Buzón Católico
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La homilía del domingo:
Domingo 29 del Tiempo Ordinario — Ciclo B

22 octubre 2006. Mc 10, 35-45: "El Hijo del hombre ha venido para dar su vida en rescate por todos."

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Evangelio

Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron: Maestro, queremos que nos hagas el favor que vamos a pedirte.

Él les preguntó: ¿Qué queréis que haga por vosotros?

Le dijeron: Concédenos que en tu reino glorioso nos sentemos el uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.

Jesús les contestó: No sabéis lo que pedís. ¿Acaso podéis beber esa copa de amargura que voy a beber yo, y recibir el bautismo que yo voy a recibir?

Ellos contestaron: Podemos.

Jesús les dijo: Vosotros beberéis esa copa de amargura, y recibiréis el bautismo que yo voy a recibir, pero el que os sentéis a mi derecha o a mi izquierda no me corresponde a mí darlo. Será dado a aquellos para quienes está preparado.

Cuando los otros diez discípulos oyeron todo esto, se enojaron con Santiago y Juan. Pero Jesús los llamó y les dijo: Sabéis que entre los paganos hay jefes que se creen con derecho a gobernar con tiranía a sus súbditos, y los grandes descargan sobre éstos el peso de su autoridad. Pero entre vosotros no debe ser así. Al contrario, el que quiera ser grande entre vosotros, que sirva a los demás; y el que entre vosotros quiera ser el primero, que sea esclavo de todos. Porque tampoco el Hijo del hombre ha venido para ser servido, sino para servir y dar su vida en pago de la libertad de todos.

Homilía

¿Por todos? ¿Ha venido a dar su vida por todos? ¿Y por los terroristas y los violadores, por los ladrones y los golfos, por los ateos y por los que no saben lo que quieren en la vida...? ¿Por todos...?

Me temo que sí. Jesús vino para que todos tengamos vida y vida en felicidad. Quizás la gente que no ha descubierto a Dios todavía no ha saboreado la alegría de sentirse hermano de los otros, ahí está su pena y su tristeza, muchos viven odiando o amargados que es lo mismo que vivir sin ser feliz. Ese es nuestro testimonio de creyentes en el mundo de hoy: Tenemos que ser testigos del amor de Dios que nos hace ser servidores de los demás.

Cuando alguien me decía que quería vivir como "los primeros cristianos..." , la verdad es que me daba risa, porque siempre venía a mi mente este evangelio de hoy. Aquellos discípulos que convivieron con Jesús, que escucharon en directo su voz y compartieron con Él el pan; que vieron sus milagros... no eran mejores que nosotros, casi les diría que no destacaban por su gran fe ni por su afán de servicio a los demás. Una cosa es estar con Cristo y otra bien distinta es seguir a Cristo. Creo que aquellos apóstoles en este día se quedaron en lo primero. Tenían la mentalidad de cualquier ser humano. Buscaban los mejores puestos no el amar más. Creían pero en claves de recompensa. Pensaban pero en actitud de recoger el fruto. Así somos las personas cuando el Señor no ha llegado a nuestro más íntimo yo.

No nos engañemos, a todos nos gustan que nos reconozcan nuestro trabajo. A mí desde luego que me encanta. Sé que una persona es en verdad trabajadora cuando me agradece el trabajo que haces por ella. Sólo los trabajadores saben valorar el trabajo del otro. La diferencia en la vida cristiana es que nuestro trabajo no tiene que ir unido sólo a las expectativas de reconocimiento humano. Puede ser que los demás no descubran tus luchas y trabajos, tus sacrificios y preocupaciones, pero ¡qué bueno es gastar la vida por los demás sin interés, sin buscar recompensa! Sólo Dios y tú saben el valor de cada cosa que has hecho por los otros. El amor de Dios será tu salario y tu recompensa, tu sindicato y tu reivindicación más urgente.

La gloria humana oscurece la gloria de Dios. Si te mueves en criterios humanos no entenderás. Hay que "nacer de nuevo". Muchas veces en nuestra oración diaria hacemos como aquellos apóstoles, le decimos a Dios cuáles son nuestras propuestas, qué es lo que debe hacer, en lugar de ser nosotros quienes nos dejemos hacer por Dios.

Los otros discípulos se enfadaron con ellos porque buscaban preferencias. No crean ustedes que pensaban que era inoportuno pedirlas, sino porque cada uno la deseaba para sí, con lo que los diez demostraron también su ambición. Jesús aprovechó la ocasión para amonestarles a todos.

Muchas veces en nuestra querida Iglesia vemos ejemplos de personas que quieren sobresalir por encima de los demás. No hace mucho me decía una mujer que se había acercado a la parroquia que tuviera cuidado, que yo estaba hablando "con una seglar..." Aquella buena mujer estaba entendiendo que ser "seglar" era algo así como un cargo en la Iglesia. Yo le contesté que yo soy un aprendiz de cristiano.

La gente cuando mira a la Iglesia lo hacen con criterios sólo humanos, de esta manera los sacerdotes son "destinados", el ser "obispo" o "vicario" es un cargo muy importante, y no les digo nada eso de ser Papa... Me decía un seglar, que era muy amigo de mi obispo y que si yo necesitaba algo de él que se lo dijera, que él intercedería por mí ante el monseñor... Yo le dije que tenía una recomendación más fuerte: mi amor a Dios y a la Iglesia, y una cordial cercanía a mi pastor.

Tenemos que marcar en nuestra vida eclesial diaria que los oficios en la Iglesia no son puestos de dominación sino responsabilidades de servicio. Los que son más serviciales y, por ello más útiles, son los más honorables. Para darnos ejemplo es el propio Jesús quien se pone de modelo. Él tomó la forma de esclavo y vino a servir no a ser servido.

Ojalá sepamos transmitir a los hermanos y hermanos que el servicio, en especial a los más débiles y necesitados de la sociedad, es el camino de hacer presente a Dios en nuestro mundo. Cuando nos encontramos ante nuestro Señor, no nos preguntará ni los dogmas, ni la Biblia, ni los mandamientos ni siquiera los sacramentos, sino cómo los hemos vivido en actitud de servicio y disponibilidad. Me pregunto cómo todavía hay cristianos solamente preocupados por la pureza doctrinal cuando en realidad el Evangelio nos invita a la pureza de vida y de corazón...

Sólo puede servir en cristiano a los demás quien tiene el amor como motivo de su vida. La autoridad, según Cristo, está en servir a los hermanos.

Cuando era pequeño era menos idealista que ahora. Quería entregar mi vida a los demás. ¿Quizás podrían fusilarme en lugar de otro? ¿Quizás podría asumir la enfermedad incurable de alguien...? Pero no, Dios tenía otros proyectos para mí, y me dejó lo más difícil: entregar la vida día a día con la misma ilusión, entrega y amor que el primer día. Ahora han pasado los años y aunque no sé si llegaré a mayor, sé que con la ayuda de Dios, trataré de mantenerme en el primer amor.

Con frecuencia les digo a los hermanos y hermanas de la parroquia donde ejerzo mi ministerio que me ayuden a ser un buen servidor. Que me digan los fallos y los desaciertos para, dándome cuenta, los cambie. Sé que todavía me queda mucho para entregarme, no soy aún el hombre que me gustaría ser, pero sé que en estos años el camino no me ha cansado ni desalentado. La mejor manera de gastar la vida es saber que todo lo que uno ha vivido ha merecido la pena, que hizo cada cosa en su momento y que no dejó temas pendientes para un mañana que no llegará. El tiempo de Dios se llama "ahora".

Los apóstoles querían privilegios para el futuro. Pobres de nosotros si en el presente no descubrimos que dándonos, a ejemplo de Jesús, es nuestra mejor recompensa, nuestro mejor reconocimiento.

Me doy cuenta que estoy todavía por hacer... Definitivamente Jesús también murió para que yo tuviese vida plena... Gracias Señor.

* * *

  1. ¿Qué entiendes por ser esclavo de los demás? ¿Se puede ser esclavo teóricamente? ¿Cómo debe vivir un servidor en este tiempo?
  2. ¿Cuáles son las cualidades o carismas que pones al servicio de los demás, en especial de los más pobres y débiles de la sociedad?
  3. ¿Te cuesta servir a los más débiles, a los ignorantes, a los que no tienen sentido común, a los que viven de cualquier manera...? ¿Por qué? ¿Qué puedes hacer?
  4. ¿Ves los cargos en la Iglesia con sólo criterios mundanos? ¿Qué es para ti la autoridad en la Iglesia? ¿Cómo vives tu responsabilidad de servicio a los demás?
  5. ¿Cómo entiendes la afirmación "que ha venido para servir y dar su vida en rescate por todos." ¿En qué experimentas que Cristo ha dado la vida también por ti?

© 2003. Mario Santana Bueno.

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