Buzón Católico
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la homilía del domingo:
Quinto domingo de cuaresma — ciclo A

13 de marzo de 2005. Jn 11, 1-45: "Yo soy la resurrección y la vida."

 « Cuarto domingo de cuaresmaDomingo de Ramos en la Pasión del Señor »

Hoy la Palabra nos lleva a ver un Jesús humano y divino a la vez. Sus lágrimas y su cercanía a la familia en la muerte de un amigo ya nos dice la categoría humana del Señor. Sus Palabras se vuelven presencia de Dios entre nosotros.

Hay personas que cuando se acercan al tema de la muerte lo hacen para desesperanzarse, para destrozarse o para sumergirse en una fuerte depresión. Jesús se acerca para darnos la respuesta sobre cómo debemos de situarnos ante la separación física definitiva.

Jesús manda a sus apóstoles a que "resuciten muertos". Cada cristiano es en Jesús un resucitador de otras personas abatidas por la muerte. Bien fácil es comprender que Jesús se está refiriendo no sólo a la muerte física. Se refiere a esas muertes presentes en la fragilidad humana y que lleva a las personas a perder cualquier ilusión por seguir adelante.

¿Quiénes están muertos?

Los muertos son aquellas personas que han dejado de crecer y de tener esperanza. Los que viven llenos de temores cuando una y otra vez el Evangelio nos dice: "¡No tengan miedo!" Las personas que han tirado la toalla con suma facilidad cuando Dios nos invita a la lucha. Estar muertos es no ser feliz, es dejar que el amor muera y que gane la batalla la soledad, la cobardía, la indiferencia...

Son muchas las razones que hacen que una persona pierda las ganas de vivir. Hay gente que ante los graves problemas que viven lo que quieren es morirse. Siempre me he dicho ante las dificultades que lo que tengo que hacer es luchar para superarlas.

Me llama mucho la atención el ver personas presas de la soledad, del desánimo y del desaliento, el ver cómo sufren día tras días. Se estancan, no se mueven ni exterior ni interiormente, y se quejan porque no son felices...

Tenemos que leer este Evangelio recordando la parábola del hijo pródigo (Lucas 11) ya que el hijo menor "estaba muerto y ha vuelto a la vida..." Volvió a la vida porque fue capaz de animarse, de volver sobre sus pasos, de moverse. De nada sirve (es anticristiano) el quedarse estancado sin hacer nada sino estar todo el día lamentándose. Hay que luchar por lo que se quiere, hay que sacrificarse por lo que uno desea.

El sufrimiento de muchas personas se podría evitar o aminorar si tuviesen la capacidad de cambiar, de levantarse y volver de nuevo a la casa del Padre. Pero no, están lamentándose constantemente de su pasado, presente y futuro... Morir es dejar que las distintas formas de muerte (pecados) presentes en el mundo nos ganen terreno interior. Resucitar es "levantarse" y volver a la casa del Padre.

Para estar con Dios no es necesario la muerte física. En el camino físico de la vida Dios está con nosotros. Jesús se hizo uno de los nuestros para demostrarnos que en la vida podemos realizar el magnífico proyecto que Dios trazó desde el paraíso terrenal para el ser humano. Morir es caer en la tentación.

Entre Dios y las personas se establece una muy honda complicidad amistosa que sólo rompe el pecado. Seguir a Cristo es ser amigo de Dios. La amistad con Dios ni siquiera la muerte física la rompe ya que el amor es más fuerte que la muerte. Resucitar es establecer en esta y en la otra vida esa intimidad con Dios que nace de un corazón bueno.

La resurrección comienza ya aquí en esta tierra en las personas que son valientes, en los que son capaces de ver sus errores y miserias, en los que saben que el amor tiene el poder inmenso de cicatrizar el pasado y restaurar las limitaciones del presente.

Tengo un conocido que me dice que no me fío de él; y en parte es verdad.  Le digo que cómo me voy a fiar de una persona que es partidario de que una madre pueda abortar (matar) al hijo que lleva en sus entrañas. Cómo voy a confiar en una persona que es capaz de aconsejar el divorcio más que la lucha y el esfuerzo para superar los problemas matrimoniales... Cómo voy a confiar en una persona que es partidaria de que los enfermos más graves y los viejos sean exterminados... Cómo me voy a fiar de una persona que dentro de sus planes entra incluso la autoeliminación suicida como expresión de su libertad... No, no me fío de los que hacen de la muerte, la ruptura y la división la solución de sus problemas. Ahora está de moda la denominada "cultura de la muerte". La cultura que nos trae Jesús es la cultura de la vida; de la física y de la eterna.

La resurrección que nos propone Jesús es la de los corazones. La persona que está unida a Cristo colaborará con Él para que el interior de muchos seres humanos sean transformados y sean, a su vez, capaces de transformar.

¿Por qué hay tantas personas que no descubren a Jesús en sus vidas?

Porque la fe es una gracia que Dios da, pero también porque hay un buen número de seres humanas que viven más cerca de las muertes cotidianas que las vidas y la vida que nos ofrece Jesús. ¿Cómo puede dar vida a otros una persona que está muerta por dentro...?

La cruz y la resurrección de Jesús fue la respuesta de Dios en su amor a las personas. Con la resurrección del Señor ya no había que esperar la resurrección en la otra vida. Ya, aquí y ahora, en las esquinas del mundo, ha comenzado la resurrección. Ya todos los corazones pueden mirar el mañana sin temor porque en ese futuro es Dios quien está. Cuando llegue la hora de nuestra muerte física, la única diferencia es que se abrirá la puerta de la eternidad para la vida que en la temporalidad de la carne hemos entregado a Cristo.

Tengo más motivos para resucitar que para estar en la muerte, ¿Y tú...?

* * *

  1. ¿Qué es para ti "estar muerto por dentro"?
  2. ¿Cómo vives la resurrección que Jesús nos trae?
  3. ¿Cómo podemos transmitir la resurrección a otros?
  4. ¿Qué elementos de vida y de muerte están presentes en tu ambiente diario?
  5. ¿Qué hacer para entender y vivir la resurrección de Jesús?

©2005 Mario Santana Bueno.

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