Buzón Católico
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La homilía del domingo:
Tercera semana de Pascua — Ciclo B

30 de abril de 2006. Lc 24,35-48: "Así estaba escrito: el Mesías padecerá y resucitará de entre los muertos al tercer día."

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Entonces los discípulos contaron lo que les había pasado en el camino, y cómo reconocieron Jesús al partir el pan.

Todavía estaban hablando de estas cosas, cuando Jesús se puso en medio de ellos y los saludó diciendo: Paz a vosotros.

Ellos sobresaltados y muy asustados, pensaron que estaban viendo un espíritu. pero Jesús les dijo: ¿Por qué estáis tan asustados, y por qué tenéis esas dudas en vuestro corazón? Ved mís manos y mis pies: ¡soy yo mismo! Tocadme y mirad: un espíritu no tiene ni carne ni huesos, como veis que yo tengo.

Al decirles esto, les mostró las manos y los pies. Pero como ellos no acababan de creerlo, a causa de la alegría y el asombro que sentían, Jesús les preguntó: ¿Tenéis aquí algo de comer?

Le dieron un pedazo de pescado asado, y él lo tomó y lo comió en su presencia. Luego les dijo: Lo que me ha sucedido es lo que os anuncié cuando aún me hallaba entre vosotros; que había de cumplirse todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los libros de los profetas y en los salmos.

Entonces les abrió la mente para que comprendieran las Escrituras, y les dijo: Está escrito que el Mesías tenía que morir, y que resucitaría al tercer día; y que en su nombre, y comenzando desde Jerusalén, hay que anunciar a todas las naciones que se conviertan a Dios, para que sus pecados les sean perdonados. Vosotros sois testigo s de estas cosas.

Hay personas que opinan que la vida de cada ser humano está escrita. Dicen que el destino de cada uno ya está predeterminado. Los católicos no creemos en esta afirmación. Nosotros no creemos en el destino. La vida de cada ser humano está basada en el amor y la libertad personal que nos hace realmente dueños de nuestra existencia. El Evangelio de hoy nos dice que "así estaba escrito..." pero no referido a un cumplimiento ciego de un supuesto destino. Jesús entregó su vida libre y conscientemente por la salvación de todos. Aceptar al Señor pide de nosotros esa entrega libre y consciente a la voluntad de Dios.

Muchas veces podemos pensar que el cristianismo es una religión complicada donde la filosofía se ha hecho teología y viceversa. Para algunos la filosofía les es suficiente para llenar sus vidas. Ya existen en muchas ciudades el "consejero filosófico" además de los consejeros espirituales y psicológicos... ¿Pero qué es lo que necesitamos realmente para encontrar al Señor en nuestra vida?

La resurrección del Señor es algo razonablemente increíble. Sólo desde la fe podemos penetrar en su hondura y su amplitud. Siempre nos quedaremos cortos a la hora transmitir la trascendencia de este suceso que cambió la faz de la Humanidad. Necesitamos un asentimiento para descubrir la trascendencia de la resurrección.

Para muchas personas, incluso para algunos que se dicen cristianos , la resurrección es un tema incómodo. Es difícil de explicar y mucho más complicado el sentir interiormente esa experiencia. Pero todos estamos llamados, invitados, a experimentar esa resurrección.

Nuestra fe está basada en la resurrección. No recordamos y vivimos a Jesús porque hiciera milagros ni por sus parábolas, ni siquiera por su actitud de rebeldía... de todas esas situaciones tenemos innumerables ejemplos en la Historia. Recordamos a Jesús porque dio su vida por nosotros redimiendo nuestra debilidad espiritual y porque resucitó, todo lo demás debe girar alrededor de este gran acontecimiento. En la pastoral muchas veces hacemos justo lo contrario. Presentamos todas las exigencias de la fe, adoctrinamos más que evangelizamos, normatizamos más que liberamos y dejamos la cuestión de la realidad de la resurrección casi escondida. Llenos de miedos disfrazamos la vida auténtica (Jesús resucitado) como un personaje cargado de historia y de teología en lugar de vitalidad que ayude al ser humano a encontrar el sentido trascendente de su vida.

Hay que tener cuidado que nuestra tarea pastoral se convierta en un contentar al personal. Cuantas veces las personas alejadas dicen que vienen a nuestras reuniones si no se les habla de "religión..." En otras ocasiones cristianos de buena voluntad adoctrinan bajo una espesa estela de "espiritualidad". Creo que ninguna de las dos posturas ofrecen plenamente la densidad de la resurrección de Jesús. Para predicar sobre la resurrección hay que estar en caminos de resurrección. Tenemos que ir constantemente de la muerte a la vida y de la vida a la Vida. Nuestro mensaje tendrá siempre estos referentes.

No es suficiente la realidad de la resurrección para seguir al Señor. Los amigos de Jesús cuando le experimentaron resucitado le confundieron. María Magdalena le confunde con el "hortelano". Los discípulos de Emaús con "un caminante". Algunos de sus discípulos con "un fantasma". También en nuestro tiempo a Jesús le podemos confundir con tantas y tantas cosas: "un revolucionario", "un justiciero", "un reivindicador de...", "un iluminado".

La única manera de no confundir a Jesús con alguien que no es, es precisamente zambullirnos el resto de nuestra vida en el misterio de su resurrección. Meditar, orar y vivir la resurrección es la mejor predicación que podemos hacer sobre ella.

Los apóstoles están reacios a conocer a Jesús resucitado. Cristo abre a los apóstoles el "entendimiento para comprender las Escrituras". Sólo Dios puede abrirnos la mente y el corazón para aceptar la grandeza de este mensaje.

Vivimos en una sociedad que se ha acostumbrado a vivir sin la grandeza de las palabras grandes y prefiere las mínimas realidades, la intrascendencia a la trascendencia. Este es el peaje que tenemos que pagar a nuestra debilidad humana. La resurrección es la redención de nuestra débil humanidad.

Cuando las luces se apagan y los sueños se acaban, vuelven una y otra vez los fantasmas a la vida, que nos traen la soledad. Cuando las puertas se cierran y las lágrimas quiebran y la incertidumbre de saber qué pasará, entonces es cuando no queda nada. Resucitar es encender las luces, despertar de los sueños, despejar los fantasmas y recuperarnos de la soledad. Resucitar es abrir las puertas y secar las lágrimas y saber la seguridad de lo que pasará. Entonces es cuando lo tendremos todo.

La vida de cada cristiano es ir de la cruz a la resurrección y en el camino nos encontraremos con los auxilios de la Palabra, la Iglesia, los demás. Debemos hacer este trayecto sin miedos. Jesús va delante abriéndonos el camino.

Termina el Evangelio de hoy recordándonos que nosotros somos testigos de esto...

* * *

  1. ¿Cuáles son hoy los caminos de resurrección?
  2. Desde tu realidad concreta ¿Qué sería vivir resucitado?
  3. ¿Qué método tenemos que usar para transmitir la resurrección?
  4. ¿Qué obstáculos encontramos hoy para vivir como resucitados?
  5. ¿Cuáles son las cualidades que tiene que tener una persona resucitada?

©2003 Mario Santana Bueno.

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