Buzón Católico
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La homilía del domingo:
Fiesta de la Sagrada Familia: Jesús, María y José. — Ciclo A

26 de diciembre de 2004. Mt 2,13-15. 19-23: "Coge al niño y a su madre y huye a Egipto."

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¡Feliz Navidad!

Este año la Navidad y la fiesta de la Sagrada Familia están tan cercanas que apenas les ha dado tiempo de que nazca el niño para salir huyendo. Sí hermanos y hermanas, desde bien temprano la persecución estuvo presente en la vida de Jesús.

Me alegra esta fiesta porque creo profundamente en el valor de la familia. No les voy a soltar ninguna explicación sociológica sobre la importancia de la misma. Ni tan siquiera les voy a ensalzar su grandeza. Sólo decirles que tener una familia es sentirse parte de este mundo pero también del otro. Los lazos de amor que tenemos con los que vivimos se vuelven tan fuertes que ni la muerte los puede romper.

Vivir en familia es ser capaz desde el comienzo de la vida de descubrir que a mi lado hay otros que me quieren, me enseñan, me animan, me apoyan. Otros que saben mis deficiencias porque me ven todos los días y así y todo me aguantan y sufren y se alegran conmigo.

Recordar la parentela de Jesús es una invitación más que estimulante para ver la familia en su entorno social y en lo profundo de nuestro corazón. ¿Cómo te llevas con tu familia? ¿Qué tienes que agradecerles? ¿Qué tienes que perdonarles? ¿Qué secuelas positivas y negativas han dejado en ti tus familiares más cercanos?

La familia es la primera escuela que tenemos para ejercer de cristianos. Es el parvulario de la vida y de la fe. Hoy es un día para dar gracias a Dios por aquellos, muchas veces ignorados, que un día empezaron a compartir su vida con nuestra vida. Nunca terminaré de darle gracias a Dios por mis padres y hermanos. Sé que ellos hicieron lo que sabían y pudieron. También tuvieron sus desaciertos y sus fracasos. Pero tengo que reconocer que me parezco a ellos no sólo en el color de mis ojos, de mi pelo o de mi piel. Los nuestros son nuestros primeros amores en el inmenso océano de amores que nos ofrecerá la vida. Nuestros padres son tan importantes para nosotros porque son los primeros seres humanos que nos amaban antes de que naciéramos. Nuestra familia esperaban nuestro nacimiento con alegría y esperanza. Nosotros (al menos yo) no siempre he sabido devolver tanto amor que me dieron...

En este contexto del amor hogareño huye María, José y el Niño nada más y nada menos que a Egipto. En aquella época Egipto era un país idólatra, tirano y enemigo de Israel, pero allí se pueden refugiar por un tiempo para salvar al que nos salva.

No sé si se han fijado que hoy nosotros tenemos muchos "egiptos" a los que huir y donde escondernos. Son esas estaciones de la vida (algunas de ellas con cruz) que una y otra vez nos alejan del camino del Señor. Huimos a los egiptos interiores porque pensamos que la vida diaria no nos ofrece seguridades para sobrevivir. Los egiptos de hoy se llaman de mil maneras; ya saben ustedes que el cielo sólo es uno (estar en Cristo) pero los infiernos son millares. Cada persona tiene sus propios infiernos (lo que está lejos y aleja de Dios). El recorrido de nuestra vida pasa una y otra vez por ir desde el Señor a nuestros egiptos que encontramos como aparente refugio del que tenemos que regresar. ¿Cuáles son tus egiptos de hoy? ¿Por qué acudes a ellos? ¿Es que acaso no sientes la vida que el Señor te transmite?

En Egipto vivió la Sagrada Familia pero siempre de manera temporal. Había que darle tiempo a que llegase el momento. El que se ha encontrado con Cristo siempre volverá de los egiptos interiores al lado del Señor.

Desde la cuna a la tumba la vida de Jesús siempre estará llena de dudas por parte de las personas: Si es el Hijo de Dios... ¿Cómo nació entre peligros?

¿Por qué tuvo que huir desde el primer momento?

Si es Hijo de Dios... ¿Cómo no bajó de la cruz utilizando todo el poder que Dios le había dado...?

Ser creyente es ir siendo una persona de respuestas con respecto a Jesús y saber confrontarnos con ellas. Mala situación tiene quien se dice cristiano y no es capaz de poner las dudas en su sitio y el amor a Dios y a los demás, de una manera muy especial a los más pobres y necesitados, en el centro de su vida.

La Sagrada Familia se refugió en Egipto cumpliendo los mandatos de Dios. Muchas personas, en cambio, se esconden en los egiptos interiores para desobedecer al creador y no encontrarse cara a cara con Él. ¿Seremos tú y yo uno de ellos...?

Hoy que estamos comentando la historia de una familia que fue dócil en cada uno de sus miembros a la voluntad del Padre, podemos preguntarnos por la calidad de nuestra vida de familia y por la calidad de nuestra vida cristiana.

También hemos hablado de la huida y el buscar refugio en otros país; una realidad bien cercana en nuestros países donde millones de personas llaman a nuestras puertas en forma de emigrantes, o de buscadores, o de vuelta de cualquiera de los egiptos en los que equivocadamente se refugiaron. En este día de la Familia podemos cuestionarnos si nosotros somos capaces de ayudar a crear esa otra familia, que no se establece por la carne y por la sangre sino por el amor a Cristo en los demás.

Ahora me doy cuenta por qué llamo a los demás "hermanos y hermanas..."

* * *

  1. Eres cristianos para los demás... ¿Lo eres con tu familia?
  2. ¿Qué papel ha jugado tu familia en tu vida de fe? Luces y sombras.
  3. ¿Cómo ser hoy una familia normal desde el punto de vista cristiano? ¿Cómo acercar más tu familia a Cristo?
  4. ¿Cómo puedes potenciar, qué debes de hacer para sentirte familia de los demás en especial de los más débiles y necesitados?
  5. ¿Qué actitudes te piden hoy tu familia, tu parroquia, tu comunidad...? ¿Qué te piden? ¿Consigues hacer lo que te solicitan?

©2004 Mario Santana Bueno.

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