Buzón Católico
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la homilia del domingo:
Segundo Domingo de Pascua, de la Divina Misericordia — Ciclo A

3 de abril de 2005. Jn 20, 19-31: A los ocho días, llegó Jesús.

 « Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor en el Día SantoTercer domingo de Pascua »

Jesús ha Resucitado. Esta es la gran verdad de la fe. Cualquier persona que se declare cristiana tendrá en el centro de su corazón y de su vida la experiencia del resucitado. Para los creyentes tener la presencia de la resurrección es algo así como la luz del sol que cada día nos acaricia con sus rayos...

Pero, ¿Qué ocurre con los alejados o con los débiles en la fe? ¿Qué pasa con esas personas que han oído hablar de la resurrección de Jesús, pero nunca la han experimentado? ¿Qué hacer con esos hermanos cuya fe se detuvo sólo en los miedos posteriores de la cruz?

El Evangelio de hoy trae a mi mente una frase que quiere dar sentido a esta experiencia del Resucitado: "sus heridas nos han curado..." Normalmente cuando tenemos heridas los que tenemos que sanar somos nosotros por nuestra parte. En Jesús sus heridas fueron nuestra salud. Los cristianos debemos de meditar esto día y noche. Las heridas que sufrió Jesús me están curando...

Jesús se aparece a los Apóstoles el mismo día de su vuelta a la vida. Las experiencias de la vida por muy fuertes que sean, han de ayudarnos a comprender que el Resucitado está tan cerca de mí que puedo sentirle en el momento preciso de mis sufrimientos. Hay veces que prometemos a los demás que el futuro que Dios nos ofrecerá será mejor y nos olvidamos que el futuro de Dios se llama "hoy" para los que en esta vida intentamos seguirle. ¿Dónde está el Resucitado hoy? En tu vida, en tus dolores, en tus esperanzas. Llegó, resucitó y acudió a los suyos. Una y otra vez llega Jesús a nuestra vida como las olas en la orilla del mar, lo que ocurre es que nuestra mirada muchas veces no está llena de admiración sino de dudas y desconfianzas.

Faltaba un discípulos, Tomás, el que no cree las cosas grandes de Dios con facilidad. Tomás es el mundo de hoy que pide pruebas y certezas. Son tan grandes las pruebas que piden que sólo Dios puede darlas con su resurrección.

Pedimos muchas pruebas a Dios cuando en realidad nosotros mismos somos un misterio para nosotros, e incluso para los demás. Sólo para Dios no somos un misterio. Dios sabe lo que habita en nuestro corazón y sabe dar la respuesta adecuada en el momento adecuado. Dios sabe de nuestras muertes y resurrecciones, de nuestras cobardías, grandezas y miserias. Él sabe del barro del que estamos hechos. Vivir en cristiano es sintonizar nuestra vida con el ritmo de Dios, sólo así la vida nos dará respuestas.

Meter los dedos en las heridas de Jesús es entrar en su interioridad, descubrir sus dolores y su entrega por nosotros. ¿No vivimos muchas veces una fe epidérmica que no nos transforma? Entrar en el interior de Cristo es sentir como Él.

Nuestra vida está llena de pecados y errores que se multiplican en la medida que nos alejamos de Dios. No es extraño por tanto que en este texto de la aparición de Jesús aparezca la referencia al Espíritu Santo y al perdón de los pecados. Aceptar el Espíritu Santo es aceptar la presencia de Dios en mi vida, y cuando una persona está con Dios y en Dios, el pecado tiene muy poco protagonismo en su existencia.

Tomás pedía pruebas vitales. Necesitaba ver, tocar, sentir, palpar la presencia del supuesto resucitado. La evangelización no es otra cosa que ofrecer a los demás esta experiencia sensible de Jesús. Creer es ver, tocar, sentir a Cristo. La crisis del apóstol era de fe más que de razonamientos.

Cuando llevamos un camino en dirección al resucitado las dudas son cada vez menos. Hay personas que sufren interiormente porque sus dudas no le dejan confiar ni en nadie ni en sí mismos. ¿Qué necesita una persona sin fe para sentir la presencia del Resucitado? Me da la impresión que tiene que empezar por el principio; ir una y otra vez de Belén a la Cruz y al Domingo de Resurrección con admiración y respeto. Cuando metamos nuestros dedos en las heridas de Cristo no le produce dolor sino amor, un amor que convierte el corazón de quien se acerca a Él.

* * *

  1. ¿Qué experiencias tienes del resucitado en tu vida diaria?
  2. ¿Cómo podemos transmitir la experiencia del resucitado a los que nos rodean?
  3. ¿Tienes dudas en tu vida de fe? ¿Por qué? ¿Cómo puedes superarlas?
  4. ¿Qué significa vitalmente para ti la frase:"sus heridas nos han curado"?
  5. ¿Qué ha cambiado Jesús resucitado en tu vida?

©2005 Mario Santana Bueno.

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