Buzón Católico
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La homilía del domingo:
Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor — Ciclo C

8 de abril de 2007. Jn 20,1-9: "Él había de resucitar de entre los muertos."

 « Vigilia PascualSegundo domingo de Pascua, de la Divina Misericordia »

Evangelio

El primer día de la semana (domingo), María Magdalena fue al sepulcro muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, y vio quitada la piedra que tapaba la entrada. Corrió entonces adonde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, aquel a quien Jesús quería mucho, y les dijo: ¡Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde lo han puesto!

Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Los dos iban corriendo juntos, pero el otro corrió más que Pedro y llegó primero al sepulcro. Se agachó a mirar, y vio allí las vendas, pero no entró. Detrás de él llegó Simón Pedro, y entró en el sepulcro. Él también vio allí las vendas; y vio además que la tela que había servido para envolver la cabeza de Jesús no estaba junto a las vendas, sino enrollada y puesta aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio lo que había pasado y creyó. Y es que todavía no habían entendido lo que dice la Escritura, que él tenía que resucitar.

Homilía

¡¡Feliz Pascua!!

María Magdalena fue la primera testigo de la resurrección de Jesús. Fue al sepulcro de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, y vio quitada la piedra que tapaba la entrada. María fue en busca de un Cristo muerto y lo encontró resucitado.

La resurrección es un tema difícil de tratar y de explicar. En nuestras sociedades "cristianas" no ha calado su sentido y su realidad. Son más las personas que creen en la reencarnación que en la resurrección. El motivo es bastante sencillo de explicar: la reencarnación es como una nueva oportunidad que se le da al ser humano, mientras que la resurrección es siempre una conclusión más que definitiva en el camino de la vida. Los cristianos creemos en la resurrección no en la reencarnación.

En un primer momento no cree en lo que Jesús había prometido. Va corriendo adonde estaban Pedro y Juan diciéndoles que se habían llevado al Señor. Los dos apóstoles corrieron hacia el sepulcro. Juan llegó primero a la tumba vacía pero no entró, se quedó mirando desde el mismo lugar que María Magdalena. Al momento llega Pedro y sí entra en el sepulcro.

Muchas veces nos pasa a los seres humanos la misma realidad de aquellos dos apóstoles. Los dos están experimentando la resurrección, pero uno lo ve desde la puerta y el otro entra donde ha tenido lugar el suceso. Quienes deseen tener un mayor conocimiento de las cosas de Cristo, han de bajar a la profundidad de la tumba, ver la realidad de lo que ha sucedido.

Pedro hace una labor de guía del otro apóstol. Aquél que había negado al Maestro en vida es el primero que se atreve a entrar en la realidad del misterio. Poco después Juan entra, vio y creyó.

El cristiano es aquel o aquella que ha entrado a la profundidad del sepulcro y es capaz de percibir el misterio como respuesta. La experiencia de cada cristiano es camino para andar otros hermanos en la fe.

¿Somos los cristianos testigos de la resurrección?

Esta es una pregunta que nos tenemos que hacer frecuentemente. ¿Es mi vida testimonio de resurrección? ¿Soy un buen ejemplo de resucitado?

La resurrección es vida, es nacer para la vida de Dios, estar en Él, disfrutar para siempre de su ternura y su presencia.

La resurrección es el motor de nuestra fe. Es lo que impulsa nuestro caminar.

Nunca he entendido a los cristianos que permanecen llenos de mil temores y dos mil desamores, pensando más en la condenación eterna que en la resurrección eterna. Se olvidan estos hermanos que la muerte redentora de Cristo es siempre invitación a la nueva vida resucitada.

Existen también esas otras resurrecciones diarias que se dan en nuestra vida. Es la resurrección de quien ha cambiado de vida escuchando la Palabra de Dios, la del que ha vuelto del pecado a la gracia porque supo bajar a la tumba donde estuvo enterrado Jesús y descubrió que ya no estaba allí, y emprendió así la gran ruta espiritual del conocimiento de Dios.

Resucitar es dejar que Dios tome la ultima palabra en mi vida. Es no ponerle obstáculos para que se haga realidad su promesa de vida eterna.

Los cristianos tenemos que hacernos con frecuencia la pregunta: ¿Me siento de verdad resucitado?

De nuevo, ¡Feliz Pascua!

* * *

  1. ¿Qué es para ti "resucitar"?
  2. ¿Cómo explicar la resurrección a los alejados?
  3. ¿Es la resurrección algo solamente para el futuro después de la muerte o algo que ya ha comenzado con la muerte redentora de Jesús?
  4. ¿Cómo descubrir hoy las señales de la resurrección en la Iglesia y en el mundo?
  5. ¿Cómo permanecer en la resurrección cada día, en cada momento?

© 2004 - Mario Santana Bueno.

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