Buzón Católico
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La homilía del domingo:
Segundo Domingo del Tiempo Ordinario — Ciclo A

16 de enero de 2005. Jn 1,29-34: "Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo."

 « Fiesta del Bautismo del SeñorTercer domingo del Tiempo Ordinario »

La frase del Evangelio de hoy es una de las que más repetimos en la Eucaristía justo antes de recibir la Comunión. La entrega de Jesús por todos los seres humanos se culmina en cada Misa donde se da como alimento para los que creemos en Él.

Juan da testimonio de quién es Jesús: dice que es el Cordero de Dios.

El Bautista recuerda a los corderos que se ofrecían diariamente por la mañana y por la tarde en el templo de Jerusalén. Hace también alusión al cordero pascual cuya sangre libró a los israelitas de la muerte de los primogénitos llevada a cabo por el ángel exterminador.

Tengo la impresión que muchos cristianos no han captado la hondura del sacrificio de Jesús. Me gustaría que cada persona pudiese sentir lo que significa que alguien dé su vida por ti.

España es el primer país del mundo en donaciones de órganos para transplantes. La verdad es que en mi país la mayoría de los transplantes ya no son noticia. Se hacen con tanta naturalidad como cualquier otra intervención quirúrgica. ¡Cuánta alegría y agradecimiento al donante y a la familia que pudo realizar el milagro de la donación para salvar otras vidas! Jesús nos donó su vida para la salvación de todos los seres humanos. ¡Cuán agradecidos podemos estar a su entrega y sacrificio!

¿Qué hizo Jesús por nosotros?

Los cristianos tenemos claro quién es el Señor. Sabemos de su entrega y capacidad de redimir a quien estaba caído. Hemos experimentado su muerte y resurrección. Pero ¿Cómo entiende la persona de Jesús quien nunca lo ha experimentado?

Puede que la terminología usada por Juan Bautista no sea muy comprensible para el alejado de hoy. Decir que Cristo es nuestra Pascua teniendo en cuenta el cordero pascual (Ex 12,1-13), que iba a ser el sustituto por nuestros pecados (Is 53,7), puede que no diga mucho a las personas que se inician en la fe. Quienes comienzan tienen que empezar a experimentar todo el proceso de la Historia de la Salvación. Tiene que ir desde el inicio del mundo, desde el Génesis, hasta la resurrección, pasando por el paraíso terrenal y el desierto, y todo ello acompañado por otras personas que ya han realizado ese recorrido (la Iglesia).

El cordero es el símbolo del ser inocente, que no puede hacer mal a nadie sino sólo recibirlo. Nuestro mundo de hoy tan cargado de dolor inocente tendría que servirnos para descubrir la multitud de personas que sufren y mueren a manos de los malvados.

Tanto dolor abruma a muchas personas. Depresiones, enfermedades mentales de todo tipo, hacen estragos en las sociedades contemporáneas. Vista la situación alguno se preguntará si valió la pena la muerte de Jesús.

Los cristianos proclamamos que sí. Su muerte nos ha redimido. Su muerte nos ha salvado. ¿Salvado de qué...? En primer lugar de nosotros mismos, de nuestras limitaciones y pecados. Si las limitaciones espirituales y morales vienen con nosotros, el pecado es la libre aceptación de las mismas.

Cristo borró con su sangre mis pecados personales pero también los de toda la humanidad, de ahí que la mirada del cristiano al mundo parte siempre de la misericordia y la esperanza. El cristiano no se hunde fácilmente porque sabe que el ser humano ha sido comprado a un alto precio. En el fondo de la entrega de Jesús está el inmenso amor con el que Dios nos ama.

Un cristiano puede ser un bandido, un golfo, un ladrón o un mentiroso... y luchará por superarlo con la ayuda de Dios; pero lo que nunca podrá hacer un cristiano es sentirse orgulloso de su mediocridad y de sus pecados. La muerte de Jesús nos recuerda que nuestra vida está llamada a cambiar constantemente para ponerla en el camino de Dios.

Jesús se entregó por ti y por mí. Estar con Él es descubrir lo más profundo del amor de Dios para todos los seres humanos, en especial a los más pobres y necesitados, y la promesa de la futura vida eterna.

* * *

  1. ¿Sientes que Cristo dio su vida por ti? ¿Cómo vives esta realidad?
  2. ¿Te sientes salvado? ¿De qué?
  3. ¿Cómo explicarías a una persona alejada lo que Cristo ha hecho en tu vida?
  4. ¿Intentas superarte en la vida? ¿Cómo?
  5. ¿Qué tienes que hacer para ser un verdadero testigo de Cristo en el ambiente donde vives? ¿Por qué no lo haces?

©2005 Mario Santana Bueno

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