Texto:

"Yo sé todo lo que haces; conozco tu duro trabajo y tu constancia, y sé que no puedes soportar a los malos. También sé que has puesto a prueba a quienes dicen ser apóstoles y no lo son, y has descubierto que son unos mentirosos. Has sido constante, y has sufrido mucho por mi causa. Pero tengo una cosa contra ti: que ya no tienes el mismo amor que al principio."
(Apocalipsis 2,2-4)

Empezamos las cosas con fuerza, pero al poco tiempo nos desganamos. Fíjate cuántas personas comienzan unos estudios, un trabajo, un proyecto en su vida, con mucha ilusión y mucha dedicación, pero al poco tiempo se desinflan.

Lo mismo ocurre con algunos matrimonios, o religiosos, o sacerdotes, que por la propia dureza de la vida terminan rechazando aquello por lo que un día sintieron su corazón vibrar... ¿Por qué aparece el desánimo? Porque perdemos el "amor primero", o sea, la ilusión, la dedicación, la entrega, en una palabra: la vida orientada hacia algo que nos da sentido.

No es suficiente ser un buen profesional o un buen esposo o esposa, ni una buena o buen religioso o sacerdote. Lo más importante es mantener el amor primero. La presencia del amor primero nos dará todo lo bueno que podamos hacer.

Cuando veo a un matrimonio que ha perdido el amor primero siempre les digo que recuerden sus años de noviazgo... Cuando un religioso o sacerdote cree que ha gastado inútilmente la vida, les digo que recuerden sus años de seminario donde la ilusión por la entrega era sólo equiparable al amor a Dios. Tenemos que mantener siempre fresco el amor primero.


La tarea de la semana:

1. ¿Cuáles fueron tus ilusiones y proyectos de joven? ¿Los conseguiste?
2. ¿Cómo vives ahora las situaciones de tu vida? ¿Eres feliz?
3. Procura reavivar por lo menos en una de esas situaciones "el amor primero?

© 2003 Mario Santana Bueno.