Buzón Católico
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La homilía del domingo:
Tercer Domingo de Adviento — Ciclo A

12 de diciembre de 2004. Mt 11,2-11: "¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?"

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Evangelio

Juan, en la cárcel, oyó hablar de lo que Cristo estaba haciendo, y envió algunos de sus seguidores a preguntarle si él era quien había de venir o si debían esperar a otro.

Jesús les contestó: Id y contad a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos queda limpios de su enfermedad, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el mensaje de salvación. ¡Y dichoso el que no pierde su confianza en mí!

Cuando se fueron, Jesús comenzó a hablar a la gente acerca de Juan, diciendo: ¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? Y si no, ¿qué salisteis a ver? ¿Un hombre lujosamente vestido? Los que se visten lujosamente están en las casas de los reyes. En fin, ¿a qué salisteis? ¿A ver a un profeta? Sí, verdaderamente: a uno que es mucho más que profeta. Juan es aquel de quien dice la Escritura: “Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino.” Os aseguro que, entre todos los hombres, ninguno ha sido más grande que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el reino de Dios es más grande que él.

Homilía

Buena pregunta la que le hacen a Jesús aquellos discípulos de Juan.

Hoy muchas personas también se hacen esa pregunta porque conocen a Jesús sólo de oídas. No me refiero a esas personas a las que no se les ha predicado sobre el Señor; me refiero a esos otros a los que criados en un ambiente cristiano casi nada sobre quién es de verdad Jesús.

Los siglos han ido demostrándonos distintas posibles figuras del Maestro. Cada una de ellas era una respuesta a esa pregunta. Para unos es un revolucionario, un iluminado, un profeta para otros; pero lo único que de verdad ha prevalecido más allá del tiempo es su divinidad y este es quizás el punto más delicado para las personas de nuestro tiempo. Mientras a la gente se le hable de un Jesús tan humano que esconda su divinidad, todo irá bien. Pero cuando se les presente al Señor en plenitud comienzan las decepciones.

Aquellos discípulos le preguntaron porque estaban desconcertados. Ellos esperaban un Mesías guerrero, y, en cambio, la única guerra a la que nos llama Jesús es a la guerra interior contra nosotros mismos. No encajaba en las ideas que ellos tenían.

Algo parecido pasa en nuestro tiempo. Muchas veces Dios no encaja en las expectativas que nos hacemos sobre Él. Hacemos nuestros proyectos. Edificamos nuestras ideas. Trazamos el camino y queremos que Dios los siga. Muchas veces me pregunto si el "hágase tu voluntad..." del Padrenuestro es tan verdadero en nosotros como para hacerlo vida.

Cuando los ciegos, los cojos, los leprosos, los sordos, los muertos son sanados y a los pobres se les anuncia el mensaje de salvación, algo nos dice que Dios está cerca. Todas las limitaciones humanas son sanadas desde el interior. La curación que Jesús nos hace es bastante distinta a la de nuestros médicos de hoy. Ellos curan de fuera para dentro. Él, de dentro para fuera.

La mayoría de los grandes problemas de la gente hay que sanarlos desde dentro. La persona que vive en soledad, quien no se siente querido, quien se siente marginado... todos esos son momentos que necesitan ser iluminados por Dios. Hoy nuestras pobrezas no son sólo físicas sino que también son consecuencias de la ausencia de Dios en nuestra vida.

¿Realmente vemos en Jesús la última Palabra del Padre?

¿Qué estamos buscando en Jesús?

Buenas preguntas que tenemos que ir una y otra vez respondiendo a lo largo de nuestra vida. Cada momento de prueba y de tentación se repite la misma pregunta de aquellos discípulos.

"¡Dichoso el que no pierde su confianza en mí!" (v.6)

Toda la vida cristiana tiene que ser un acto de confianza. Creo porque confío. Amo porque me fío de quien antes me amó. La historia de cada corazón y Cristo se basa en la confianza mutua. Sabemos que podemos perder esa confianza por los caminos de la vida, por las dificultades que muchas veces parecen aplastarnos. ¿Qué puede darnos la plena confianza en Dios?

La respuesta de Jesús fue clara. Con Él se cierra el ciclo de la historia de Dios con los seres humanos. Ya no hay que esperar más. Él ha venido y se da en totalidad por amor a todas las personas. A partir de ahora, quien le sigue sabe que tendrá cada vez más respuestas en un mundo donde cada vez existen más preguntas.

* * *

  1. ¿Quién es Jesús para ti?
  2. ¿La vivencia que tienes de Jesús es plena? ¿Aceptas a Jesús como Dios y como hombre verdadero? ¿Cómo percibes esa experiencia?
  3. ¿Encuentras en Dios más preguntas que respuestas? ¿Por qué?
  4. ¿Qué elementos faltan todavía en tu vida de fe? ¿Cómo puedes ir completando tu fe?
  5. ¿De qué te cura Jesús en tu vida diaria? ¿Por qué?

©2004. Mario Santana Bueno.

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