Buzón Católico
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La Homilía del domingo:
Quinto Domingo del Tiempo Ordinario — Ciclo B

5 de febrero 2006. Mc 1, 29-39: "Curó a muchos enfermos de diversos males".

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Evangelio

Cuando salieron de la sinagoga, Jesús fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama, con fiebre. Se lo dijeron a Jesús, y él se acercó, la tomó de la mano y la levantó. Al momento se le quitó la fiebre, y se puso a atenderlos.

Al anochecer, cuando ya se había puesto el sol, llevaron a Jesús todos los enfermos y endemoniados, y el pueblo entero se reunió a la puerta. Jesús sanó de toda clase de enfermedades a mucha gente, y expulsó a muchos demonios; pero no dejaba hablar a los demonios, porque ellos le conocían.

De madrugada, cuando todavía estaba oscuro, Jesús se levantó y salió de la ciudad para ir a orar a un lugar apartado. Simón y sus compañeros fueron en busca de Jesús, y cuando le encontraron le dijeron:

—Todos te están buscando.

Él les contestó:

—Vamos a otra parte, a los lugares cercanos, a anunciar también allí el mensaje, porque para esto he salido.

Así que Jesús andaba por toda Galilea, anunciando el mensaje en las sinagogas de cada lugar y expulsando a los demonios.

Homilía

Vivimos rodeados por la enfermedad; incluso con la presencia de los avances modernos las dolencias se reciclan y hacen que siempre las tengamos en cuenta.

El Evangelio de san Marcos nos muestra una vida pública de Jesús que comienza ya desde el primer capítulo, con una cercanía a los enfermos. Después del bautismo y la prueba del desierto; después de la llamada a los discípulos, el Evangelio se sumerge en los encuentros sanadores del Señor. El reino de Dios llega sanando.

Jesús sana en todas partes a los débiles: cura en la sinagoga, en las casas, en la calle, en el descampado, al aire libre…

Da la salud en todos los momentos: los sábados —incluso cuando estaba prohibido hacerlo— , al mediodía, al anochecer, de madrugada…

Recupera a todas las personas: al hombre de la sinagoga, a la mujer, suegra de Pedro; a mucha gente anónima, al hombre enfermo de lepra…

Todas estas acciones nos describen a la perfección la búsqueda constante de Dios al ser humano doliente. En nuestro mundo los personajes cambian, pero la realidad es siempre la misma. La enfermedad y la muerte siempre nos están rondando y sólo nos queda preguntarnos si nos dejamos encontrar con el Dios que nos cura por dentro…

¿Cómo entender la enfermedad?

En la antigüedad, estar enfermo era convertirse en un ser maldecido por Dios. Según ellos, Dios se había olvidado de su misericordia con el que sufría.

Jesús se nos acerca hoy para decirnos que incluso en lo que no entendemos en las negruras del dolor tiene un sentido. La tarea del cristiano es acercarse a la cruz y a la tumba del resucitado y encontrar en Él el sentido de lo que vivimos.

Hoy vemos el dolor y el sufrimiento humano con todo lujo de detalles. La televisión se ha vuelto un buen notario de nuestro tiempo. Algunos se preguntan dónde esta Dios en nuestros días cuando se dan esas situaciones… Puede ser que esté en ti, y también en el que sufre… En el que sufre espera consuelo y ayuda, y en ti y en mí, espera que seamos nosotros quien la ofrezcamos. Esta es la "lógica de Dios", que hace al menesteroso esperar y que queda a la espera de nuestra respuesta solidaria.

Me encuentro con frecuencia personas sanas que dicen que "están cansadas de vivir…" Los cristianos somos los que estábamos cansados de vivir muertos… Hay hermanos en la fe que la viven como una pesada carga, como una negación al derecho de ser felices. Nada más lejos de la realidad. El Evangelio es una invitación para que descubramos a Dios y desde ahí vivamos en Él. No hay mayor felicidad.

En numerosas ocasiones me ha dado la impresión de que el mundo está mal repartido. Por un lado en los hospitales, miles de personas luchan por ganarle una hora a la eternidad. En cambio, en la calle vemos a muchos que lo que desean es morirse… ¿Será que cuando la vida se nos vuelve frágil es cuando más la necesitamos al menos para entender su valor…?

Jesús se acerca al enfermo y le lleva no sólo la salud física sino también la constante invitación a descubrir la Vida. Es el Señor que nos libera del sin sentido y del absurdo del mundo.

Cuando visito un hospital siempre busco a Dios en los escondrijos de las miradas y en las horas de la esperanza. Miro una cama con un enfermo y siento que seré yo quien un día ocupe ese sitio… Un hospital es uno de los mejores lugares que conozco para hacer ejercicios espirituales…

No les niego que muchas veces se me hace difícil aceptar mi dolor y el de los otros, pero creo que es mejor llevar mi miseria humana a cuestas, teniendo confianza en las Palabras de quien más sufrió por mí…

* * *

  1. ¿Cómo te planteas el dolor?
  2. ¿Qué papel juega Dios en la enfermedad?
  3. ¿Cómo actúa Dios en los enfermos?
  4. ¿Qué te pide Dios ante los enfermos y los débiles?
  5. ¿Qué puedes hacer por los enfermos de tu parroquia, comunidad, grupo, etc.?

©2003 Mario Santana Bueno

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