Buzón Católico
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La homilía del domingo:
Solemnidad de la Asunción de la Virgen María

15 agosto 2007. Lc 1, 39-56: "El Poderoso ha hecho obras grandes por mí; enaltece a los humildes."

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Evangelio

Por aquellos días, María se dirigió de prisa a un pueblo de la región montañosa de Judea, y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Cuando Isabel oyó el saludo de María, la criatura se movió en su vientre, y ella quedó llena del Epíritu Santo. Entonces, con voz muy fuerte, dijo: ¡Dios te ha bendecido más que todas las mujeres, y ha bendecido a tu hijo! ¿Quién soy yo para que venga a visitarme la madre de mi Señor? Tan pronto como he oído tu saludo, mi hijo se ha movido de alegría en mi vientre. ¡Dichosa tú por haber crído que han de cumplirse las cosas que el Señor te ha dicho!

María dijo: Mi alma alaba la grandeza del Señor. Mi espíritu se alegra en Dios mi salvador, porque Dios ha puesto sus ojos en mí, su humilde esclava, y desde ahora me llamarán siempre dichosa; porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas. ¡Santo es su nombre! Dios tiene siempre misericordia de quienes le horan. Actuó con todo su poder: deshizo los planes de los orgullosos, derribó a los reyes de sus tronos y puso en alto a los humildes. Llenó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías. Ayudó al pueblo de Israel, sus siervo, y no se olvidó de tratarlo con misericordia. Así lo había prometido a nuestros antepasados, a Abraham y a sus futuros descendientes.

María se quedó con Isabel unos tres meses, y después regresó a su casa.

Homilía

Los católicos celebramos hoy una fiesta muy entrañable con sabor a madre. Creemos que la Virgen María está en cuerpo y alma en el cielo. Creemos que María ha entrado en la gloria no sólo con su espíritu, sino totalmente con toda su persona, detrás de Cristo, como primicia de la resurrección futura. Si acompañó a su hijo desde el primer momento, ella es la que ha disfrutado de la realidad de su gloria en plenitud también desde la realidad de la resurrección de su Hijo.

Los críticos de la Iglesia se refieren muchas veces a la discriminación que hacia las mujeres tenemos, según ellos, en la vivencia de nuestra fe. Se olvidan nuestros amigos que la Iglesia nos pone como modelo después de Nuestro Señor, nada más y nada menos que a una mujer. No la endiosa pero sí que deja bien claro su lugar y su papel en la fe. María fue bendecida por su disponibilidad y su aceptación a la voluntad de Dios.

Recorramos hoy este evangelio de alabanza y profecía.

Isabel era esposa de un sacerdote y ya era mayor, pero no tiene celos de que su prima, más joven que ella, tenga el gran honor de concebir en su virginidad y ser la Madre del Mesías. Más aún, ella se regocija en que su prima tenga tal honor, aun cuando el suyo propio sea menor. Buena enseñanza la de Isabel que no le importa rebajarse para reconocer la acción de Dios en su prima. Los cristianos siempre tenemos que reconocer esos dones y gracias que Dios ha dado a tantas personas que nos rodean. Si ejemplar es la reacción de Isabel no lo es menos la de María. Con la humildad de quien sabe de donde viene la gracia que nos mueve, ella acepta como una esclava la voluntad de Dios. No ve la acción de Dios como una carga ni como un mérito propio, la acepta con la confianza de que quien se fía de Dios no se equivoca.

María es la Madre del Hijo de Dios y esto no le lleva a creerse más que nadie sino a aceptar lo que Dios hace en ella. El Todopoderoso hace obras grandes en ella porque es capaz de aceptar con serenidad su presencia. Ante la invitación de Dios ella supo contestar con un rotundo sí. Miremos nuestra vida y descifremos la voluntad de Dios para con nosotros, para con nuestra familia, amigos, trabajo, Iglesia... cada paso que damos en la vida tiene que estar marcado por la presencia de Dios. Pobre del cristiano que no sepa cuál es la voluntad de Dios y que nunca quiera aceptarla.

María ha creído, lo que significa, que creer en la Palabra de Dios es estar seguro de que esa Palabra no puede fracasar. Quienes experimentan en sí mismos la Palabra de Dios que se cumple debe animar a otros a esperar en ella. Muchos cristianos tienen una fe raquítica y estéril porque no está regada por la Palabra de cada día, una Palabra dicha hoy para mí. Puede que en nuestra catequesis nos esforcemos mucho por transmitir a los niños tantas y tantas cosas que puede ser que nos olvidamos de reforzar la presencia de la Palabra de Dios. Siempre pienso que debemos ser transmisores de esa Palabra que aunque fue dicha hace siglos sigue hoy más vigente que nunca. La Palabra hoy no es un eco. El eco muchas veces llega cuando ya la realidad ha cambiado. La Palabra está dicha hoy para mí, para mi mundo, para la realidad donde vivo. María supo entender esto. Cuando acoge la Palabra lo hace desde su realidad y por eso cambia su vida. Si nos limitamos a oír la Palabra nunca se obrará en nosotros el cambio de vida.

La fe de María le lleva a proclamar un cántico de alabanza:

- "Mi alma alaba la grandeza del Señor". No es mi grandeza la que es alabada sino la grandeza de mi Dios. ¿Descubro yo las grandezas que hace el Señor en mi vida? ¿Soy capaz de descubrir la presencia de Dios en mi vida de cada día?

- "Dios mi Salvador". ¿De qué te salva el Señor hoy en tu vida? ¿Confías plenamente en la salvación que el Señor trae?

- "Su humilde esclava". ¿Cómo es la actitud que tenemos ante los dones y gracias que Dios nos ha dado?

- "Desde ahora me llamarán siempre dichosa". En María, Dios ha mostrado su favor hacia la humanidad entera y por ello todos tendrán a María siempre presente en todas las generaciones.

El cántico continúa haciendo un recorrido por la misericordia, la humildad, los hambrientos, las promesas que Dios había hecho... Lo que nos está diciendo es que para poder aceptar a Dios necesitamos esas actitudes de quien necesita no del que da. Ojalá nuestro cristianismo de hoy esté muy cerca de esta cántico de alabanza. Da pena ver como muchos hermanos y hermanas en la fe están permanentemente en lo que llamo "la pastoral de la queja". Están todo el día quejándose de la Iglesia, de los demás, de la realidad en la que se mueven. Quien ama mucho se queja poco. Aprendamos de las actitudes que María supo mantener en su vida para con Dios, por ello la Iglesia nos la ofrece como modelo fiable en el camino hacia la Vida. María abarca esas dos maternidades: la de Jesús y la nuestra. Aprendamos lo que nos enseña nuestra madre.

* * *

  1. ¿Qué significado tiene para ti la fiesta de la Asunción de la Virgen María?
  2. ¿Qué papel tiene María en tu vida? ¿Sentimental... folclórico...?
  3. ¿Qué actitudes encuentras en María que necesites para tu vida?
  4. ¿Cómo puedes fomentar en tu vida y en la de los demás la auténtica devoción a la Virgen?
  5. ¿Qué importancia tiene en tu vida la Palabra de Dios? ¿Por qué?

©2004. Mario Santana Bueno.

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