Buzón Católico
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La homilía del domingo:
Cuarto Domingo de Adviento — Ciclo A

19 de diciembre de 2004. Mt 1,18-24: "Jesús nacerá de María, desposada con José, hijo de David."

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¿Cómo fue el nacimiento de Jesús?

¿Cómo es posible que se diese en tales circunstancias?

¿Serán los textos sólo unos estilos literarios sin contenido real?

Estas y otras muchas preguntas sobre el tema se hacen muchas personas, incluso creyentes. Tenemos que acostumbrarnos que ante el misterio de la encarnación de Cristo es más digna la adoración que la investigación. Es simplemente imposible volver a las entrañas físicas de María para saber con detalle qué ocurrió y cómo ocurrió. Sí podemos, en cambio, acudir a lo que sentía su corazón sabiéndose disponible a la voluntad de Dios. Una vez en el corazón de María podemos ver con los ojos del espíritu cómo acogió al fruto de su vientre.

Hay personas que tratan de establecer un paralelismo entre nuestro nacimiento humano y el de Jesús. Fue igual en cuanto a su ser hombre pero fue distinto en su ser Dios. Este equilibrio solamente lo puede entender quien descubre esas dos dimensiones en la vida del Señor.

La Virgen María estaba "desposada" con José, es decir, comprometida para casarse, sin que hubieran llegado todavía a convivir juntos. Cristo nació de una Virgen desposada. Ella era consciente de lo que se obraba en su interior.

José tuvo misericordia y moderación, dos cualidades que necesitamos en nuestra vida diaria de cristianos. Muchas veces enjuiciamos a los demás de una manera más que gratuita. Nosotros en lugar de escuchar los consejos de la Palabra, hacemos nuestros consejos de guerra interiores. Nos hacemos jueces y verdugos de los demás sin haber sido llamados para eso. Nadie nos ha nombrado ni jueces ni verdugos de las personas que nos rodean o de las situaciones que vemos cada día. Misericordia y moderación necesita nuestra mente y nuestro espíritu.

José obró así no por debilidad sino por humanidad y misericordia. Era un hombre bueno.

Jesús es el "Enmanuel", el Dios con nosotros. ¿Qué significa esto para nuestra vida?

Significa que Dios está participando de nuestra naturaleza y de nuestra realidad, que no nos olvida, que se ha hecho compañero de camino y que respeta nuestro ritmo, nuestro proceso.

El Señor no se queda atrás ni se aleja de nosotros. Cuando tú te paras el Señor se detiene contigo. Cuando caminas, Él también lo hace contigo. Cuando te sientas a descansar de tus fatigas, él se convierte en tu reposo.

Muchas personas sienten a Dios lejano porque no le dejan entrar en su vida. Para ellos Dios tiene otros rostros: el castigador, el justiciero, el vengativo. Pero la presencia del Enmanuel sólo la descubre quien es capaz de abrir las puertas y ventanas de su corazón, y de mirar alrededor, y de amar.

Los tres personajes de este relato tienen algo que sugerirnos para nuestra fe diaria:

Si te fijas las tres cualidades que citamos en nuestros personajes ,son las que faltan en muchas vidas donde existe rebelión y rechazo ante lo que Dios nos pide. Violencia interior y externa hacia lo que no entendemos. No aceptación de Dios en nuestra vida.

Muchos cristianos sufren porque quieren entender lo que solamente deben de adorar. Quieren adorar lo que ellos por sus propias fuerzas creen entender y, lo más grave, no dejan que Jesús entre en su vidas de manera plena.

Todos sabemos por propia experiencia que es muy difícil permanecer las veinticuatro horas al día siguiendo a Jesús. Ejemplos claros los tenemos en la Palabra. Pero no es menos cierto que nuestra vida de fe tiene que hacer el recorrido propio de la vida de Jesús: tenemos que nacer con Él y a Él. Tenemos que caminar por los caminos y subir a las montañas y navegar en el lago junto a Él. El tema no es el autosugestionarnos, la cosa está en dejar que nuestro corazón lata con el de Cristo, sólo así podemos experimentar vivencialmente que Él camina con nosotros.

Me temo que existen muchos cristianos que están más tiempo buscando explicaciones que viviendo las realidades de Dios en su vida. Yo también me podría preguntar sobre el por qué yo tengo que querer a mis padres, en razón de qué realidad científica. Seguro que no lograría quererlos ni tan siquiera llegaría a sentirlos cercanos a mí. En nuestra vida, o Dios camina con nosotros o nos vamos por caminos equivocados.

¡Feliz Navidad!

Que el Señor nazca en ti... y en mí...

* * *

  1. ¿De qué maneras está Dios presente en tu vida?
  2. ¿Sabes distinguir lo que tienes que adorar de lo que tienes que entender en tu vida de fe?
  3. ¿Qué papel juega la razón y los sentimientos en tu fe? ¿Quién puede más?
  4. ¿Cómo puedes lograr un equilibrio racional y espiritual en los temas de la fe? ¿Qué tendrías que poner y quitar en tu interior?
  5. ¿Por qué sabes que tu vida realmente está siguiendo a Cristo?

©2004 Mario Santana Bueno.

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