Buzón Católico
www.buzoncatolico.com

La homilía del domingo:
Quinto domingo de Pascua — Ciclo C

6 de mayo de 2007. Jn 13,31-33a 34-35: "Les doy un mandamiento nuevo: que se amen unos a otros."

 « Cuarto domingo de PascuaSexto domingo de Pascua »

Evangelio

Después que salió Judas, Jesús dijo: Ahora se manifiesta la gloria del Hijo del hombre, y la gloria de Dios se manifiesta en él. Y si él manifiesta la gloria de Dios, también Dios manifestará la gloria del Hijo del hombre. Y lo hará pronto.

Hijitos míos, ya no estaré mucho tiempo con vosotros. Os doy este mandamiento nuevo: Que os améis los unos a los otros. Así como yo os amo, así debéis también amaros los unos a los otros. Si os amáis los unos a los otros, todo el mundo conocerá que sois mis discípulos.

Homilía

En la parroquia donde estoy a los niños se les enseña en la catequesis que los mandamientos son diez más uno. No son once. Son diez más uno.

Hoy la Palabra entra de lleno en este nuevo mandamiento que no es reciente en la formulación (Lv 19,18; Pr 20,22; 24,29; Mc 12, 29,31) pero sí lo es en su contenido.

El mandamiento que Jesús nos da como novedad no se refiere solamente al prójimo. Esta vez se hace referencia al amor interno que debemos de tener los seguidores de Jesús. Muchas veces nos cuesta menos amar "al prójimo" que no conocemos que al hermano o hermana cristiano que tenemos cerca y que estamos viendo casi cada día. Ya ustedes saben que la cercanía a la vida de las personas, nos hace ver sus miserias y errores que pueden empequeñecer sus grandes cualidades si los miramos con unos ojos sin amor.

Según el Señor, "Si se aman los unos a los otros, todo el mundo conocerá que son mis discípulos." Fíjate que el Maestro no se refiere a una señal cualquier de identidad, ni tan siquiera el tener un señal de identidad. Lo que Él propone es mucho más; es la identidad en el amor y el amor en el corazón. Somos lo que somos en el corazón. Lo que hay en lo más profundo de nuestro corazón es lo que realmente somos.

Hay católicos preocupados por todo: la ortodoxia, la pureza de la fe, la exigencia a los demás... No se dan cuenta que todo lo que hay de bueno y todo lo que viene de Dios tiene que venir del amor y hacernos crecer en él.

No hay vida cristiana si no crecemos en el amor. Aunque acudamos a la Palabra de Dios, a la Misa, a las oraciones frecuentes, a la ayuda a los pobres... si lo hacemos sin amor de nada nos sirve. Todo lo que la Iglesia nos ofrece es para poder crecer y seguir creciendo en el amor.

En la vida podemos hacer cosas buenas; en la fe las cosas buenas las tenemos que hacer con amor y por amor, todo lo demás es sólo buena voluntad.

El "amarse unos a otros" es un desafío para nuestra vida de creyentes. La verdad es que el mundo no ofrece muchas propuestas de amor sino todo lo contrario. El testimonio que Jesús nos deja es que, al menos nosotros los que creemos en Él, seamos esos oasis de amor en el gran desierto del mundo. El amor entre nosotros supone una correspondencia recíproca. No es sólo hacer cosas buenas sino ir a la fuente de donde mana la bondad.

Amar al prójimo como a sí mismo puede caer en un estéril mensaje, sobre todo a las personas que llevadas de sus traumas y problemas internos ni se aceptan ni se aman personalmente. En este caso el amor al otro será siempre escaso, breve, frágil. Jesús lo sabe y da un paso más: "Así como yo les amo, así deben amarse los unos a los otros. Si se aman los unos a los otros, todo el mundo conocerá que son discípulos míos."

El amor de Jesús es el modelo a seguir. Un amor hasta el extremo, que da la vida por los demás, de esta manera se conseguirá el objetivo propuesto.

Amar es la clave para hacer presente a Jesús en el mundo.

Hemos de tener amor, no sólo manifestarlo, sino tenerlo en la raíz del corazón y en la conducta, así siempre estaremos dispuestos a tener buenas obras. El amor fraterno es el distintivo de los discípulos de Cristo, un amor generoso que se olvida de sí mismo para entregarse a los demás. Cuando descubrimos que alguien ama como Jesús podemos estar seguros que es uno de sus discípulos. Pero hay que aprender a amar como Dios nos ama.

Si no sabes amar desde ese amor, date tiempo, configura tu corazón, organiza tus sentidos y espera... Al final sólo quedan la fe, la esperanza y el amor, pero lo más importante es el amor...

* * *

  1. ¿Qué es el amor "como yo les he amado"?
  2. ¿Se puede amar sin el amor de Dios? ¿Por qué? ¿Cómo?
  3. ¿Cuál es tu relación con los hermanos y hermanas en la fe? ¿Qué falta? ¿Qué sobra?
  4. ¿Qué tenemos que hacer para dar frutos de amor?
  5. ¿Qué haces con el amor que Dios te ha dado? ¿Sabes aprovecharlo y hacerlo crecer?

© 2004. Mario Santana Bueno.

« Cuarto domingo de Pascua / Sexto domingo de Pascua »

Ir al inicio de la página