Buzón Católico
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La homilía del domingo:
Fiesta del Bautismo del Señor — Ciclo A

9 de enero de 2005. Mt 3,13-17: "Apenas se bautizó Jesús, salió del agua y vio que el Espíritu de Dios bajaba sobre Él."

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La Iglesia nos propone después de recordar el nacimiento de Jesús y la importancia de su familia, el bautismo de Jesús. Es como si intentáramos seguir el argumento vital de cualquier familia cristiana de nuestro tiempo. Pero en este texto del bautismo del Señor hay diferencias con respecto al nuestro.

- A nosotros nos "llevan" a bautizar. Jesús va por sí mismo a recibir su propio bautismo.

Claro que somos cristianos una vez bautizados. Nuestros padres y padrinos cumplen el deber de enseñarnos el camino para ir por nosotros mismos hasta el Señor. Pero no seamos ingenuos. Muchas veces el bautismo se convierte en un mero trámite social, llevados por la superstición más que por la fe. Algunos bautizan para que el niño no reciba ningún mal...

El bautismo es ese maravilloso acto de amor de un Dios que nos ama. No me bautizo para no recibir mal. Me bautizo para recibir todo el amor de Dios que está a disposición de quienes son capaces de aceptarlo en su vida.

Los cristianos tenemos que insistir más en el amor que Dios nos tiene que en el amor que yo le tengo a Dios. El Señor me ama mucho más allá de mis limitadas formas de amarle. Me ama tanto que deseo estar siempre con Él.

- Jesús se humilla ante Juan humillado. La humildad no es en muchas ocasiones una de las cualidades más presentes en los creyentes.

La humildad no son gestos ni posturas, formas o acciones. La humildad es reconocerse en verdad ante Dios. Yo sé que no soy Dios. Sé que tengo limitaciones y aciertos. Tengo gracias que Dios me ha dado para ponerlas al servicio de los demás. La gran lección que Dios nos deja es la entrega del amor en la humildad.

- En el bautismo de Jesús vemos por primera vez en el Nuevo Testamento la manifestación de la Santísima Trinidad.

Muchas veces me da la impresión que hay cristianos que repiten sistemáticamente lo que les han dicho que tienen que creer: cree en Dios, cree en la Santísima Trinidad, cree en el Espíritu Santo, cree en Jesús... Sin embargo, nunca han experimentado vivencialmente la presencia de estos misterios en sus vidas. ¿Quién puede sentir la hondura de Dios que es Padre , Hijo y Espíritu Santo y quedarse igual en su vida...?

Los retos para la evangelización son muchos. Acercar a los demás a Cristo sólo lo puede hacer quien está cerca de Cristo. Es inútil tener muchos seglares "comprometidos" si no son testigos del amor que Dios nos tiene. La cosa no está en bautizar solamente para añadir uno más a la lista de los cristianos. El tema está en que los caminos que ofrece la Iglesia sean los que de verdad conducen al encuentro con el Señor.

Es bueno recordar hoy nuestra propia historia de fe. Remóntate al comienzo. Recuerda lo que te comentaron tus padres sobre tu bautismo. Mira las fotos y el video de la celebración. Eras pequeño, el agua te hizo llorar (es curioso como para muchas personas el primer encuentro que tienen con el templo cristiano les provoque llanto... será el frío del agua...).

Mira después tu proceso en al infancia. Recuerda tus inicios y tus primeras oraciones. Recuerda aquellos modelos cristianos que aparecieron en tu vida.

Experimenta aquellos profundos momentos de paz interior que sentía tu alma adolescente. Siente como tu fe fue aclimatándose a tus años y hoy está o presente y viva o escondida en los entresijos de la vida.

Y ahora que has tomado el pulso de tu fe puedes preguntarte qué ha aportado el bautismo en tu vida. ¿Realmente fue un encuentro o una invitación a encontrarte con el Señor?

El único título que tengo enmarcado en mi casa es mi partida de bautismo. No hay título ni dignidad mayor que ser y sentirse hijo de Dios.

Recibir el bautismo es la invitación a tener a Dios siempre presente en nuestra vida. No se refiere a que en determinados momentos esté el Señor presente. La invitación sacramental del bautismo es a descubrir y caminar siempre con el Señor en los senderos de la vida.

Muchas personas se acercaron por los caminos a Jesús. Después de obtener lo que necesitaban se apartaron y siguieron en lo suyo. Cosa parecida sucede hoy con las personas que se acercan a la Iglesia a pedir un sacramento sin mayores responsabilidades. La vida cristiana es otra cosa. Ser cristiano es hacer el camino de nuestra vida con Jesús. Él es el Camino.

Si te sienta mal el que hayan personas alejadas que se acercan a pedir el bautismo para sus hijos, piensa en cómo Jesús acogía a las personas en los caminos por los que transitó. ¿Tienes tú las mismas actitudes que el Señor para con los alejados?

Mira que tú eres un creyente y un bautizado. ¿Quién te ha nombrado juez y verdugo de nadie?

No estoy haciendo una defensa de la insinceridad o de la relajación en el seguimiento de Cristo. Lo que intento es transmitirte la radicalidad de Dios: ser radicales en el amor... En Dios sólo es radical el que ama de verdad.

* * *

  1. ¿Eres consciente de lo que se significa estar bautizado? ¿Cómo lo vives?
  2. ¿Qué aspectos positivos y negativos encuentras en tu proceso de fe? ¿Qué sobra? ¿Qué falta?
  3. ¿Cuál crees que es la relación entre madurez personal-bautismo-seguimiento real de Cristo?
  4. ¿Qué entiendes y cómo vives la radicalidad cristiana?
  5. ¿Cómo está presente la Trinidad en tu vida? ¿Qué aporta?

©2005 Mario Santana Bueno

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