Buzón Católico
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La homilía del domingo:
Décimotercer domingo del Tiempo Ordinario. Día del Papa — Ciclo A

26.06.2005. Mt 10, 37-42. "El que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí"

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Evangelio

Dijo Jesús a sus discípulos: “El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que trate de conservar su vida, la perderá; en cambio, el que pierda su vida por causa mía, la recobrará.

"El que os recibe a vosotros, a mí recibe; y el que a mí recibe, recibe al que me envió. El que recibe a un profeta por ser profeta, recibirá la recompensaque merece un profeta; y el que recibe a un hombre bueno por ser bueno, recibirá la recompensa que merece un hombre bueno. Y cualquiera que dé aunque sólo sea un vaso de agua fresca al más humilde de mis discípulos por ser mi discípulo, os aseguro que no quedará sin recompensa”.

Homilía

Es por lo menos un evangelio desconcertante. Si alguien no está muy cercano a la fe católica y este domingo entra en uno de nuestras iglesias y escucha esta palabra, seguro que saldrá con más dudas que claridades.

La palabra de esta semana usa un doble lenguaje: Vida por vida, Familia por familia, Cruz por cruz, Ganar por perder…

Sin lugar a dudas algo importante nos quiere transmitir este evangelio. Usa nuestro lenguaje pero va más allá de él. Las palabras son las mismas pero los contenidos diferentes.

Curiosamente todo lo que nos propone Jesús está resumido en el binomio perder y ganar. Este lenguaje sí que es bastante comprensible en nuestros días. La gente hace cosas para ganar sea dinero, sea prestigio, sea respeto. El evangelio con pocas palabras, nos desmonta esas ganancias y nos dice claramente que en el seguimiento de Cristo en el perder está el ganar.

¿Cómo entender esta contraposición?

En un primer momento hay que decir que ya la mejor ganancia está en la fe que Dios nos ha dado. Creer que podemos vivir de distinta forma, con otros esquemas, desde otras realidades, las cosas de cada día. En muchas ocasiones nos situamos ante el mundo con una actitud desafiante, cuando no con una actitud de violencia y desconfianza. El cristiano se debe de situar en el mundo no como dueño sino como hermano y amigo del mundo a semejanza de Jesús. El Señor es el único dueño y señor del mundo.

Una de las grandes miserias del ser humano es el pensar que nuestro mundo se gobierna por sí mismo, sin Dios, sin fe, sin reglas espirituales y la palabra nos recuerda hoy que el evangelio nos demuestra otra forma de estar y de vivir en el mundo, de aquí surgen las contraposiciones que anteriormente citábamos.

Nuestras familias se hacen muchas veces tumbas de nuestras fe y por eso hay que estar alerta. Jesús pone el dedo en la llaga, cita textualmente a las personas que más queremos o a las que más deberíamos de querer y nos hace caer en la cuenta de una cosa fundamental: esas personas las queremos tanto porque somos queridos, nos sentimos queridos por ellas, y aquí Jesús nos lanza su desafío: quiéreme porque yo te quiero, de esta manera se establece ese vínculo profundo que hace que nuestro amor vaya más allá de la muerte.

En el catálogo de personas y de cosas que el evangelio nos propone va citando esos amores que la vida nos da:

Una vez más el evangelio hace saltar por los aires nuestros esquemas. Nos dice que todo ello con lo bueno que es, no es lo mejor.

Cuando nos habla de la cruz se está refiriendo no a esos problemas que nos aparecen, o esas situaciones permanentes que generan tensiones. No. Se refiere a la cruz que tomamos libremente por ser seguidores de Jesús. Esta cruz libre es la que nos hace conjugar el amor con otro sentido, con otra trascendencia.

Parece como si la palabra de este domingo nos dice que esos amores humanos que son buenos en sí mismos tienen que ser trascendidos. Nuestro corazón no se puede cerrar en las puertas de nuestras familias, tenemos que abrirnos y ver a los demás como nuestra propia gente; nuestro prójimo se convierte así en familia. No es que Jesús desvalorice nuestro amor por los nuestros, viene mas bien a ampliarnos, a hacer que todos los que nos rodean nos sean familiares desde su amor.

* * *

  1. ¿Cómo es mi amor hacia mi familia? ¿es un amor abierto a Dios o cerrado en sí mismo?
  2. ¿Cuáles son las situaciones que me atan en el seguimiento de Jesús? ¿Mi familia, mis deseos, mis miedos, yo mismo?
  3. ¿Cuáles son las cruces que yo tomo libremente?

©2002 Mario Santana Bueno.

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