Buzón Católico
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la homolía del domingo:
Sexto Domingo de Pascua — Ciclo A

1 de mayo de 2005. Jn 14,15-21; "Yo pediré al Padre que les dé otro defensor."

 « Quinto domingo de PascuaSéptimo domingo de Pascua, solemnidad de la Ascensión del Señor »

El Espíritu Santo está presente en la vida de aquella persona que sigue a Cristo Resucitado. Fue el propio Jesús el que nos presentó tan digno defensor. Sabe bien el Maestro que necesitamos ayuda y cercanía en nuestro caminar por los senderos del mundo.

"Si me aman, obedecerán mis mandamientos." Buen comienzo. Amar de verdad, a la forma de Dios, es obedecer su voluntad. Pero ¿Cómo puede una persona obedecer a quien desconoce?

Hay personas que "piensan" que creen en Dios. Otros dicen "que tienen fe". Algunos que "creen en Dios más que nadie..." Pero la experiencia vital de la fe va por otros caminos. No es suficiente creer que se tiene fe; la fe hay que vivirla en lo profundo del corazón y en la vida diaria. Vemos con frecuencia como personas que dicen tener fe viven en una realidad inmadura, infantilizada, congelada en las vivencias del pasado. Jesús nos promete un Defensor para que la vivencia de fe en nuestra vida se purifique y se acerque más y más a Dios.

El Defensor que Jesús pide para nosotros es "el Espíritu de la verdad, para que esté siempre con ustedes." No exagero si digo que en muchos aspectos de nuestra vida personal y social la verdad ha pasado a un segundo plano.

¿De qué nos defiende el Espíritu de la verdad que Jesús nos promete?:

Jesús no nos abandona. Cuando oímos a una persona que "Dios se ha olvidado de mí..." recordemos siempre estas palabras. Él sabe de nuestras miserias y proyectos; el conoce el barro del que estamos hechos.

No te desesperes cuando todo en tu vida vaya mal o regular. No dejes que los problemas hundan tu vida; deja que tu vida hunda los problemas. Siempre procuro tener presente en mi vida que Dios va conmigo al ritmo que yo puedo andar. Si camino, Él está a mi lado. Si me detengo, Él se para conmigo. Si me siento a descansar, Él está reposando a mi lado. Si corro, Él corre a mi lado... Hay personas que se pasan toda la vida frustrados porque quieren ir al ritmo de Dios. Esto para las personas es poco menos que imposible. Su paso es mucho más largo y profundo que el nuestro. La cosa está en caminar junto a Dios en nuestra vida. Tratar de que siempre estemos a su lado y saber que Él se adapta a nuestro caminar. Nuestro proceso es su camino. Dios se adapta a la realidad de cada persona sin dejar de ser Dios. No es un Señor a nuestra medida, sino que somos nosotros quien dejándole acercar a nuestra vida lo hacemos caminante de mi propio camino. Ni Él pierde su identidad ni yo la mía. Somos distintos pero vamos juntos por los mares del mundo.

"El que recibe mis mandamientos y los obedece, demuestra que me ama." (v.21) A los niños de mi parroquia les enseñamos que los mandamientos son diez más uno. No son once. Los mandamientos son diez, pero les recordamos aquello de "Un mandamiento nuevo les doy; que se amen unos a otros como yo les amo." Cumplir los diez mandamientos más uno es hacer presente a Dios en nuestra vida y en la de los demás. El Señor nos asegura que viviendo esta realidad es como el ser humano se realiza como persona y como creyente, para hacernos "ver" esta realidad necesitamos de un Defensor porque muchas veces nuestra mirada es insuficiente... y nuestro corazón también...

* * *

  1. ¿Cómo notas que está presente el Defensor en tu vida?
  2. ¿Qué es para ti vivir en la verdad?
  3. ¿Qué significa "estar en el mundo sin ser del mundo"?
  4. ¿Vas al ritmo de Dios o dejas que Dios vaya a tu ritmo?
  5. ¿Cómo vives el mandamiento del amor? ¿Cuáles son los mayores obstáculos para vivirlo?

©2005 Mario Santana Bueno.

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