Buzón Católico
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la homilía del domingo:
Décimo Domingo del Tiempo Ordinario — Ciclo A

5 de junio de 2005. Mt 9,9-13: "No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores."

 « Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo /  Undécimo Domingo del Tiempo Ordinario »

Vivimos en la sociedad del "qué mas da..." Es lo que se ha dado en llamar el relativismo moral. Parece como si la realidad estuviera constantemente zarandeada por la confusión y la indefinición. ¿Qué ocurre con nuestras sociedades?

Jesús se acerca a Mateo que estaba muy ocupado con sus trabajos y quehaceres. Le invita a seguirle y dice la Escritura que él "se levantó y le siguió". Muchas personas pueden que escuchen también la invitación al seguimiento del Señor pero lo que ocurre es que ni se levantan de su vida ni mucho menos le siguen. Lo fijo e inamovible se lleva mal con el Evangelio.La vida es un camino en el que siempre tenemos que movernos. Estancarnos en el pasado no es evangélico.

El Señor está siempre de camino, nunca permaneció sentado en un único sitio. Lo mismo debe ser la vida del cristiano. Caminar es creer en la presencia de Dios en nuestra existencia. Quien camina sabe que las palabras de Jesús diciéndonos: "Yo estaré con ustedes todos los días hasta el final del mundo" son palabras llenas de verdad. Estar sentado es vivir estancado en el pasado y en los miedos. Levantarse es hacerle frente a la propia vida, a lo que nos sujeta al pasado y a nuestras miserias humanas. Levantarse es querer redimir nuestros pecados.

La realidad del pecado es para muchas personas difusa y sin contenido. Escuchamos más el "yo no tengo pecados..." que el "mira Señor mi miseria..." Las personas somos así. Parece como si tuviésemos claro el pecado que está presente en los demás pero nos cuesta mucho descubrir nuestras propias miserias morales y espirituales. Ante esto Jesús nos descubre que Padre Dios no actúa así.

Nos hemos acostumbrados a juzgar a los demás. Somos jueces y verdugos de los demás sin que nadie nos haya nombrado como tales. El Señor sabe nuestra manera de ser y actuar y nos descubre que Él ha venido no como juez ni como verdugo sino como nuestro salvador. Jesús nos recuerda las palabras: "Quiero que sean compasivos, y no que me ofrezcan sacrificios." Buen recordatorio para los que creen que el Evangelio es un cumplimiento más que una fuente de compasión para los otros e incluso para uno mismo. Ser humano significa mirarnos con compasión y con valentía y, a la vez, ser capaces de ver a los demás con los mismos ojos llenos de misericordia.

Acercarnos a los pecadores no es para que participemos de sus miserias y pecados. Tenemos que tener el mismo estilo de Jesús. El Maestro se acerca a los pecadores con un objetivo: llamar al arrepentimiento, una llamada a cambiar nuestra mentalidad y nuestros caminos. Jesús no está de acuerdo ni con el pecado ni con el pecador; lo que de verdad quiere es librar y perdonar a las personas de las ataduras de sus miserias.

¿Cómo relacionarnos con aquellos que viven inmersos en el pecado? ¿Qué actitud tener con aquellos que están lejos de Dios? ¿Cómo equilibrar la cercanía a la realidad del pecado y continuar siendo seguidores lúcidos de Jesús?

Buenas preguntas para hacernos con frecuencia en nuestro peregrinaje por la vida. El Maestro nos enseña que acercarnos a estas realidades no es aprobar sus actos sino siempre será una invitación misericordiosa a levantarse y seguir a Cristo. ¿Es nuestra pastoral y nuestra vida una invitación a superar nuestras miserias y pecados y los de los demás?

* * *

  1. ¿Qué es para ti la misericordia?
  2. ¿Cuál debe ser la actitud de un cristiano ante el pecado y el pecador?
  3. ¿Cómo podemos acercanos a los que están más lejos de Dios?
  4. ¿A qué invita Jesús a los pecadores?
  5. ¿Qué hacer para superar nuestros pecados y los ajenos?

©2005 Mario Santana Bueno

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