ORACIÓN DEL MÉDICO CATÓLICO

Señor Jesús,

Médico Divino, que en tu vida terrena has tenido predilección por los que sufren, y has confiado a tus discípulos el ministerio de la curación, hçznos siempre prontos a aliviar las penas de nuestros hermanos. Haz que cada uno de nosotros - consciente de la grande misión que le ha sido confiada - se esfuerce siempre por ser, en el servicio cotidiano, un instrumento de tu amor misericordioso. Ilumina nuestras mentes, guía nuestras manos, dçnos corazones atentos y compasivos. Haz que en cada paciente sepamos descubrir los rasgos de tu Divino rostro.

Tú que eres la Vida, concédenos que sepamos imitarte cada día como médicos no sólo del cuerpo sino de la persona entera, ayudando a quien estç enfermo a recorrer con fe el propio camino terreno, hasta el momento del encuentro Contigo.

Tú que eres la Verdad, concédenos sabiduría y ciencia, para penetrar en el misterio del hombre y de su destino trascendente, mientras nos acercamos a él para descubrir las causa de la enfermedad y para encontrar los remedios adecuados.

Tú que eres la Vida, concédenos el anunciar y testimoniar en nuestra profesión el Evangelio de la Vida , comprometiéndonos a defenderla siempre, desde la concepción hasta su término natural, y a respetar la dignidad de cada uno de los seres humanos, especialmente de aquellos mçs débiles y necesitados.

Concédenos, Señor, el ser buenos Samaritanos, prontos a acoger, a cuidar y consolar a cuantos encontremos en nuestro trabajo. Teniendo como ejemplo a los santos médicos que nos han precedido, ayúdanos a ofrecer nuestro generoso aporte para renovar constantemente las estructuras de la sanidad.

Bendice nuestro estudio y nuestra profesión, ilumina nuestra investigación y nuestras enseñanzas. Concédenos que habiéndote amado y servido constantemente a Ti en los hermanos que sufren, al final de nuestro peregrinar terreno podamos contemplar tu rostro glorioso y experimentar el gozo del encuentro Contigo en tu Reino de alegría y de paz infinitas.
Amén.

Vaticano, 29 de junio 2000
Juan Pablo II