Buzón Católico
www.buzoncatolico.com

La homilía del domingo:
Segundo Domingo de Adviento — ciclo A

5 de diciembre de 2004. Mt 3, 1-12: "Conviértanse, porque está cerca el reino de los cielos."

 « Primera semana de AdvientoTercer domingo de Adviento »

Evangelio

Por aquel tiempo se presentó Juan el Bautista en el desierto de Judea. En su proclamación decía: ¡Convertíos a Dios, porque el reino de Dios está cerca!

Juan era aquel de quien el profeta había dicho: “Se oye la voz de alguien que grita en el desierto: 'Preparad el camino del Señor; abridle un camino recto!'” Juan iba vestido de ropa hecha de pelo de camello, la cual se sujetaba al cuerpo con un cinturón de cuero; su comida era langosta y miel del monte. Gentes de Jerusalén, de toda la región de Judea y de toda la región cercana al Jordán, salían a escucharle. Confesaban sus pecados, y Juan los bautizaba en el río Jordán.

Pero viendo Juan que muchos fariseos y saduceos acudían a que los bautizara, les dijo: ¡Raza de víboras!, ¿quién os ha dicho que vais a libraros del terrible castigo que se acerca? Demostrad con vuestros actos que estáis convertidos a Dios, y no os hagáis ilusiones diciéndoos: “Nosotros somos descendientes de Abraham”, porque os aseguro que incluso de estas piedras puede Dios sacar descendientes de Abraham. Ya está el hacha lista para cortar de raíz los árboles. Todo árbol que no dé buen fruto, será cortado y arrojado al fuego. Yo, ciertamente, os bautizo con agua para invitaros a que os convirtáis a Dios; pero el que viene después de mí os bautizará con el Espíritu Santo y con fuego. Él es más poderoso que yo, que ni siquiera merezco llevarle las sandalias. Trae la pala en la mano, y limpiará el trigo y lo separará de la paja. Guardará el trigo en el granero, pero quemará la paja en un fuego que nunca se apagará.

Homilía

Juan el Bautista predicaba en el desierto. El desierto en el que lanzaba su mensaje no era un desierto vacío o totalmente deshabitado, sino que era una parte del país no tan poblada como las demás, ya que allí había seis ciudades con sus aldeas correspondientes. Fue en estas ciudades y aldeas donde Juan estuvo proclamando aquellas noticias.

La labor de Juan era predicar el arrepentimiento. Su cometido era llamar a las personas a que se arrepintiesen de sus pecados.

¿Qué es el arrepentimiento?

El arrepentimiento es un pesar por haber hecho algo determinado.

La palabra griega que se usa para "arrepentirse" significa en español "cambiar de mentalidad". Juan les decía entonces: "cambien de mentalidad..." Bien sabía Juan que el cambio de mentalidad provoca el cambio de conducta.

La realidad de muchos cristianos es que apremiados por los exigencias del Evangelio, se imponen una y otra vez el cambiar determinados aspectos de su comportamiento. Si hago aquello... si dejo de hacer lo otro... si intento reprimir éste o aquel sentimiento... Y el tema no tiene nada que ver con esto de hacer o dejar de hacer...

La vida cristiana es una invitación al cambio de interiores. Si cambias en tu interior todo lo que salga de ti será bueno. No es cambiar las cosas que hago anhelando en mi interior lo que realmente quiero. Es dejarse transformar desde dentro por el amor de Dios para que lo que sale de dentro sea más bueno y mejor.

Predicaba el arrepentimiento con el argumento de que "el reino de los cielos está cerca". Dios da a conocer su pensamiento por medio de Juan y su voz, es la voz que clama en el desierto. Es la voz de uno que grita en el desierto.

Para que Cristo entre en la vida de una persona hacen faltas dos elementos esenciales. El primero es el arrepentimiento, el segundo es la humildad. La combinación de ambos sentimientos hacen que la persona pueda captar la distancia que hay de su corazón al de Cristo.

Para Juan cada día era "de ayuno", lo que comía era muy frugal. Nosotros, en cambio, nos preocupamos demasiado por el vestido y la comida, por la salud y por el futuro, por el pasado y por lo que intuimos que puede ocurrir.

Nos pasamos media vida temiendo lo que nos puede suceder y la otra media anhelando lo que nos gustaría vivir. Al final muchas personas se pasan la vida sin vivir...

Por aquella época tenían el convencimiento general que el reino de Dios estaba para aparecer. Por eso había personas que pensaban que Juan era el Cristo.

El bautismo de Juan era el rito o ceremonia mediante el cual admitía a los demás como discípulos. A través de este bautismo de agua les obligaba a emprender una vida santa.

El Bautista denuncia a los fariseos y saduceos que acudían a su bautismo, les llama "¡Raza de víboras!" Cristo les dio el mismo título. Juan es capaz de mostrar a los pecadores su verdadero estado, su pobre situación, y esto siempre molesta especialmente a quienes no se arrepienten y a quienes no son humildes.

Les llama a "demostrar con sus actos que están convertidos a Dios" (versículo 8). Es decir, que muestren un sincero arrepentimiento. El arrepentimiento y la fe anidan y se aceptan en lo profundo del corazón humano, allí ha de estar la raíz. Pero no podemos dar buenos frutos si la raíz es mala. Fe ya arrepentimiento no tienen que ser solamente actos en nuestra vida sino mas bien actitudes permanentes cada día de nuestra existencia.

Juan se considera indigno ante Cristo. Él sabe bien que su fuerza está en Cristo no en sí mismo. Todos los cristianos tenemos que preguntarnos con frecuencia si en esto también nos parecemos a Juan o si mas bien vamos buscando galanterías, aunque estas sean espirituales, por parte de los demás.

Los verdaderos seguidores de Jesús están mezclados con los falsos discípulos. Es la mezcla del trigo y la paja.

* * *

  1. ¿Vives en una actitud de arrepentimiento?
  2. ¿Qué elementos faltan en tu vida para una auténtica conversión a Cristo?
  3. ¿Te pareces en algo a Juan el Bautista? ¿En qué? ¿Por qué?
  4. ¿Crees que demuestras con tus actos de cada día que estás convertido a Dios? ¿Por qué?
  5. ¿Vives con paz y serenidad el que existan otros cristianos que no estén viviendo con autenticidad el Evangelio? ¿Te afecta? ¿Cómo lo vives? ¿Por qué?

2004 Mario Santana Bueno

« Primera semana de Adviento / Tercer domingo de Adviento »

Ir al inicio de la página