Buzón Católico
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La homilía del domingo:
Cuarto domingo de cuaresma — Ciclo  A

6 de marzo de 2005. Jn 9, 1-41: "Fue, se lavó y volvió con vista."

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Mi amigo Juan es ciego. Nunca ha visto la luz ni los colores ni el suave baile de las olas en la orilla del mar y sin embargo tiene una fe más que profunda en el Señor. Creer en el Señor no necesita de sentidos humanos de manera exclusiva. Un ciego, un sordo o un mudo pude creer y seguir profundamente a Jesús porque lo que se necesita para captarle y aceptarle es "corazón".

El materialismo ha cambiado la percepción del mundo y de la vida en muchas personas. Dicen los materialistas que sólo existe lo que se ve, lo que se puede contar, pesar y medir... Nosotros sabemos bien que esto no es así.

La mayoría de las cosas de la vida existen y no las vemos. Ejemplo de ello pueden ser los pensamientos, las ideas, las sensaciones, el aire, las células... y así podríamos hacer una lista interminable. Incluso ateos convencidos que ridiculizan nuestra creencia en Dios no se dan cuenta que ellos mismos también creen en lo que no ven. Cuando hablan de democracia, de justicia, de solidaridad, de igualdad... son conceptos tan invisibles como el mismo Dios. Aunque yo nunca haya visto la democracia, ni la justicia, ni la solidaridad, ni la igualdad creo profundamente en ellas, al igual que creo en Dios su hacedor.

Jesús ayuda a recobrar la vista a un ciego. En el texto bíblico de hoy el "ver" es símbolo de la fe. "Ver" es tener fe. Recobrar la vista es entrar en el mundo de la fe y para entrar en este mundo es necesario estar cerca de Jesús.

El problema de la pastoral no es solamente el de transmitir unos conceptos o unas doctrinas. Siempre me ha hecho gracia cuando me llega una madre y me dice que su hijo está preparado para la primera comunión porque sabe rezar, sabe los mandamientos y los sacramentos... La buena señora no se da cuenta que el tema no es saber mucho sino vivir mucho en Cristo. Seguro que si le pregunto el niño me contestará con precisión matemática. En cambio, si le cuestiono sobre quién es Jesús, muy probablemente será para él un desconocido.

"Ver" es mirar el mundo con los ojos de Jesús, percibir la vida tal y como Dios la quiere y no como los seres humanos la hemos ido desmontando.

Hace unos meses pregunté a un grupo de niños de mi parroquia sobre algunas cosas. Les pregunté sobre si sabían lo que era el odio, la envida, el egoísmo, la violencia... y todos conocían a la perfección, incluso con algún que otro ejemplo, qué contenían tales conceptos. Cuando les pregunté sobre quién era Dios, el Espíritu Santo, Cristo, el desconocimiento fue más que evidente. Resulta que las personas cuando nacemos ya venimos marcadas por el sello del pecado original y por ello el mal que puede existir en nuestro corazón ya viene grabado en nuestra mente. Resulta que el mal a las personas no nos lo tienen que enseñar porque ya lo traemos aprendido desde que nacemos. El bien, en cambio, siempre nos lo tienen que enseñar.

El bien pasa por dominar nuestros instintos y pasiones, nuestros traumas y trabes de toda la vida. La vida cristiana es un camino de salvación y de madurez, es curación y proyecto de vida.

En el Evangelio de hoy Jesús es capaz de transformar una carencia en un valor nuevo. Quien no percibía la fe ahora le capta como el Mesías y ahora puede "ver" el mundo y así mismo con una mirada bien distinta.

Tenemos necesidad de que Jesús nos cure nuestras cegueras que son más de una. Puede ser que la mirada sobre los demás esté en serias vías de conversión. Es probable que tu sincero deseo de seguir a Cristo produzca magníficas posibilidades de milagros para los que te rodean. Pero la ceguera que más te debe de preocupar es la propia, la que no te deja ver cómo eres para Dios, para ti mismo y para los demás.

Hay cristianos que son capaces de percibir la ceguera en las otras personas pero son incapaces de ver su propia oscuridad. Estar ciegos por dentro es no encontrar caminos de esperanza, es ser un ignorante de Dios y de sí mismo.

Jesús no actúa en esa vida porque la mente de la persona está muy lejos de su mensaje. "Ver" significa amar. Quien no ama permanece en la más absoluta de las oscuridades, en la más rotunda fe muerta.

La cosa no está en preguntarnos si sé mucho o poco sobre los textos bíblicos, ni tan siquiera si tengo profundos conocimientos teológicos. La pregunta es si todo lo que sé me acerca amorosamente más a Dios y a los demás. Si veo que crezco en el amor voy por el buen camino. Si percibo que cada vez quiero menos a Dios y a los demás, entonces es que mi ceguera se agranda.

Somos cristianos no porque seguimos sólo lo que Jesús dijo. Somos cristianos porque le seguimos a Él en persona. No seguimos ideas, seguimos al Jesús sanador y salvador. Esto me da la impresión que no lo tienen claro muchos hermanos y hermanas en la fe. Ellos, como yo, necesitan cada día ser sanados de sus cegueras.

* * *

  1. ¿Cuáles son las cegueras que existen en tu vida?
  2. ¿Qué hacer para sanar esas oscuridades interiores?
  3. ¿Por qué sabes que sigues a Jesús y no estás siguiendo a una ideología? ¿Cuál es la diferencia?
  4. ¿Cómo podemos ayudar a sanar las cegueras de los otros? ¿Qué podemos hacer?
  5. ¿Sabes equilibrar la luz y la oscuridad que existen en tu vida? ¿Cómo?
  6. ¿Qué elementos son necesarios para lograr equilibrar nuestras contradicciones internas? ¿Qué nos aporta Jesús para lograrlo?

©2005 Mario Santana Bueno.

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