Buzón Católico
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la homilía del domingo:
Solemnida de la Nativida del Señor — Ciclo B

25.12.2005. Lc 2,1-14. "En la ciudad de David, os ha nacido un Salvador".

 « Cuarto Domingo de AdvientoSegundo domingo del Tiempo Ordinario »

Evangelio

Por aquel tiempo, el emperador Augusto ordenó que se hiciera un censo de todo el mundo. Este primer censo fue hecho siendo Cirenio gobernador de Siria. Todos tenían que ir a inscribirse a su propia ciudad.

Por esto salió José del pueblo de Nazaret, de la región de Galilea, y se fue a Belén, en Judea, donde había nacido el rey David, porque José era descendiente de David. Fue allá a inscribirse, junto con María, que estaba comprometida para casarse con él y se encontraba encinta. Y sucedió que mientras estaban en Belén le llegó a María el tiempo de dar a luz. Allí nació su primer hijo, y lo envolvió en pañales y lo acostó en el establo, porque no había alojamiento para ellos en el mesón.

Cerca de Belén había unos pastores que pasaban la noche en el campo cuidando sus ovejas. De pronto se les apareció un ángel del Señor, y la gloria del Señor brilló alrededor de ellos, y tuvieron mucho miedo. Pero el ángel les dijo: No tengáis miedo, porque os traigo una buena noticia que será motivo de gran alegría para todos: Hoy os ha nacido en el pueblo de David un salvador, que es el Mesías, el Señor. Como señal, encontraréis al niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.

En aquel momento aparecieron junto al ángel muchos otros ángeles del cielo, que alababan a Dios y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas! ¡Paz en la tierra entre los hombres que gozan de su favor!

Homilía

¡Feliz Navidad!

Hoy celebramos el mensaje de ese Dios que se hace niño por nosotros. La verdad es que para unos oídos no creyentes esto le puede sonar a algo más que disparatado... ¿Por qué Dios se hace uno como nosotros? ¿Acaso la condición humana no está llena de las debilidades de la carne y de la fragilidad del espíritu? Puede que la repercusión del misterio de la Natividad no sea hoy motivo de preocupación para nuestros semejantes que viven lejos de la fe, porque el bullicio de los mercados es más grande que la soledad interior. Se prefieren respuestas a mi economía, a mis necesidades físicas, a mis compromisos navideños, ante que las respuestas a las cuestiones internas de mi persona como ser humano.

A los creyentes no nos da miedo afirmar con rotundidad la presencia de Dios en el mundo de hoy. Dios con nosotros y como nosotros. Pero a los no creyentes esto les parece tan increíble que lo reducen más a una mitología del pasado que a una realidad constante en el palpitar de cada día. ¿Qué decir como cristianos? ¿Es suficiente para el mundo de hoy felicitar la Navidad como un atuendo cultural más que como una experiencia de la fe?

¿Tiene sentido aún hoy felicitarnos la Navidad? ¿No sería mejor felicitarnos las compras y las comidas de estas fechas...?

Ser creyente en estos días es felicitar la Navidad a los otros y felicitarse por la Navidad. Felicitar a los otros porque también para ellos el Señor se ha hecho uno de los nuestros, aunque no lo entienden, aunque no lo vivan, aunque no acudan una y otra vez al portal de su corazón. Felicitar a los otros la Navidad es parte del anuncio del Evangelio. Hoy el creyente es como aquel ángel del portal que anuncia a los pastores la buena noticia: "No tengan miedo, porque les traigo una buena noticia que será motivo de gran alegría para todos..." Hoy el escenario ha cambiado, pero sigue siendo de noche... En el descampado de la vida los pastores de hoy son aquellos que están cuidando sus intereses, apaciguando sus ansias de poseer, comparándose unos a otros, invirtiendo en lo material... y siempre con el mismo latido interior: la insatisfacción. La Palabra no nos dice si todos los pastores fueron capaces de dejar sus queridos rebaños para ir a adorar al Pastor... probablemente más de uno se quedó sin realizar ese viaje al pesebre de su vida...

Me parece que la vida de todo creyente tiene que hacer ese mismo recorrido de conversión. El primer paso es dejar lo que uno cuida y estima para ir a admirar, no a entender. El camino de los pastores fue el camino de la fe. Si hacemos una lectura espiritual de la Palabra de este domingo vemos cómo aquellos trabajadores nocturnos emprender un camino sin pedir pruebas; se fiaron del mensaje de aquél enviado. En la experiencia de los nuevos en la fe este elemento es fundamental: no voy al encuentro con Dios porque le entienda o comprenda bien... voy porque quiero adorarlo. Una de las tareas más importantes en la pastoral de hoy debe ser el poner al ser humano en contacto con el misterio; no explicar el misterio porque esa respuesta sólo la tiene que dar cada persona después de su encuentro individual con Cristo. La trayectoria de la persona alejada sigue normalmente el esquema: entiendo por eso creo... cuando en realidad el auténtico proceso de conversión es siempre creo por eso entiendo...

Un segundo momento de la tarea evangelizadora es enseñar a dialogar con el misterio... Hay agentes de pastoral que se esfuerzan mucho por hacer creíble racionalmente el mensaje de Cristo. Quieren que para el oyente todo encaje a la perfección, que todo tenga un armazón interno consistente y capaz de convencer al más escéptico... Navidad es otra cosa... Las ilógicas razones de Dios son las que no nos piden explicaciones sino respuestas... En el momento actual no pretendamos dar sólo respuestas a los no creyentes; los cristianos tenemos que ser capaces de ayudar a que los alejados sepan formular las preguntas adecuadas en ese diálogo con el misterio. Jesús a lo largo de su vida, en su anuncio del Reino lo que hizo una y otra vez fue crearnos preguntas, estimular nuestras raíces más interiores, urgirnos a dar respuestas. Si el Evangelio no deja indiferente a casi nadie es porque para unos ofrece respuestas y para otros plantea las preguntas adecuadas sobre la existencia humana y su relación para con el misterio.

Felicitar la Navidad a los otros es más que el contenido de una tarjeta postal, que los regalos o las luces en la calle. Estamos en la noche de la vida. Hay estrellas que vienen y van, pero el portal está siempre en el mismo sitio. Ojalá seamos ángeles para los demás para indicarles el camino hasta donde está el Dios niño.

Felicitar la Navidad a los demás es abrir un hueco al misterio, una ventana a la ilógica de Dios y permanecer allí, en el diálogo sereno de los corazones. Navidad no es un punto de llegada sino de partida, es la historia que comienza, es la fe que se hace niña para que todos podamos entenderla. Navidad es un latir del amor que Dios nos tiene.

Los cristianos, además de felicitar la Navidad a los demás, tenemos que felicitarnos a nosotros mismos por el regalo que Dios nos ha hecho . El regalo de la fe. En ninguna otra fiesta del año el misterio se hace tan incisivo para nuestra vida. La Pascua es la consecuencia de la vida de Jesús, pero la Navidad es respuesta a la promesa del Padre. Este misterio sólo lo podemos asumir y dialogar interiormente con la presencia del Espíritu...

¿Por qué para los cristianos es feliz la Navidad? Quizá porque descubrimos que ese magnífico puente con Dios que un día rompió el pecado, con Jesús nuevamente queda más que reparado. Dios no se desentiende de sus criaturas. Cumple la Palabra que nos dejó en su Palabra.

Es feliz la Navidad para quien todavía es capaz de ir al pesebre. En la vida diaria no acostumbramos ir a los pesebres. Más bien todo lo contrario: buenas escuelas, buenas casas, buenos institutos, buenas universidades... Todo lo buscamos que sea "bueno", pero no nos atrevemos a hacer el camino de la bondad desde la sencillez de las cosas. Por desgracia el pesebre de hoy está contaminado para muchas personas que sólo ven en él lo increíble, lo inverosimil...¿Cómo Dios va a nacer así...? Dios rompe una vez más la lógica humana para dejar abierta la puerta de la aceptación con amor. Sólo lo que aceptamos con amor se convierte en respuesta...

María y José contemplan asombrados la escena de la que ellos mismos forman parte. El pueblo católico ha entendido bien que si en cualquier nacimiento las felicitaciones se dan a los padres, en este singular caso de la historia, la felicitación nos la damos unos a otros, los deseos de bondad se hacen felicitación navideña. No es que ignoremos a los padres del pesebre, es que ellos saben el lugar que deben ocupar y no nos demandan nada que no sea contemplación...

José hizo el recorrido de la fe porque era bueno. Optó por fiarse más que por explicarse lo que había sucedido con María. Porque era bueno supo ir al ritmo de Dios. No pidió pruebas. No quiso dar ni buscar razones. Su respuesta le llevó hasta aquél portal donde en silencio contemplaba a los que contemplaban. No sé si existe la advocación que más admiro del bueno de san José: San José de la Confianza...

María, Santa María de las preguntas al misterio, da un paso más y se sitúa en el corazón enamorado de Dios. Muchas veces he meditado que el primer corazón humano que oyó Jesús latir fue el de su madre. El primer calor humano que sintió fue del cuerpo de María. La primera comida y el primer aliento que respiró el Señor fue de aquella aliada de Dios e hija de los hombres. Nunca Dios estuvo tan dentro de un ser humano. Con el paso de los años Jesús hace el recorrido inverso a su nacimiento: vuelve a través de la Eucaristía al corazón de cada persona que le acepta. Hoy Jesús escucha nuestro corazón porque nosotros también intentamos escuchar el suyo. No es extraño que los católicos tengamos en tal alta estima a la Madre de Nuestro Salvador...

¡Feliz Navidad!

©2005 Mario Santana Bueno

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