Ya ha pasado algún tiempo, desde aquella mañana de verano, en la que con sorpresa, leía en el dominical de un diario de Madrid, un artículo en el que su autor, se preguntaba si los Mandamientos escritos hace más de tres mil años, podrían tener vigencia en la época actual.

El articulista, se apoyaba en comentarios que había ido recogiendo de determinados filósofos y teólogos, que sobre este tema emitían comentarios tales como ... “están obsoletos en cierto sentido”; “son una acuñación legendaria que yo cambiaría”. Alguno afirmaba: “Los Mandamientos son algo del pasado”; “nada de Mandamientos de la Ley de Dios, la doctrina sería la referente a los derechos humanos”, etc .etc.
En definitiva, consideraban al Decálogo, como un escrito que en el transcurso del tiempo, hubiera perdido vigencia y estuvieran lejos de una realidad actual.

Con el Evangelio a la calle, ha tratado de demostrar, que los Mandamientos, son ciertas normas básicas, para mejorar la convivencia entre los hombres. Que contienen preceptos religiosos, dirigidos a amar a Dios y éticos para amar al prójimo. Y que suprimir alguno de estos preceptos, sería no entender el espíritu de la religión cristiana.

Por todo ello, hemos intentado descubrir, basándonos en la lectura de la Biblia, del Catecismo de la Iglesia Católica y de las enseñanzas que nos ofrece el mundo en el que vivimos, que cualquier problema, surgido en nuestro tiempo, está contenido en aquella Tabla que Moisés recibió en la cima del Monte Sinaí hacía el año 1,250 antes de Cristo y que son la base de la moral cristiana.
Hemos de considerar, que aún debiendo cumplir con todo el Decálogo, lo realmente importante y que no podemos olvidar, nos lo advierte Marcos (12,29.30): “Amarás a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas y al prójimo como a ti mismo”.

Es imprescindible entender, que los Mandamientos, nos enseñan a amar a Dios y amarlo cada vez más, así como a nuestro prójimo, por lo que hemos de procurar mediante la oración y la lectura de los Libros Sagrados, conocerle mejor.
De igual modo, también nos señalan, actitudes precisas que debemos cumplir como descansar el día del Señor o de las que tenemos que abstenernos como no desear a la mujer de tu prójimo.
Y finalmente, escuchando al Maestro en el Evangelio de Juan (14,15.17): “Si me amáis, guardareis mis Mandamientos y yo os enviaré al Espíritu de la verdad, que permanecerá y estará con vosotros hasta la consumación de los siglos”, teniendo presente, que con su Ascensión a los Cielos, nos dejó un nuevo Mandamiento: “Que os améis los unos a los otros como yo os he amado” (Jn.14,34.35)”.

Con el Evangelio a la calle, entiende, que ayudando al hermano que sufre, realizando con él, buenas obras, siendo solidarios y viéndolo con lo veía Jesús de Nazaret, estaremos cumpliendo con este Mandamiento de amar a Dios y al prójimo.
De este modo, nuestra obligación ante el mundo, consistirá en amar a los demás por medio de nuestro ejemplo, siendo conocedores de que El, está en medio de nosotros, a nuestro lado, aunque a veces por la ceguera que produce nuestra falta de fe, no notemos su presencia.

(c) 2008 José Guillermo García Olivas