Buzón Católico
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La homilía del domingo:
Tercer domingo del Tiempo Ordinario —Ciclo C

21 de enero de 2007. Lc 1,1-4; 4,14-21: "Hoy se cumple esta escritura."

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Evangelio

Muchos han tratado de escribir la historia de los hechos sucedidos entre nosotros, tal y como nos los enseñaron quienes, habiendo sido testigos presenciales desde el principio, recibieron el encargo de anunciar el mensaje. Yo también, excelentísimo Teófilo, lo he investigado todo con cuidado desde sus comienzos, y me ha parecido oportuno escribirte estas cosas ordenadamente, para que compruebes la verdad de cuanto te han enseñado.

Jesús volvió a Galilea lleno del poder del Espíritu Santo, y su fama se extendía por toda la tierra de alrededor. Enseñaba en la sinagoga de cada lugar, y todos le alababan.

Jesús fue a Nazaret, el pueblo donde se había criado. En el día de reposo entró en la sinagoga, como era su costumbre, y se puso en pie para leer las Escrituras. Le dieron a leer el libro del profeta Isaías, y al abrirlo encontró el lugar donde estaba escrito:

"El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado para llevar la buena noticia a los pobres; me ha enviado a anunciar libertad a los presos y dar vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a anunciar el año favorable del Señor."

Luego Jesús cerró el libro, lo dio al ayudante de la sinagoga y se sentó. Todos los presentes le miraban atentamente. Él comenzó a hablar diciendo: Hoy mismo se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.

Homilía

El Evangelio de san Lucas comienza con un prólogo dirigido a un tal Teófilo. No sabemos quién es este personaje. Los entendidos afirman que se puede referir no a una persona concreta sino al simbolismo del nombre. "Teófilo" significa literalmente "amado de Dios"; es por tanto un Evangelio escrito para los amigos de Dios.

San Lucas intenta hacer un relato ordenado de la vida de Jesús. Dice que ha investigado, que ha recopilado información, que ha profundizado en la verdad de las cosas y de los acontecimientos. En nuestra vida diaria nos hemos acostumbrado a pasar por los temas de una manera bastante superficial. A la mayoría de las personas les cuesta profundizar en lo que vive. Lucas intenta meterse en profundidad en la vida de Jesús, en lo que hizo, en quien fue, en su repercusión para la vida de las personas.

Hay un dato que no se nos puede pasar de largo. Dice el versículo dos "que los que fueron testigos presenciales desde el principio, recibieron el encargo de anunciar el  mensaje." Intentar anunciar el mensaje de Jesús sin ser testigo es poco menos que imposible. Hay muchos predicadores cuyo mensaje no llega porque se están predicando a si mismo; su mensaje no busca la gloria de Dios ni la salvación de las personas, sólo busca el aplauso de los más fáciles. Pero nos surge una cuestión muy seria: ¿Cómo ser testigo presencial de los acontecimientos de Cristo? Pues viviendo en el Señor.

Para el no creyente Jesús es una figura del pasado; fue una buena persona que introdujo en la humanidad un mensaje que dignifica nuestra pobre condición, pero poco más. Para el creyente su eje, su centro, es la resurrección. Con Jesús resucitado  su presencia no se queda en la historia sino que se actualiza cada día en el mundo, en mi mente, en mi corazón, en mi vida...

El no creyente tiene mucho de lo que dudar, vive en el mundo de lo opinable. El creyente vive en el espacio de las certezas.

¿Cómo vivieron todo esto los paisanos de Jesús?

Se dice que "nadie es profeta en su tierra" ¿Le ocurrió a Jesús lo mismo?

El Señor regresa a Galilea lleno del poder del Espíritu Santo; entre los suyos tenía buena fama e iba predicando por las distintas sinagogas de cada lugar.

Llega hasta Nazaret, el pueblo donde se había criado. Venía con la reputación ganada en otros lugares. El sábado se fue a la sinagoga y se puso a predicar. Con frecuencia vemos a Jesús predicando en otras sinagogas, pero nunca leyendo, excepto en esta de Nazaret, de la que por tantos años había sido miembro. Llega por tanto a su comunidad de toda la vida.

El texto que lee describe su persona. Tiene los siguientes rasgos:

Jesús vino por tanto a traernos la buena nueva, la libertad, la vista, la reconciliación con Dios. Toda la vida del cristiano estará siempre marcada por estos elementos.

Escuchar, ver, ser libre, sentirnos reconciliados tanto con Dios como personalmente y con los demás, siempre tienen que estar presentes en la vida de todo creyente en Jesús. El mensaje es claro y bueno; ahora me toca a mí ser capaz de encontrarlo y de vivirlo.

* * *

  1. ¿Cuál es tu relación de fe con las personas más cercanas que te rodean: familia, amigos, etc.?
  2. ¿Qué milagros ha realizado el Señor en tu vida?
  3. ¿De qué te ha liberado Jesús?
  4. ¿Qué aspectos de tu vida están todavía pendientes de conversión? ¿Por qué?
  5. ¿Cómo sabes que Dios está en ti y en tu vida?

© 2004. Mario Santana Bueno.

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