Buzón Católico
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la homilía del domingo:
Décimo octavo domingo del Tiempo Ordinario — Ciclo A

31 de julio de 2005. Mt 14, 13-21. "Comieron todos hasta quedar satisfechos"

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Evangelio

Al conocer la noticia de la muerte de Juan, Jesús se alejó discretamente de allí en una barca y fue a un lugar despoblado. Pero la gente lo supo y en seguida lo siguieron por tierra desde sus pueblos. Al desembarcar Jesús y encontrarse con tan gran gentío, sintió compasión de ellos y sanó a sus enfermos.Cuando ya caía la tarde, sus discípulos se le acercaron, diciendo: “Estamos en un lugar despoblado y ya es muy tarde; despide a esta gente para que se vayan a las aldeas y se compren algo de comer”.Pero Jesús les dijo: “No tienen por qué irse; denles ustedes de comer”. Ellos respondieron: “Aquí sólo tenemos cinco panes y dos pescados”. Jesús les dijo: “Tráiganmelos para acá.”

Y mandó a la gente que se sentara en el pasto. Tomó los cinco panes y los dos pescados, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los entregó a los discípulos. Y los discípulos los daban a la gente. Todos comieron y se saciaron, y se recogieron los pedazos que sobraron: ¡doce canastos llenos! Los que habían comido eran unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

Homilía

Tanto en el mundo antiguo como en el nuestro, la importancia de la comida es grande. En la antigüedad comer significaba recibir fuerzas (vida) que ella proporciona; no era solamente un acto gustativo sino una acción fuertemente cargada de valor simbólico, de aquí que una y otra vez, aquí y allá, toda la Escritura esté llena de esas comidas que crean comunidad.

El Evangelio de hoy nos cuenta un milagro donde Jesús actúa como hacedor de comida, no como cocinero sino como creador y los discípulos se encargan de repartirlo a los demás comensales. Algo parecido es la Iglesia que reparte lo que el Señor le da constantemente.

Cristiano es aquella persona que es capaz de recibir de Dios con generosidad, con alegría, con entusiasmo, para luego dar y repartir a otros. El Reino de Dios necesita personas por medio de las cuales pueda obrar y hablar. Jesús sabe bien esto y nos deja para que sigamos perpetuando ese milagro a la Eucaristía.

Ir a la Eucaristía necesita de cada una de las personas que se acercan algunas actitudes interiores y espirituales:

Tenemos que ir a la Eucaristía:

¿Cuáles son las actitudes que llevo a la Eucaristía?
¿Por qué hay personas que dicen que la misa no me dice nada…?

Hay personas que ven los milagros como algo del pasado, algo que sucedió y que ya no sucede más… Esta es una forma burda de entender los milagros. Las acciones que Jesús hizo no son acontecimientos aislados en la Historia, sino demostraciones del poder de Cristo que está siempre y para siempre activo. Los milagros se siguen realizando también en nuestro tiempo.

¿Qué pienso de los milagros?
¿Son los milagros acciones exclusivamente del pasado?
¿Sigue Dios haciendo milagros?

Acercarnos a Jesús, muchas veces hundidos por el cansancio de la vida, supone encontrar reposo y alimento para nuestra vida espiritual.

Otro aspecto que descubrimos en la palabra de esta semana es la compasión que Jesús siente por la multitud, y que no sólo se conformó con compadecerse sino que vino en su ayuda curando a los enfermos y dándoles de comer.

¿Cuál es la diferencia entre ayudar a alguien necesitado porque me da pena… a ayudarle por compasión y justicia… ¿Qué decir de las personas que son víctimas del hambre en el mundo mientras nosotros derrochamos…? ¿Es justo?

Los discípulos le dicen que despida a la multitud. Jesús se niega. El Señor siempre mostró hacia las multitudes mayor ternura que sus discípulos. Cuando el Evangelio dice que Jesús se compadeció de la multitud, usa un verbo griego que literalmente significa: “se le enternecieron las entrañas”. Esta palabra griega aparece en otros momentos también significativos: cuando el padre rogaba a Jesús para que librara a su hijo del demonio; en el padre de la parábola del hijo pródigo…

¿Tengo yo misericordia con los que me rodean, con mi familia, amigos, compañeros de trabajo, vecinos, comunidad…? Si Dios es misericordioso y se compadece de nosotros ¿por qué hay mal en el mundo?¿tengo yo entrañas de misericordia conmigo mismo y con los demás?

Se nos habla de cinco mil personas que quedaron saciadas en ese encuentro con el Señor. ¿Cuántos de aquellos le siguieron después como discípulos? Esta es una de las dimensiones de la existencia del ser humano. Muchas veces nos acercamos a Dios para saciarnos, pero no para seguirle.

El Evangelio no se extiende por la cantidad de oyentes, sino por el número de personas sinceramente convertidas a Él. Sin embargo, Cristo da a comer a todos, a pesar de que habían de ser muy pocos los que le habían de seguir.

Los que son alimentados por Cristo siempre quedan satisfechos.

* * *

  1. ¿Estás satisfecho en tu vida? ¿por qué?
  2. ¿Qué pondrías y qué quitarías de tu vida para crecer como persona y como cristiano?
  3. ¿Cómo nos alimenta Jesús hoy?
  4. ¿Qué papel tiene el egoísmo en tu vida?
  5. ¿Qué relación tiene la misericordia con la justicia social?

©2002 Mario Santana Bueno

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