Buzón Católico
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La homilía del domingo:
Solemnidad de san Pedro y san Pablo — CicloB

29 de junio de 2003. Mt 16,13-19: "Tú eres Pedro, y te daré las llaves del reino de Dios"

 « Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de CristoDomingo 14 del Tiempo Ordinario »

Evangelio

Cuando Jesús llegó a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?

Ellos contestaron: Unos dicen que eres Juan el Bautista: otros que Elías, y otros, que Jeremías o algún profeta.

Y vosotros, ¿quién decís que soy? —les preguntó.

Simón Pedro le respondió: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios viviente.

Entonces Jesús le dijo: Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque ningún hombre te ha revelado esto, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra voy a edificar mi iglesia; y el poder de la muerte no la vencerá. Te daré las llaves del reino de Dios; lo que ates en este mundo, también quedará atado en el cielo; y lo que desates en este mundo también quedará desatado en el cielo.

Homilía

Ya se acercan las horas finales de Jesús y es el propio Señor quien quiere que su obra continúe. Él seguirá estando con nosotros para siempre, incluso más allá de la muerte, pero sabe que necesitamos que el grupo continúe su tarea.

A estas alturas los discípulos ya tienen suficientes datos para entender quién es el Maestro. La pregunta que les lanza es muy clara: "¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?" La escena tiene lugar en un espacio no elegido por casualidad. Cesarea de Filipo era la zona donde estaban mas que presentes los templos paganos de la antigüedad; por todas partes estaban los dioses antiguos, tanto es así que muchas de las leyendas de los dioses de Grecia tenían precisamente su localización geográfica en este lugar. Tenían además un gran templo de mármol blanco dedicado a la divinidad del césar. Lo había construido Herodes el Grande.

Jesús coloca en este plural trasfondo de divinidades mundanas la gran pregunta que sin duda deja perplejos a sus interlocutores. Desde un lugar con tradición religiosa y con una historia rica en expresiones simbólicas, el Señor interpela y para encontrar una respuesta son los propios discípulos quienes tienen que preguntar a su propio corazón.

Hoy nosotros también tenemos nuestras pequeñas o grandes Cesareas de Filipo. En nuestras sociedades existen templos novedosos; es como si en las ciudades las catedrales hayan dejado paso a los impresionantes templos de los grandes almacenes, de las moles de oficinas, de los lugares donde ya el recuerdo de Dios parece que no es necesario... Hoy tenemos que preguntarnos cuáles son nuestras divinidades y nuestros templos personales.

¿Habían captado los discípulos realmente quién era Jesús? ¿No habían visto y oído acaso sus obras, sus milagros, sus palabras… ? Puede parecer que la pregunta es ociosa y que la respuesta es lógica…, pero no, la respuesta trae sorpresas…

Unos decían que era Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o algún profeta… No pensemos que estas respuestas dejaban en mal lugar a Jesús. En realidad le estaban dando una categoría humana a la que jamás se les hubiese ocurrido dar a ningún ser humano. Juan el Bautista, Elías, Jeremías, eran los esperados antes de la llegada del Mesías. El Señor sería el anunciador del Mesías.

Nos pasa con frecuencia que podamos estar siguiendo el Evangelio y no descubrir a Jesús como Dios. Hoy como ayer resuenan en nuestros oídos esas dos preguntas de antaño. La primera va encaminada a conocer la opinión de la gente. Para la gente de hoy Jesús puede ser un revolucionario, un comunista, un pacifista, un comprometido con los débiles…

La otra pregunta es bastante más directa: "¿Quién es Jesús para ti?" Aquí no descubrimos al Señor en lo que hace (milagros, buenas obras, etc.) sino que vamos a profundizar en lo más íntimo, en su divinidad. Nos quedamos a medio camino cuando sólo vemos a un Jesús que no trasciende nuestra humanidad más allá de la muerte.

Descubrir al Salvador como Dios y como hombre es la magnífica conclusión de estas dos preguntas. Hombre excepcional y Dios único. Pedro hace este descubrimiento y lo dice. No es suficiente descubrir que Jesús es Dios, hay que proclamarlo. No era suficiente la respuesta de la gente. El test al que Jesús sometió a sus discípulos iba más allá. Pedro cuando hace su confesión de fe, no estaba exponiendo ni teológica ni filosóficamente lo que quería decir cuando dijo que Jesús era el Hijo de Dios vivo. De lo único que estaba completamente seguro era que ninguna descripción puramente humana era adecuada para aplicarla al Señor.

Nuestro descubrimiento del Dios vivo tiene que ser un descubrimiento personal. Nuestro conocimiento de Él no debe ser de segunda mano. Puedo que uno sepa mucho de Biblia o de teología y, sin embargo, no ser cristiano. El cristianismo no consiste en saber acerca de Jesús, sino en conocer a Jesús.

Con mucha frecuencia se le aplicaba a Dios la palabra "roca". Llamar a alguien "roca" era el más grande de los elogios. En este caso el elogio es doble porque parte nada más y nada menos que del mismo Jesús. Pedro va a ser un testigo cualificado dentro de la comunidad de hermanos, a él le corresponderá comenzar y mantener la comunión de todos los creyentes en Jesús. Los poderes del mal (debilidades de sus miembros, desaciertos, cobardías, etc.) no podrán destruir la fe ni la Iglesia. El poder de la muerte tampoco la vencerá.

Jesús da un poder especial a Pedro, el de atar y desatar, o sea, el de "permitir" y el de "prohibir", y de esta manera Pedro seguirá construyendo junto con la Iglesia el reino de Dios en la tierra. En los tiempos terrenales de Jesús no se tocaron muchos temas que hoy día nos afectan gravemente. Es el Papa, escuchando a Dios y a la Iglesia, quien debe de atar y desatar, esa es su misión, para eso se le convocó, para eso ejerce su misión: para interpretar la voluntad de Jesús y adaptarla a las nuevas necesidades y situaciones. Sólo así es como podemos colaborar en fidelidad a extender el reino de Dios.

* * *

  1. ¿Cuáles son los dioses de la gente de hoy?
  2. ¿Quién es Jesús para la gente de hoy?
  3. ¿Qué aspectos hay que quitar de tu vida para que realmente Jesús se haga presente como Dios?
  4. ¿Qué piensas del Papa? ¿Por qué?
  5. ¿Por qué crees que la Iglesia tiene algunas normas "impopulares"? ¿Qué deberíamos de hacer en la Iglesia ante estas normas?

©2003 Mario Santana Bueno.

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