Buzón Católico
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la homilía del domingo :
Domingo de Ramos en la Pasión del Señor — Ciclo A

20 de marzo de 2005. Mt 26,14-27,66: "¿Dónde quieres que te preparemos la Pascua? / Crucificaron con él a dos bandidos."

 « Quinto domingo de CuaresmaDomingo de Pascua de la Resurrección del Señor en el Día Santo »

Las últimas horas de Jesús fueron de gran intensidad. Todo se precipitó en pocas horas. La pedagogía de la fe nos ha enseñado que para llegar a la Pascua hay que pasar primero por la Pasión. Ese fue el orden cronológico y espiritual. Cada uno de los acontecimientos que vivimos en estos días tiene que producir en nosotros ecos espirituales de Dios.

En la Pasión vemos a Jesús aparentemente fracasado. Sabemos que todos los proyectos humanos son caducos. Sólo la fe nos hace una invitación a la eternidad. Ni la muerte puede romper la historia de Dios y el ser humano.

Cuando los cristianos afirmamos con razón que Jesús murió por nosotros para salvarnos, a los oídos de los no creyentes esto suena más que extraño.  Es difícil creer que alguien puede asumir todos los pecados, dolores y sufrimientos de la humanidad y que, además, todo ello sea para dar sentido y salvación al ser humano.

Nuestros amigos no creyentes se preguntarán el cómo de esa salvación, la presencia de la humanidad redimida en este mundo nuestro. ¿Podemos decir que nuestro mundo tan lleno de dolor está salvado? ¿Es posible que entre tantas miserias humanas estamos salvados por Jesús?

La mirada del creyente hacia la Semana Santa es de profunda interiorización del sacrificio de Cristo. No nos quedamos contemplando un acontecimiento histórico de ajusticiamiento de un ser humano. Nuestra mirada encuentra en aquellos días una respuesta a la voluntad de Dios.

Todos los amores humanos son más fuertes que la muerte gracias al sacrificio de Jesús en la cruz. Jesús pasó haciendo el bien como otras muchas personas y culminó su vida en la entrega máxima. La Pasión de Cristo no ha sido un trágico destino, sino un acontecimiento salvífico como nunca había sucedido a los seres humanos. Si en nuestras sociedades civiles honramos con cariño y con respeto a los héroes que en distintas etapas de la vida sacrificaron sus vidas por personas concretas, ¡qué gran agradecimiento debemos tener a quien la dio por todos!

Cristo nos abrió camino, nos enseñó las sendas por las que va a discurrir la historia de la Iglesia y la historia personal de cada uno. Pasión, cruz, resurrección se turnarán una y otra vez en nuestra vida física hasta que lleguemos al reino definitivo que Dios nos tiene preparados.

La Iglesia camina en el sufrimiento reflejado en distintos momentos. La Iglesia siempre está en Pasión, en agradecimiento y en Resurrección.

Cuando las personas temen a la muerte es que no han sido capaces de mirar la cruz de Cristo como una oferta de vida eterna. Las personas de nuestro tiempo ya no están acostumbrada a las grandes palabras ni a las grandes promesas, ni a los evangelios. Hemos entrado en una sociedad donde las palabras son siempre pasajeras, sin raíces. Lo que es nuevo es lo que atrae; por ello la Semana Santa o la vivimos cada año como una realidad nueva o se nos vuelve, aburrida, sin sentido.

Empezar la Semana Santa es hacer provisión de eternidad sin olvidarse de este mundo doliente que está siempre en viernes santo. El equilibrio del cristiano estará siempre así: entre el viernes santo y el Domingo de Pascua.

¿Cómo empezar la Semana Santa?

Dejando el corazón en silencio para que pueda oír y entender el misterio de estos días.

Acudiremos a los oficios y celebraciones no perplejos sino admirados. Agradecidos más que desorientados. Cercanos al misterio más que interrogadores del infinito. Puede ser que tú que lees estas líneas estés atravesando momentos de sufrimiento, sea físico o moral; te invito a que te dejes acompañar por Jesús en su entrada triunfal y no temas cuando llegue la dura asignatura del dolor. La Semana Santa no es otra cosa que la vida humana en breve; un resumen del proyecto que Dios tiene sobre cada uno de nosotros. Por eso no es una semana cualquiera; por eso la tenemos muy en cuenta, porque fue Jesús quien nos mostró el camino y las actitudes que debemos de tener en todos los momentos de nuestra vida.

* * *

  1. ¿Qué representa la Semana Santa en tu vida de fe?
  2. ¿Qué actitudes necesitamos para vivirla en intensidad?
  3. ¿Cómo te planteas el sentido del dolor y el sufrimiento humanos?
  4. ¿Cuáles son los signos de salvación presentes en el mundo?
  5. ¿Qué papel tienen los más pobres y necesitados en la Semana Santa?

©2005 Mario Santana Bueno.

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