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La homilía dle domingo:
Vigésimo quinto domingo del Tiempo Ordinario — Ciclo A

18 de septiembre de 2005. "¿Vas a tener tu envidia porque yo soy bueno?"

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Evangelio

Aprendan algo del Reino de los Cielos. Un propietario salió de madrugada a contratar trabajadores para su viña. Se puso de acuerdo con ellos para pagarles una moneda de plata al día, y los envió a su viña.Salió de nuevo hacia las nueve de la mañana, y al ver en la plaza a otros que estaban desocupados, les dijo: Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo”. Y fueron a trabajar. Salió otra vez al mediodía, y luego a las tres de la tarde, e hizo lo mismo. Ya era la última hora del día, la undécima, cuando salió otra vez y vio a otros que estaban allí parados. Les preguntó: “¿Por qué se han quedado todo el día sin hacer nada?” Contestaron ellos: “Porque nadie nos ha contratado.” Y les dijo: “Vayan también ustedes a trabajar en mi viña.”Al anochecer, dijo el dueño de la viña a su mayordomo: “Llama a los trabajadores y págales su jornal, empezando por los últimos y terminando por los primeros.” Vinieron los que habían ido a trabajar a última hora, y cada uno recibió un denario (una moneda de plata). Cuando llegó el turno a los primeros, pensaron que iban a recibir más, pero también recibieron cada uno un denario. Por eso, mientras se les pagaba, protestaban contra el propietario.Decían: “Estos últimos apenas trabajaron una hora, y los consideras igual que a nosotros, que hemos aguantado el día entero y soportado lo más pesado del calor.” El dueño contestó a uno de ellos: “Amigo, yo no he sido injusto contigo. ¿No acordamos en un denario al día? Toma lo que te corresponde y márchate. Yo quiero dar al último lo mismo que a ti. ¿No tengo derecho a llevar mis cosas de la manera que quiero? ¿O será porque soy generoso y tú envidioso?”

Así sucederá: los últimos serán primeros, y los primeros serán los últimos.”

Homilía

¿Qué voy a obtener por seguir a Jesús? ¿Qué voy a ganar por seguirle?

Estas preguntas bien se las puede hacer cualquier persona que en este tiempo sea invitada a la conversión al Señor. Ya saben ustedes que en el mundo de hoy nadie hace nada por nada…

En la parábola de hoy se nos explica las recompensas que recibiremos en ese seguimiento.

La jornada judía de aquel entonces comenzaba a las 6 de la mañana, al amanecer, y desde entonces se contaban las horas hasta las 6 de la tarde, que es cuando oficialmente empezaba el nuevo día.

La paga de los jornaleros de la época era al equivalente de nuestra moneda actual de unos 0,06 euros (unos seis céntimos de dólar americano) al día. Esta era una cantidad, como hoy, totalmente insuficiente. Un día sin trabajo era una auténtica desgracia ya que significaba que al vivir al día, esa jornada no podrían ni comer tanto el trabajador ni su familia. El Evangelio de hoy toca estos dos aspectos y los proyecta a la dimensión del reino de Dios.

Cuantas veces vemos en parroquias, grupos cristianos, movimientos eclesiales, a personas, hermanos y hermanas en la fe, que llevan toda una vida trabajando por los demás; ya se han acoplado tan bien a la dinámica eclesial que se consideran dueños y señores de lo que hacen. Cuando se dan estos casos los nuevos, los creyentes que están estrenando su fe, se ven como una amenaza, me vienen a quitar el puesto con todo lo que yo he hecho por esto…

Es una actitud muy humana, pero poco cristiana. Tenemos que acostumbrarnos a saber que nuestra vida entregada en cristiano es desgastarse por los demás, sin encumbrarnos, sin creernos más que los otros, sin esperar nada a cambio, sin despreciar a los nuevos en la fe y sus inexperiencias… Tener un corazón acogedor es el primer requisito para trabajar en los campos del Señor.

Jesús en esta parábola nos ayuda a entender cuál debe ser nuestra actitud y cuál es la actitud de Dios.

La recompensa por la fe será dada al creyente, no según el tiempo en que se haya convertido, ni según la edad en que se convirtieron, sino según la medida o estatura espiritual que hayan alcanzado en Cristo. El Evangelio de hoy nos habla de un contrato y de la paga estipulada.

¿Estás de responsable en alguna actividad eclesial? ¿La vives como servicio? ¿Cómo te sientes a la llegada de algún miembro nuevo: intranquilo, con miedos, con celos, con envidias…?

Los jornaleros de la parábola se quejan no porque se les pagara menos de lo que les pertenecía, sino de que hiciese a los demás iguales a ellos. Eso es lo que ocurre con muchos agentes de pastoral de toda la vida. Ya va siendo hora que establezcamos los tiempos en nuestros grupos para que una persona deje paso a otra con la misma alegría con la que recibió el primer encargo.

El murmurador no tenía razón de quejarse de que los últimos hubiesen recibido el mismo pago, al haber venido tan tarde, pues no habían venido antes por la sencilla razón de que no habían sido llamados antes.

Todas las personas son iguales ante Dios, da igual el que ha recibido la gracia de la fe en la infancia que en la edad adulta. Cada uno tendrá que dar un fruto proporcional al momento de ser llamado, no antes. Para quien sigue al Señor, la vida, el atardecer, no termina ni demasiado pronto ni demasiado tarde.

En este encuentro de hoy con el Evangelio podemos también preguntarnos sobre dos realidades, muchas veces dolorosas que nos afectan socialmente:

Estos dos aspectos no se agotarán nunca de la reflexión cristiana. Lograr mayor justicia en las relaciones laborales es una tarea siempre por hacer.

La paga final que nos dice la Palabra nos hace caer en la cuenta que no es la cantidad de servicio lo que cuenta, sino el amor con el que se hace. Todo lo que Dios nos da nos lo da por su gracia, sin nosotros merecerlo. Lo que Dios da no es paga, sino regalo; no es un salario, sino una gracia.

El cristiano no va buscando un salario sino que trabaja por el gozo de servir a Dios y a sus semejantes. No hay para el trabajo evangelizador que pensar en términos de compensaciones. Todos tenemos que aprender de la bondad de Dios.

Trabajar por el Evangelio es un honor. Es un honor sentirse llamado a participar en la aventura de acercar a los demás a la presencia de Dios.

* * *

  1. Cómo trabajador o como empresario cristiano ¿Cómo te ves? ¿Eres una persona justa ?
  2. ¿Te sientes dueño del trabajo pastoral que haces? ¿Te sientes un enviado del Señor y de tu comunidad para servir a los demás?
  3. ¿Eres una persona acogedora?
  4. ¿Qué esperas recibir de Dios en tu vida?
  5. ¿Qué haces por los demás de una manera verdaderamente desinteresada?

©2002 Mario Santana Bueno.

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