Buzón Católico
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la homilía del domingo:
Tercer Domingo de Pascua — Ciclo A

10 de abril de 2005. Lc 24,13-35: Lo reconocieron al partir el pan.

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Dos discípulos de Jesús van por el camino. Esta vez el caminar no conduce a la curación o a al encuentro de Jesús. Es un caminar desorientado. Sabían que iban a su lugar de origen pero ya sin esperanzas. Se les había muerto la persona en la que tanto habían creído. Vieron cómo enterraban su cuerpo; vivieron el desánimo de sus compañeros; sintieron el latido del fracaso ante la opción un día tomada. No me extraña que fueran discutiendo por el camino.

Aquellos dos discípulos representan a muchos millones de personas que han tenido un contacto con Jesús, pero no con el Resucitado, sino con el Cristo de los milagros, el del líder, el del entusiasmo del Domingo de Ramos. Pero no aciertan estos amigos a comprender que el Jesús de la cruz, el que recibe las preguntas desafiantes durante el sufrimiento "¿no eres tú Dios? Pues baja de la cruz..." ; el que sangra y padece, sea ese Dios que ellos se imaginan. En esos momentos Jesús se vuelve ante los ojos del mundo su peor pregonero.

El dolor y el sufrimiento son puertos a los que nadie quiere arribar. Los cristianos no somos masoquistas que disfrutamos ante nuestras dolencias. El dolor es malo, pero puede ser motivo de salvación. Aquellos amigos nuestros iban por el camino llenos de dolor sin resurrección.

Dice la Palabra que estaban tristes. Jesús se puso a su lado pero no le reconocían. El dolor por el fracaso les había vendado no sólo los ojos sino también el corazón. Eran ciegos de sí mismos ya que no sabían digerir el fracaso de su maestro. Se sentían rotos por dentro porque todo había quedado en palabras.

Le cuentan a Jesús la versión de lo que había ocurrido, pero lo hacen con desesperanza. Ellos esperaban pero su espera había sido inútil. Ahora vuelven más desilusionados que nunca. Las palabras de Jesús le animaban pero su muerte, el silencio de la palabra del maestro les dejó vacíos.

Jesús comienza a explicarles nuevamente todo lo que de Él se decía en las Escrituras. Escuchan pero ya sin convencimiento. Siguen en el camino.

Llegan al pueblo y Jesús hizo como si fuera a seguir su camino, pero ellos le invitan a quedarse. Se sientan a la mesa y de nuevo Jesús toma el pan y habiendo dado gracias a Dios, lo partió y se lo dio. Dice la Escritura que en ese momento se les abrieron los ojos y reconocieron a Jesús; pero Él desapareció.

El último gesto que tuvo Jesús con sus Apóstoles fue la cena. Ahora, después de su resurrección hace de nuevo el gesto de la fracción del pan, que alimenta, que salva, que abre los ojos al ciego.

La Eucaristía es el lugar del encuentro con Jesús. Él se les muestra entregándose nuevamente, esta vez de una manera incruenta. Parte para ellos y con ellos el pan y bendice a Dios. Y ellos le descubren...

La vida cristiana estará siempre enlazada entre Eucaristía, Cruz y Resurrección. Una y otra vez en la vida del seguidor de Cristo estarán presentes estos tres momentos.

Hay una pregunta que nuestros amigos no creyentes o no muy creyentes nos suelen hacer: Si Jesús resucitó, ¿Dónde está ahora?

Jesús no está en el sepulcro. El sepulcro se quedó vacío. Tampoco la resurrección es un retorno al pasado. El verdadero encuentro con Cristo está hoy en la Palabra, en la Eucaristía y en la profesión de fe.

El Señor está en la vida nueva que ha llegado en la transformación del sufrimiento de este mundo. Encontrarlo es encontrar el camino de la salvación.

Jesús resucitado está en la Eucaristía. La Eucaristía es el lugar preferente de la presencia de Cristo. Participar en la Eucaristía significa tener un encuentro personal con Cristo resucitado.

También el resucitado está presente donde las personas se sienten hermanadas, donde se late con el mismo tono. El resucitado está entre los más débiles y pobres de la sociedad, aquellos que siempre llevan las de perder. Jesús con la superación de la muerte les hace ganar fuerzas para el camino de la vida, ilusión y alegría para su corazón, y ver, sobre todo ver que Él va siempre a nuestro lado en todos los momentos de caminar por nuestra existencia.

* * *

  1. ¿Cómo sientes y vives a Jesús resucitado?
  2. ¿Qué importancia tiene la resurrección de Jesús en tu vida?
  3. ¿Te sientes resucitado con Jesús? ¿Cómo? ¿En qué lo notas?
  4. ¿Cómo permanecer en la vida cristiana siempre en la presencia del Resucitado?
  5. ¿Cómo podemos transmitir la experiencia del resucitado a otras personas?

©2005 Mario Santana Bueno.

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