Buzón Católico
www.buzoncatolico.com

La homilía del domingo
Domingo 14 del Tiempo Ordinario — Ciclo B

9 de julio de 2006. Mc 6, 1-6: "No desprecian a un profeta más que en su tierra."

 « Solemnidad de san Pedro y san PabloDomingo 15 del Tiempo Ordinario »

Evangelio

Jesús se fue de allí a su propia tierra, y sus discípulos le acompañaron. Cuando llegó el día de reposo, comenzó a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oír a Jesús, se preguntaba admirada: ¿Dónde ha aprendido éste tantas cosas? ¿De dónde ha sacado esa sabiduría y los milagros que hace? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿Y no viven sus hermanas también aquí, entre nosotros?

Y no quisieron hacerle caso. Por eso, Jesús les dijo: En todas partes se honra a un profeta, menos en su propia tierra, entre sus parientes y en su propia casa.

No pudo hacer allí ningún milagro, aparte de sanar a unos pocos enfermos poniendo las manos sobre ellos. Y estaba asombrado porque aquella gente no creía en él.

Homilía

¿Te has fijado cómo reciben a los triunfadores en su lugar de residencia? ¿Has visto la fiesta que organizan cuando alguien gana algún importante trofeo deportivo y vuelve a su lugar de origen…?

Hoy es Jesús el que regresa a su pueblo y a su gente, a Nazaret, y lo hace acompañado de sus discípulos que habían visto sus milagros y oído sus palabras. El recibimiento no puede ser más débil, la acogida no puede ser más pobre. Cuando Jesús comienza a enseñar en la sinagoga, la gente en lugar de fijarse en lo que dice se fija humanamente en quién lo dice. Ya saben ustedes que los seres humanos nos hemos acostumbrado a ir de la persona a la palabra; cada uno habla según quien es…

Despreciaban a Jesús porque lo catalogaban como uno de tantos. Algo parecido puede que nos suceda a nosotros hoy. Nuestra fe en Cristo aparece como una más en el surtido que nos ofrece el supermercado de las creencias. Nuestra fe y sus obras no son socialmente valoradas. Muchos ven la fe en Cristo como algo de antaño cuando el ser humano no había llegado a la plenitud del conocimiento racional…

Hoy decimos "Nadie es profeta en su tierra" y en muchas ocasiones es verdad. A veces estamos demasiado cerca de ciertas personas para ver sus grandezas. Por otra parte, no seamos ingenuos; muchas veces no reconocemos lo bueno en el otro porque sentimos en nuestro interior la herida de la envidia o el puñal de los celos.

En el duro camino de la evangelización no siempre estaremos en el domingo de ramos; muchas veces nuestra tarea evangelizadora pasará por muchos viernes santos. Hay cristianos que sufren porque su fe no es reconocida, ni mucho menos su tarea de entrega a los demás. Inconscientemente van buscando una aprobación social. Hay también personas que nos piden explicaciones sobre nuestra fe, y les damos una y otra y otra… pero nunca acaban de comprender la profundidad del mensaje. Esto es lo normal.

Cuando alguien se acerca a pedirnos explicaciones sobre nuestra fe, tenemos que preguntarnos y tratar de descubrir lo que realmente viene buscando. ¿Es realmente una persona en una actitud de búsqueda sincera y confiada, o mas bien es una persona que lo que quiere es entretener el tiempo libre en interminables disputas sobre la fe? Hay que tener muy en cuenta la finalidad de la conversación. Hay gente que no se conformará con todas las explicaciones y razonamientos que puedas dar. Siempre tendrán un pero y una queja. La condición humana es así: no hay más ciego que el que, aunque queriendo, no puede ver.

Si la gente se une para odiar, odiarán; si se han reunido para resistirse a entender, malentenderán; si se han reunido para no ver más punto de vista que el suyo propio, no verán otro. Pero si la gente se ha reunido amando a Cristo y tratando de amarse entre sí, hasta los que están más ampliamente separados se pueden encontrar en Él.

Los cristianos de este tiempo no debemos de dejarnos acobardar por razonamiento más o menos elaborados que nos piden pruebas sobre nuestra fe. Tenemos que tener bien claro que quien anuncie a los demás el mensaje de Dios deberá contar con la burla y la ignorancias ajenas. Le despreciarán por su mensaje.

Jesús en su pueblo es quizás el ejemplo más claro de lo que nos puede pasar con nuestra familia, nuestros amigos de la infancia, los conocidos de toda la vida. Es curioso ver cómo probablemente hemos acercado a alguna persona a Dios, pero, en cambio, a los más cercanos, a nuestros familiares y conocidos de toda la vida, se mantienen distantes a la fe en el Señor, cuando no a la defensiva de la misma.

¿Qué hacer?

El mensaje de Jesús rebasará los siglos y seguirá siendo predicado, aunque los más cercanos a nosotros no nos entiendan ni compartan nuestra experiencia. El mensaje de Jesús no morirá con nosotros.

Predicar el mensaje no sólo con la palabra sino también con una vida de entrega y de amor generoso al otro. Nuestro talante tiene que ser de apertura y de escucha, viendo y apreciando todo lo que de bueno nos puede aportar el otro, incluso el alejado o el que no tiene fe.

Serenarnos en Dios. Nosotros no estamos llamados a hacer propaganda del reino de Dios para los demás, sino a experimentar personalmente, ya aquí y ahora, ese reino que se abre paso a través del tiempo y de la condición humana.

Si mantenemos estas claves muy probablemente nuestra propia vida será testimonio reconocido de que Cristo es alguien por el que vale la pena vivir y por quien merece la pena gastar la existencia diaria.

* * *

  1. ¿Cómo te sientes tú como cristiano en tu vida familiar y vecinal?
  2. ¿Por qué a algunos cristianos les resulta tan difícil dar un testimonio de fe a su familia más cercana?
  3. ¿Cómo te sientan las agresiones contra la fe que sufres con frecuencia por parte de los más cercanos a ti? ¿Qué haces para superarlo?
  4. ¿Qué actitud tomas con los alejados que te cuestionan una y otra vez los temas de la fe?
  5. ¿Cómo puedes vivir el testimonio de la fe en tu familia y en quienes te rodean? ¿Por qué?

©2003 Mario Santana Bueno.

« Solemnidad de san Pedro y san Pablo / Domingo 15 del Tiempo Ordinario »

Ir al inicio de la página