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la homilía del domingo:
Vigésimo octavo domingo del Tiempo Ordinario — Ciclo A

09.10.2005. San Mateo 22, 1-14: A todos los que encuentren, convídenlos a la boda.

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Evangelio

Jesús siguió hablándoles por medio de parábolas: «Aprendan algo del Reino de los Cielos. Un rey preparaba las bodas de su hijo, por lo que mandó a sus servidores a llamar a los invitados a la fiesta. Pero éstos no quisieron venir.

De nuevo envió a otros servidores con orden de decir a los invitados: “He preparado un banquete, ya hice matar terneras y otros animales gordos y todo está a punto. Vengan, pues, a la fiesta de la boda”. Pero ellos no hicieron caso, sino que se fueron, unos a sus campos y otros a sus negocios. Los demás tomaron a los servidores del rey, los maltrataron y los mataron.

El rey se enojó y envió a sus tropas, que dieron muerte a aquellos asesinos e incendiaron su ciudad. Después dijo a sus servidores: “El banquete de bodas sigue esperando, pero los que habían sido invitados no eran dignos. Vayan, pues, a las esquinas de las calles e inviten a la fiesta a todos los que encuentren”.

Los servidores salieron inmediatamente a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, de modo que la sala se llenó de invitados.

Después entró el rey para conocer a los que estaban sentados a la mesa, y vio un hombre que no se había puesto el traje de fiesta. Le dijo: “Amigo, ¿cómo es que has entrado sin traje de bodas?” El hombre quedó callado. Entonces el rey dijo a sus servidores: “Atenlo de pies y manos y échenlo a las tinieblas de fuera. Allí será el llorar y el rechinar de dientes”.

Sepan que muchos son llamados, pero pocos son elegidos.»

Homilía

La parábola que nos propone el Evangelio de hoy tiene varias claves:

El pueblo judío creía que solamente ellos se salvarían. Sólo los judíos serán capaces de recibir la salvación de Dios. Pero el mensaje de Jesús rompe las fronteras y está abierto a toda la humanidad, sea de la raza que sea.

La invitación de Dios que era rechazada por los judíos se lanza ahora a todos, a los gentiles (los que no eran de raza judía).

Para los gentiles, el Evangelio era una auténtica novedad. Para ellos no existía tan siquiera una historia enlazada con el Dios del Antiguo Testamento. Ellos tenían que buscar los nuevos caminos para relacionarse con Dios.

¿Quién es el invitado mal vestido?

Es el hipócrita, el que no está preparado para ese encuentro con Dios, el que cree que puede disimular su mal atuendo interior.

El traje de la boda lógicamente no es algo físico sino mas bien una condición del corazón y una forma de vivir en concordancia con el Evangelio.

La invitación de Dios se hizo por los caminos y senderos y los que iban por ellos representan a los pecadores y a las personas que nunca esperaban una invitación al Reino de Dios.

La invitación de Dios es a una fiesta de bodas. La invitación es a la alegría. Es al gozo y a la paz interior a lo que nos invita el Evangelio.

Recuerdo cuando pequeño que entraba a mi parroquia a las horas del atardecer y veía entre penumbras caras tristes y sollozantes que musitando no sé si una oración, creo que pedían algo a Dios. Nunca entendí el Evangelio de la angustia y del miedo, del llanto permanente y de la miseria humana. El Evangelio es otra cosa, el la invitación a una fiesta, a redimirnos desde nuestras propias miserias humanas.

¿Y qué ocurre con las personas no creyentes que hacen cosas buenas?

Las cosas que hacen las personas que aún no han aceptado a Cristo en sus vidas no necesariamente son cosas malas. Un hombre se fue a su tierra, otro a sus negocios…

En la vida muchas veces son las cosas menos buenas las que desplazan a las mejores; las cosas que son buenas en sí mismas son, en muchas ocasiones, las que excluyen a las cosas excelentes.

Hay una enseñanza que nos queda de la Palabra de hoy: Una persona no puede seguir viviendo como vivía antes de encontrarse con el Señor. Debe vestirse de una nueva pureza y santidad y bondad. No tiene que ver con lo que nos ponemos para ir a la Iglesia sino con el Espíritu en que vamos a la casa de Dios.

* * *

  1. ¿Cómo vives tu fe en el Señor: alegre, feliz o triste, miedoso, acomplejado?
  2. ¿Qué es estar bien vestido para ir a la fiesta a la que Dios nos invita?
  3. ¿Quiénes son hoy los que están por los caminos y senderos de la vida?
  4. ¿Qué tenemos que hacer como Iglesia para estar cerca de los más débiles?
  5. ¿Qué decir a los cristianos escrupulosos, obsesionados, cerrados, legalistas?
  6. ¿Cómo debe ser nuestro trato y relación con ellos?

©2002 Mario Santana Bueno.

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