Buzón Católico
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La homilía del domingo:
Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

18 de junio de 2006. Mc 14,12-16.22-26: "Esto es mi cuerpo. Esta es mi sangre"

 « Solemnidad de la Santísima TrinidadSolemnidad de san Pedro y san Pablo »

Evangelio

El primer día de la fiesta en que se comía el pan sin levadura y se sacrificaba el cordero de Pascua, los discípulos de Jesús le preguntaron: ¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?

Entonces envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: Id a la ciudad. Allí encontraréis a un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle, y al amo de la casa donde entre, le decís: "El maestro pregunta: ¿Cuál es la sala donde he de comer con mis discípulos la cena de Pascua?" Él os mostrará en el piso alto una habitación grande, dispuesta y arreglada. preparad allí la cena para nosotros.

Los discípulos salieron y fueron a la ciudad. Lo encontraron todo como Jesús les había dicho, y prepararon la cena de Pascua.

Mientras cenaban, Jesús tomó en sus manos el pan y, habiendo dado gracias a Dios, lo partió y se lo dio a ellos, diciendo: Tomad, este es mi cuerpo.

Luego tomó en sus manos una copa y, habiendo dado gracias a Dios, la pasó a ellos, y todos bebieron. Les dijo: Esto es mi sangre, con la que se confirma el pacto, la cual es derramada en favor de muchos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día en que beba vino nuevo en el reino de Dios.

Después de cantar los salmos, se fueron al monte de los Olivos.

Homilía

Si alguna vez comentamos con algún alejado la realidad de la resurrección de Cristo, es muy probable que nos diga "…y si resucitó… ¿dónde está?…" Es muy curioso ver cómo incluso los alejados entienden lo que significa ser cristiano desde la presencia o no de la Eucaristía en sus vidas. Para los alejados, ser cristiano "practicante" es ir a misa y ser "no practicante" es no ir a misa. Esta identificación con practicar la fe relacionada con la Eucaristía tiene mucha importancia. Para ellos la práctica de la fe pasa por participar en la misa; no pongo en práctica mi fe porque no voy a la Eucaristía. Ser cristiano según ellos no es sólo rezar, leer la Palabra, ayudar a los pobres… El vivir de verdad la fe está íntimamente ligado con el ir a misa y lo que ello conlleva… Para contestar a la primera pregunta tenemos esta fiesta que nos viene a recordar las múltiples presencias de Dios en el mundo en el que vivimos

El Señor resucitado está en la Eucaristía, en la Palabra, en la Iglesia, en la comunidad, en los pobres y desvalidos, en los acontecimientos, etc. etc. En realidad, Jesús está siempre presente en todo lugar y circunstancia donde se deja una puerta abierta a su presencia.

La vida cristiana es en un primer momento descubrir la presencia de Cristo resucitado y luego adorar y experimentar esa presencia cada día, cada instante. El creyente sabe que con la muerte de Jesús no ha terminado su comunión con los seres humanos, sino, por el contrario, se ha perfeccionado en una forma totalmente nueva y más intensa que hasta ahora.

A Jesús lo encontramos en los caminos de la vida, en la fuerza de su Palabra y de una manera muy especial en una comida fraterna. Al final del camino de Cristo no hubo ni un retiro, ni una charla, sino una cena con los que le seguían. Esa cena se multiplica espiritualmente en la historia humana millones y millones de veces a través de la Eucaristía.

La Iglesia nos recuerda que la Eucaristía es creadora de fraternidad y comunidad. Muchas veces puede ser que vayas a la misa de manera rutinaria, mas bien por costumbre que por devoción activa. Puede ser incluso que el lenguaje que utilice el sacerdote ni tan siquiera te llegue o te implique; que no conecte con esta realidad tan inmensa de la presencia de Jesús. La Eucaristía es un punto de llegada y un punto de partida. Para muchas personas el acercarse a ella puede suponer una auténtica activación de su vida espiritual y un recomenzar el camino olvidad… Para otros significa un encuentro profundo e íntimo con el Señor que está presente en su vida…

Los católicos no somos caníbales. Comer el cuerpo y la sangre de Cristo significa aceptar su vida y su mensaje en nuestra propia existencia. Cristo se ha hecho tan cercano a nosotros que no está solamente a nuestro alrededor en la Palabra, los acontecimientos, los mil gestos diarios que utiliza para acercarse a nosotros. Ha decidido que tiene que estar dentro de nosotros en íntima unión con nuestro yo para desde ahí ir forjando esa tarea interior que tiene todo creyente.

La Eucaristía es también una llamada en un contexto pascual. La Pascua significaba para los judíos la experiencia de libertad y de justicia, a ambas realidades nos invita esta fiesta del Corpus. No podemos comer el cuerpo y la sangre de Jesús si previamente no nos hemos dejado liberar de nuestras esclavitudes internas: miedos, cobardías, obsesiones, debilidades toleradas, etc. Tenemos que ser libres para que  la libertad de Jesús esté muy por encima de nuestras claves meramente humanas.

Muchas veces me he preguntado si los que vamos a misa hemos descubierto la hondura de lo que estamos celebrando. Si cada persona que acude a la Eucaristía experimentara aunque fuese superficialmente, qué estamos haciendo y con quien estamos, muy probablemente nuestras misas tendrían otro tono y otras consecuencias prácticas en nuestra vida. La Eucaristía no es una celebración personal, íntima y alejada de los demás. Cuando Jesús establece ese contacto íntimo con Él lo hace en comunidad.

Hoy en el mundo se habla mucho de comunidad, se invita a ser comunidad incluso desde la política y todas las instituciones sociales. La reunión en torno al Señor tiene una referencia especial a los demás. No hay cuerpo y sangre de Cristo entregado para aquel que vive cerrado en su pequeñez egoísta , ni donde no existe la justicia para con los otros, ni donde no se es capaz de perdonar y de retomar el camino que conduce al Maestro.

La misa tiene que hacernos descubrir a Dios que está entre nosotros y al hermano y a los hermanos que tenemos al lado. No podemos ir a recibir al Señor si nuestro corazón está enfrascado en odios, rencores o falta de perdón, ni tampoco cuando el corazón se nos ha endurecido tanto que somos incapaces de conmovernos ante el dolor y la injusticia que sufren los demás. Justicia es el nombre que tiene que aparecer en la entrada de cada una de nuestras celebraciones. Justicia es uno de los nombres del amor. Una justicia práctica y real que se compromete con los más débiles y necesitados. Sólo de esta manera pasamos de unas celebraciones abstractas al amor concreto de Dios entre nosotros.

La entrega del cuerpo y de la sangre de Cristo es la mayor autodonación jamás realizada. Si tengo que estar agradecido por alguien que me haya donado algún órgano físico para poder seguir viviendo, ¡¡Cuánto tengo que estar agradecido a quien por amor dio su vida entera y me dejó su cuerpo y su sangre, para que yo tenga vida en plenitud!!

* * *

  1. ¿Por qué vas a la Eucaristía? ¿Qué sentimientos te acompañan cuando acudes a ella?
  2. ¿Crees realmente que Jesús está presente en el Eucaristía? ¿Por qué?
  3. ¿Se puede celebrar la Eucaristía sin referencia a la justicia? ¿Por qué?
  4. ¿Qué pondrías y qué quitarías en las celebraciones de la Eucaristía a las que acudes con frecuencia?
  5. ¿Se puede ser católico sin acudir con frecuencia a la Eucaristía? ¿Por qué?

©2003 Mario Santana Bueno.

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