Buzón Católico
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La homilia del domingo:
Primer Domingo de Cuaresma — ciclo A

13 de febrero de 2005. Mt 4, 1-11: "Jesús ayuna durante cuarenta días y es tentado."

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Empezamos la cuaresma y recordamos nuestra débil realidad humana. Intentamos estar cerca de Dios pero vivimos una fe llena de tentaciones. Queremos seguir las huellas de Jesús pero caemos con una cierta facilidad en nuestros propios errores. ¿Qué hacer? ¿Tiene solución nuestro peregrinar mundano hacia Dios?

El Evangelio de hoy nos narra la solución que Jesús da a las tentaciones que aparecieron en su vida. No hay que confundir el pecado con la tentación. Son dos cosas distintas. Jesús no tuvo pecados pero sí tentaciones. Tuvo, como cualquier otro ser humano, esa invitación al mal, a alejarse de Dios.

Al Señor se le promete en sus tentaciones ambiciones humanas. La persona que espiritualmente es rica puede caer en las tentaciones que nos ofrece la miseria de nuestro yo. No es que nos despreciemos humanamente y no nos valoremos. Tenemos que valorar nuestros progresos y el amor que Dios nos tiene, desde ahí es donde podemos hacer una fuerte defensa ante las tentaciones que la vida nos pueda ofrecer.

Las tentaciones de Jesús son las mismas tentaciones a las que había sucumbido el pueblo de Israel en el desierto. Jesús no se deja engañar y no cae en lo que había caído el pueblo elegido. Su actitud es segura y vigilante , es rápido en la respuesta, sabe lo que quiere.

¿Cuáles son algunas de las tentaciones para los cristianos de hoy?

- El eclipse de Dios:

Tenemos que estar vigilantes en este mundo donde la técnica y la ciencia van al origen de la creación. La obra de Dios es buena, los intentos del ser humano para crear no sabemos hasta dónde nos puede llevar. No es que los católicos estemos contra la ciencia o el progreso. Lo que sí tenemos claro es que todo ello tiene que estar al servicio del ser humano y no contra él. La tentación es que podemos creer que Dios ha perdido presencia en nuestro mundo, que se ha desentendido de él.

- Una espiritualidad sin Dios:

Hoy se habla mucho de espiritualidad pero de manera desencarnada. Es una espiritualidad abstracta, polimorfa, a la medida que queramos ... La gente no quiere ni oír hablar de las exigencias de Dios en nuestra vida; prefieren la espiritualidad anónima que pronunciar el nombre de Jesús como su salvador.

- La ausencia del prójimo:

Vivimos rodeados de personas pero no las identificamos como tales. Muchas veces vamos a nuestros asuntos sin percibir la presencia del otro, en especial de los más débiles y necesitados de nuestra sociedad. Cuando Dios se oculta en la existencia del ser humano los otros se convierten simplemente en sombras que rozan nuestra vida. La gente termina hartándose de los demás y van desde el odio hasta el indiferentismo absoluto. Esta tentación nos lleva a olvidar el latido del corazón del otro, nos lleva a descuidar la misericordia.

- Un mundo provisional:

La provisionalidad es una de las características de nuestro tiempo. Provisionalidad que se contrapone a la eternidad que Dios nos ofrece. Antes, hace años, la gente estaba más preocupado de lo eterno que lo pasajero. Hoy las cosas son justo al revés: lo provisional, lo efímero, lo inmediato es lo que prevalece; de esta manera el paso de la eternidad de Dios es simplemente ignorado.

- La contaminación de los ídolos:

La adoración que muchas personas profesan no está destinada en este tiempo a Dios y su presencia en nuestra realidad concreta. Muchas personas han sucumbido a la tentación de los ídolos. Palabras tales como suerte, destino, predestinación, ocupan más espacio que gracia, amor, Dios.

- El desánimo como espacio vital:

Vemos a muchas personas sumidas en terribles depresiones e impresiones. La cultura de la depresión va emergiendo con fuerza en nuestras sociedades. El abatimiento general, la falta de lucha y de compromiso por altos ideales se han trocado ahora en un mínimo nivel de exigencia personal. Muchos tienen la impresión que nada tiene sentido, que por mucho que se haga las cosas nunca van a cambiar...

Los cristianos tenemos que estar atentos para no caer en estas y otras muchas tentaciones que aparecen una y otra vez en nuestras vidas. La respuesta de Jesús ante estas propuestas fue tajante:

Ante nuestras tentaciones ¿Seremos capaces de actuar con la misma firmeza?

* * *

  1. ¿Cuáles son las tentaciones más peligrosas en tu vida? ¿Por qué?
  2. ¿Qué situaciones son las que te pueden apartar de Dios?
  3. ¿Cómo combates habitualmente las tentaciones?
  4. ¿Qué papel juegan los sacramentos en el combate de las tentaciones?
  5. ¿Cuál es tu postura ante las tentaciones que te ofrecen los demás?

©2005 Mario Santana Bueno

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