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la homilía del domingo:
Primer domingo de Adviento — Ciclo B

27 de noviembre de 2005. "Velen pues no saben cuándo vendrá el dueño de la casa".

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Evangelio

Dijo Jesús a sus discípulos: «Por tanto, permaneced despiertos y vigilantes, porque no sabéis cuándo llegará el momento. Esto es como un hombre que, a punto de irse a otro país, deja a sus criados al cargo de la casa. A cada cual le señala su tarea, y ordena al portero que vigile. Así que permaneced despiertos, porque no sabéis cuándo va a llegar el señor de la casa: si al anochecer, a la medianoche, al canto del gallo o a la mañana. ¡Que no venga de repente y os encuentre durmiendo! Y lo que os digo a vosotros lo digo a todos: ¡Permaneced despiertos!»

Homilía

a persona que no sabe esperar desespera y se desespera…

Esperar supone una vigilancia constante y responsable. Hay personas que esperan acontecimientos no del todo definidos en su vida. Esperan cosas de manera global a través de un golpe de suerte: ganarse la lotería… o esperan situaciones después de un esfuerzo considerable: seguro que voy a encontrar un buen trabajo…

La espera del cristiano es distinta. Nuestro esperar se mueve en el presente y en el futuro. Tenemos que esperar no desde nuestras expectativas sino desde el ritmo de Dios. Nuestra espera es gratuita, segura. Nuestra espera pasa por la confianza en Dios más que en nosotros mismos y en las cosas que nos rodean…

En la vida de fe se pierden muchas valiosas energías, cuando somos nosotros, quienes prescindiendo de Dios, queremos marcar el ritmo y la marcha de nuestra espera…

La espera en Jesús es totalmente distinta: supone aceptar lo que ya sabemos, aceptar el encuentro amoroso con el amor.

La espera del cristiano es sabiendo a quién esperamos…

El Señor no nos dice cuándo será su venida definitiva.

Hay grupos que se han atrevido a afirmar en varias ocasiones el fin del mundo con fechas concretas. La palabra de Dios no nos dice nada al respecto, por eso debemos mantenernos alerta. Hay que estar alerta para descubrir el paso de Dios por nuestras vidas; alerta para descubrir su invitación y su conversión.

En el adviento se nos invita a tres compromisos concretos que la Palabra de hoy nos recuerda:

Atentos para que nada nos disponga a pasar por alto la venida del Señor. Hay muchas cosas que nos pueden distraer de descubrir al Señor. Es relativamente fácil alejarnos de Dios e incluso ocultarnos (como en el paraíso) de Él, pero es muy difícil mantenernos en Dios porque la realidad del mundo no ayuda…

Velad, estar despiertos, saber descubrir en la noche de la vida las tinieblas de nuestro yo y ver la luz de Cristo que viene. El velar significa dejarse iluminar la vida por Jesús.

Y la última condición es el orar. Esperar atentos y velando en oración. No es esperar de cualquier manera, sino en una actitud orante, de hijo, de desvalido, de quien de verdad espera al Señor. Esperar orando. Hay personas que esperan desesperándose. Hay que esperar orando.

Cuando se ora, la espera no cansa sino que ensancha y transforma nuestro corazón.

Como no sabemos cuándo vendrá el Señor tenemos que estar en vela siempre.

Tenemos que estar en vela para que la vida verdadera no nos pase de largo.

El ser humano es el único ser de la naturaleza consciente de que espera; de ahí el ofrecimiento de Dios es siempre una llamada a la espera que no acaba.

Es bueno recordar en este comienzo del adviento las virtudes teologales y, desde ellas, esperar en atenta vigilancia y oración. Fe, esperanza y amor; la mayor de ellas es el amor. Tenemos que esperar desde el amor.

Quien no sabe esperar confiado en la palabra de Jesús, desespera.

El mundo de hoy no es propenso a aconsejar la espera. Todo intenta ser ultra rápido: comidas, limpieza, revelado de fotos, arreglos, etc.

El mundo de hoy ha sido pensado para tratar lo que el ser humano ha creado. La espera del evangelio, en cambio, atañe a los más íntimo del ser humano: una persona no cambia en un día, ni de manera ultra rápida. Una persona no puede cambiar automáticamente el corazón ni su interior, de ahí la necesidad de la espera en el Señor.

* * *

  1. ¿Eres una persona que sabes esperar?
  2. El adviento ¿Para qué?
  3. ¿Cuando la espera se transforma en desesperación?
  4. ¿Tiene sentido esperar en la transformación del ser humano todavía hoy?
  5. ¿Cómo esperar desde Jesús?

©2002 Mario Santana Bueno.

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