Buzón Católico
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La homilía de la semana:
Domingo 24 del Tiempo Ordinario. Fiesta de la exaltación de la Santa Cruz — Ciclo B

17 de septiembre de 2006. Jn 3,13-17: "Tiene que ser elevado el Hijo del Hombre"

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Evangelio

Jesús dijo: Nadie ha subido al cielo sino aquel que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Y así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así también el Hijo del hombre ha de ser levantado para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Pues tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo.

Homilía

La cruz era un instrumento de suplicio donde llegaron a morir en la antigüedad cientos de miles de personas. Quien no conozca nuestra cultura cristiana puede muy bien extrañarse que ese leño de dolor sea para nosotros tan estimado y tenido en cuenta.

El madero de la cruz es nuestro símbolo distintivo, al que elevamos a una alta dignidad por lo que significa. No veneramos cualquier cruz donde cualquier ser humano sufrió tremendos sufrimientos; nosotros nos fijamos en la cruz "donde estuvo clavada la salvación del mundo".

El Evangelio de hoy comienza recordándonos una extraña historia que aparece en el Antiguo Testamento, en Núm 21, 4-9. El texto hace referencia al desánimo del pueblo de Israel en el desierto. Habían sido liberados de la esclavitud, pero no se sentían salvados. Las serpientes venenosas (la serpiente como símbolo de la "tentación") hicieron morir a muchos israelitas. Dios le dice a Moisés que haga la imagen de una serpiente y que la ponga en el asta de una bandera. Cuando alguien era mordido por una serpiente, miraba la imagen y se salvaba.

Toda esta historia hay que leerla y entenderla entre líneas. Siempre la fe nos aportará un lenguaje distinto, una nueva comprensión de las cosas y de los acontecimientos. Jesús pone este ejemplo para hacernos comprender su valor redentor. Él no es la serpiente (la tentación), sino que es la salvación de quien le mira con los ojos del corazón. Ya saben ustedes que las cosas celestiales se presentan en numerosas ocasiones en un ropaje terrenal que sea fácil de traducir al lenguaje corriente.

La expresión "Hijo del hombre" aparece 86 veces en el Nuevo Testamento (procede de Dn 7, 13 ss.). En Cristo se dan las dos presencias, humana y divina. El Nuevo Testamento nos muestra a Dios que desciende del cielo para hacerse como uno de nosotros, aunque sin pecado, a fin de enseñarnos el camino de la vida y salvarnos del pecado y de la condenación. Los judíos bajo la expresión "Hijo del hombre" siempre entendieron que se trataba del Mesías esperado.

Esta Palabra de hoy nos deja ver con rotunda claridad el gran objetivo que tuvo la venida de Jesús al mundo: Cristo no viene a condenar al mundo, sino a salvarlo. Muchas veces me da la impresión que nuestra vida de cristianos está falta de una presencia mucho más clara de esta realidad. Veo hermanos y hermanas en la fe angustiados, cerrados en sus miedos y escrúpulos, con sus preocupaciones interiores sin digerir, y lo menos que me hacen recordar es que son personas salvadas por su encuentro con el Señor. Hay personas que no viven la alegría de la fe en el resucitado sino la angustia de quien no se siente salvado. Alguna vez que he dicho esto me han comentado sobre cómo vivir entonces la vida cristiana, ¿sin moral? ¿sin reglas? La verdad es que soy lo bastante libre para intentar amar profundamente a Dios y a los demás y no caer en la trampa que reduce el amor a un complejo. Claro que defiendo la moral y las reglas del Evangelio, pero éstas son siempre dadas a personas llamadas y liberadas por Cristo. Esta es la grandeza de la libertad evangélicas: someto mis criterios a los del Señor en su Iglesia.

Cristo viene hoy a salvarnos (a hacernos felices), de la misma manera que los hijos de Israel, que habían sido mordidos por las serpientes venenosas (las tentaciones), eran sanados y liberados de la muerte mediante una mirada a la serpiente de bronce. El pecado mata. Mirar a Jesús en la cruz es afirmar las ansias de vida en plenitud.

Cada vez que en mi vida sucede algo especial, sea bueno o malo, trato de tener dos miradas: una primera ante lo que sucede y una segunda que intento que sea desde Dios y que dé sentido a lo que me ocurre. En cada acto de mi vida siempre procuro que el Señor asome aunque unas veces sea para alentarme y otras para sonrojarme...

La fe no puede ser una mirada fría, intelectual o sólo sentimental. Mirar a la cruz donde sufrió Cristo tiene que ser una mirada llena de angustia como la del que sabe que en el mirar te va la vida, y no una vida como la de este mundo, sino de vida eterna. La cruz es explicación para quien sepa mirarla bien...

Mirar la cruz de Cristo es siempre la senda obligada hacia la salvación. No hay salvación sin cruz como la de Jesús y como la nuestra. Hoy recordamos la cruz de Jesús para que entendemos también esto: que la vida de salvación está siempre llena de momentos de calvario; pero siempre al final está la tremenda respuesta que Dios da a este sufrimiento: la salvación.

Jesús fue levantado en la cruz a fin de que fuésemos salvados. Algún incrédulo se preguntará "salvados ¿de qué?..." En primer lugar de nosotros mismos, de los momentos de lejanía de Dios y del sin sentido de la propia existencia. Cada día estoy más convencido que el cielo (el estar junto a Dios) es solamente uno, mientras que los infiernos (estar lejos de Dios) son muchos, tantos como las tentaciones en las que podemos caer cuando pensamos que somos autosuficientes para saltarnos nuestra parte de cruz diaria en el camino de la vida...

  1. ¿Te sientes y tienes rostro de ser una persona salvada por Jesús?
  2. ¿Eres una persona que condenas fácilmente a los demás? ¿Por qué?
  3. ¿Qué es para ti la vida eterna? ¿Qué significa para ti la salvación?
  4. ¿Qué representa para ti en tu vida diaria la cruz de Cristo?
  5. ¿Hay vida cristiana sin cruz... y sin resurrección...?

© 2003. Mario Santana Bueno.

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