mario Santana Bueno.