Buzón Católico
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La homilía del domingo:
Segunda semana de Pascua. Domingo de la Divina Misericordia — Ciclo B

23 de abril de 2006. Jn 20,19-31: "A los ocho días llegó Jesús".

« Domingo de la Pascua de la Resurrección del Señor / Tercer domingo de Pascua »

Al llegar la noche de aquel mismo día, primero de la semana, los discípulos estaban reunidos, y tenían las puertas cerradas por miedo a los judíos. Jesús entró y, poniéndose en medio de los discípulos, los saludó diciendo: ¡Paz a vosotros!

Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y ellos se alegraron de ver al Señor. Luego, Jesús dijo de nuevo: ¡Paz a vosotros! así como el Padre me envió, también yo os envío a vosotros.

Dicho esto, sopló sobre ellos y añadió: Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedarán perdonados; y a quienes no se los perdonéis, les quedarán sin perdonar.

Tomás, uno de los doce discípulos, el que llamaban “el Gemelo”, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Después le dijeron los otros discípulos: Hemos visto al Señor.

Pero Tomás les contestó: Si no veo en sus manos las heridas de los clavos, y si no meto mi dedo en ellas y mi mano en su costado, no lo creeré.

Ocho días después, los discípulos se hallaban reunidos de nuevo en una casa, y esta vez también estaba Tomás. Tenían las puertas cerradas, pero Jesús entró y, poniéndose en medio de ellos, los saludó diciendo: ¡Paz a vosotros!

Luego, dijo a Tomás: Mete aquí tu dedo, y mira mis manos, y trae tu mano y métela en mi costado. ¡No seas incrédulo, sino cree!

Tomás entonces exclamó: ¡Mi Señor y mi Dios!

Jesús le dijo: ¿Crees porque me has visto? ¡Dichosos los que creen sin haber visto!

Jesús hizo otras muchas señales milagrosas delante de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en él.

Tenemos motivos más que suficientes para felicitarnos: Jesús, el mismo que murió en la cruz ha resucitado. Son muchas las situaciones que nos lo demuestran y son cientos y cientos de millones de personas, quienes a lo largo de los siglos nos lo garantizan con una vida plenamente consagrada a Él.

En la historia de las religiones hay fundadores a los que se les atribuyen milagros, curaciones prodigiosas, conversiones profundas de vida. En cambio, a ninguno de ellos se les atribuye la resurrección.

¿Qué es en realidad lo que creemos los cristianos cuando hablamos de resurrección? ¿Qué es lo que creemos cuando afirmamos la resurrección de Jesús?

La resurrección no es la reanimación de un cadáver, no es poner en marcha un corazón que se había parado; no es una vuelta a esta vida de debilidad y muerte para alargarla unos años más. No. Resucitar no es eso para nosotros los cristianos. La resurrección es la total transformación de toda la persona, su realización plena, su entrada en la Vida, en la Vida de Dios. Decir que Jesús ha resucitado es decir que ha triunfado, que ha sido constituido por Dios en Señor, en Hombre Nuevo. Y, por lo tanto, es afirmar que el Reino que Él predicaba es realmente posible. O sea: ¡Hay esperanza para los pobres, los marginados, los crucificados de la tierra tal como Él les anunció!

Al lado de esta afirmación de la resurrección de Jesús el evangelio nos desconcierta. En lugar de la alegría y del gozo los apóstoles estaban abatidos, desconcertados. Lo que les mantenía unidos era el miedo no la alegría de la resurrección. No es nada extraño que el primer saludo de Jesús para ellos sea el de "Paz con vosotros". Jesús no les reprocha sus cobardías y su falta de confianza en Él. El encuentro con el resucitado fue para los primeros creyentes una experiencia que reanimó su fe y su vida.

Muchos cristianos de hoy día pueden que sean perfectos y escrupulosos seguidores del Señor: cumplen las normas con eficiencia, se prodigan en los actos litúrgicos... todo esto es maravilloso siempre y cuando contribuya a crear auténticos testigos de la resurrección.

Tomás era también apóstol, hizo el mismo proceso que los demás, pero no estuvo en comunidad cuando el Señor les visita por primera vez. Fue a la comunidad de los discípulos a quienes el resucitado se aparece para que hagan una profunda experiencia de fe. Tomás en solitario sólo cobija la duda y el temor. Esto mismo pasa a los cristianos que son alérgicos a la vida de comunidad. No significa que tenemos que perder nuestra identidad individual y dejar que se funda en la comunidad. Dios nos llama a cada uno, individualmente, pero nos llama para que hagamos la experiencia de fe en la comunidad de la Iglesia. La comunidad de la Iglesia tiene el privilegio de comunicar el mensaje de perdón de Dios a la humanidad y continuar la labor del Señor. Para vivir y experimentar al resucitado la primera experiencia se dio en fraternidad.

Con las apariciones del resucitado da comienzo nuestra fe. Creemos porque el Señor resucitó. Para que aparezca la vida tiene que ser removida la muerte. No hay prueba más grande que el superar el vacío de la muerte, de ahí que algo tan grandioso sea difícil de captar y de aceptar sin fe.

Cuando dudamos de la fe es que no hemos pasado por la experiencia de la resurrección. Pedimos "ver" para creer cuando lo que necesitamos es experimentar para ver. El poder ver al resucitado es un don de Dios, que Él concede al que quiere.

La confesión de fe de Tomás es la auténtica confesión de fe del creyente. Nosotros no hemos visto y creemos, por eso Jesús nos llama bienaventurados.

La bienaventuranza de los que no hemos visto se basa en la confianza en la Palabra antes que en las pruebas. La Palabra no se ve y en cambio tiene el poder de transformarnos para experimentar la conversión y la resurrección. Ser cristiano es acoger la Palabra con plena confianza.

Las apariciones no eran subjetivas, imaginativas, sino reales. No es una creación de la fantasía humana, sino el cuerpo real del Señor.

Cuando la gente alejada pregunta dónde está Dios bien le podemos decir que dejándose ver por todas las partes de la vida. Para verlo hacen falta los ojos de la fe y la confianza en el amor.

* * *

  1. ¿Es compatible en el cristiano el miedo y la fe? ¿Por qué?
  2. Jesús envía a sus apóstoles al mundo. ¿Qué es sentirse enviado por Jesús?
  3. ¿Cómo explicarías la resurrección de Jesús a una persona no creyente?
  4. ¿Qué lugar ocupa la resurrección de Jesús en tu vida?
  5. ¿Qué supone creer sin ver?

©2003 Mario Santana Bueno.

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