Buzón Católico
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La homilía del domingo:
Segundo domingo de cuaresma — Ciclo A

20 de febrero de 2005. Mt 17, 1-9: "Su rostro resplandecerá como el sol."

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La transfiguración es una página hermosa en la vida de aquellos apóstoles que percibieron en la hondura de su origen la presencia de Dios. Vieron la gloria de Dios pero el gran descubrimiento es que esa gloria estaba a su lado, entre ellos, caminando por los mismos polvorientos caminos de la vida.

Todos los cristianos hemos tenido alguna vez esa experiencia profunda de la cercanía de Dios.

Recuerdo cuando era pequeño y nos llevaban a los niños a los Ejercicios Espirituales del colegio. Salíamos de aquellas jornadas llenos del amor a Dios y del amor que Dios nos tiene. Eran momentos de transfiguración. Veíamos la cercanía de Dios en nuestra vida y nosotros iniciábamos con alegría el sendero que conduce hacia el Padre. Bien es verdad que aquella experiencia transfigurante y transfiguradora a los pocos días se desvanecía por los problemas y dificultades del día a día. La transfiguración es siempre una experiencia frágil que las circunstancias de la vida pueden eclipsar.

¿Cuáles son las experiencias transfiguradoras de Dios en nuestro momento histórico?

Pueden ser muchas y variadas. Vemos la transfiguración cuando somos capaces de acercarnos tanto a Jesús y de retirarnos con Él en la hondura espiritual. Contemplar la gloria de Dios no es ni más ni menos que disfrutar de nuestro encuentro con Jesús en plenitud. Sentir a Jesús cercano, amigable, queriéndonos. De esta primera forma se trasluce el amor que Dios nos tiene.

Mirar en el más pobre y desvalido a los privilegiados de Dios es también otra experiencia de la transfiguración. Los discípulos se sintieron ante aquel gran acontecimiento indigentes de salvación, por ello quisieron quedarse y hacer tres chozas para seguir disfrutando.

Ver mi vida tal como Dios me ve es otra de las experiencias transfiguradoras ya que Dios se hace presente en mi vida real, tal cual soy. En muchas ocasiones los cristianos pretendemos que el Señor esté en mi vida, pero no en mi vida real, sino en la vida perfecta a la que soy llamado. Luchamos porque no somos como nos gustaría ser y nos desalentamos porque no logramos que Dios esté en nuestro ideal de vida. Y esto es verdad: Dios nunca está en lo que nos gustaría ser o en el cómo nos gustaría ser... Padre Dios sólo está en lo que somos hoy, con nuestras realidades y miserias, con nuestras debilidades y errores. Si muchos hermanos y hermanas en la fe tuviesen en cuenta este punto sufrirían menos y serían más plenamente cristianos: Dios no está en el ideal al que estoy llamado. Dios está hoy, en este momento, a mi lado, acompañando mi fragilidad, animándome, alentándome, dándome vida.

La vida cristiana está llena de conatos de transfiguración, pero son esos momentos los que nos marcan el camino que tenemos que seguir. Podemos saborear la grandeza de Dios cuando no nos desesperamos, cuando somos capaces de latir con Dios, de ahí que la experiencia de Cristo vivo pase desapercibida para tantos. No son capaces de captar la transfiguración porque no tienen tiempo para Dios.

Necesitamos experiencias profundas de transfiguración. Si muchas personas dudan de Dios porque no le ven, nosotros podemos percibir al Señor en su grandeza, en su infinito amor, en su gloria. La vida cristiana es vivir y contar a los demás esta experiencia del encuentro con el Señor.

Es curioso ver como en el camino hacia la cruz se entrecruzan la gloria y el sufrimiento, la debilidad humana y la grandeza de Dios. Es una mezcla exacta de lo que es el acontecer humano. Es un aviso constante a nuestra débil humanidad. No hay gloria sin cruz, no hay cruz redimida sin Cristo.

* * *

  1. ¿Hay en tu vida alguna experiencia de la transfiguración de Dios? ¿Cuál?
  2. ¿Cómo podemos ser buenos receptores de la transfiguración?
  3. ¿Qué ambientes o circunstancias son necesarias para que se dé una experiencia de Dios?
  4. ¿Cómo explicarías el significado de la transfiguración a los demás?
  5. ¿Qué lugar ocupa la oración, la Palabra de Dios, los más débiles y marginados en la escena de la transfiguración?

2005 Mario Santana Bueno

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