¡LOS NUEVOS PECADOS CAPITALES!

Sucedió una mañana del pasado mes de Marzo cuando en torno a un café, me reunía con mi viejo amigo Ricardo. Hojeábamos la prensa diaria, cuando un artículo nos llamó poderosamente la atención: “Quien no recicle la basura irá al infierno”.
La noticia no podía ser más impactante. Perplejos, nos miramos unos instantes sin atrevernos a pronunciar palabra alguna. Posiblemente, pensamos, que en este mundo, tan sensacionalista, tan disparatado, tan desconcertante y tan duro por no decir cruel que nos ha tocado vivir, hayamos podido perder totalmente la sensación de asombro. Pero…
El comentarista, al que omito escribir su nombre por no estimular su ego, señalaba que el Vaticano había elaborado una lista con nuevos pecados capitales, donde se incluían el medio ambienta y las drogas.

Añadía que a través del Ossevatore Romano, periódico oficial de la Santa Sede y el Obispo Gianfranco Girotti, franciscano de 70 años, responsable de la Penitenciaría Apostólica, organismo de la Santa Sede que se ocupa de la confesión, los tradicionales siete pecados capitales, enumerados por el Papa Gregorio I hace 1.500 años, habían quedado obsoletos para el mundo de hoy, por tener una dimensión fundamentalmente individualista por lo según el autor del artículo, el Vaticano había decidido modernizar la lista, transformándolos en pecados actuales que tienen una resonancia social además de una individual y que dan lugar a siete nuevos pecados capitales, que violan la relación del hombre con Dios.

Por todo ello, mi amigo Ricardo, que nunca ha tenido una gran fe en los dirigentes de nuestra Iglesia católica, por determinados motivos que ahora no es oportuno detallar, sin embargo siempre ha sido, y es, un buen cristiano que ha prestado todo su apoyo con total generosidad a cualquier persona que se lo haya solicitado.

Así las cosas, tanto Ricardo como yo, no llegamos a entender el nuevo concepto que desean imprimir y la trascendencia del cambio en la forma de expresión de los llamados “anticuados u obsoletos” pecados capitales, por el Ossevatore Romano y el Obispo Girotti.

Sería muy interesante y hasta necesario, que el Vaticano aclarara un poco mejor la distinción entre unos y otros, para que el Pueblo a la hora de meditar sobre sus posibles ofensas a Dios, adquiriese conciencia de lo que hasta hoy ofendían gravemente a Dios y que diferencia existía entre “aquellos” que procurábamos cumplir con nuestra mejor voluntad y los actuales, recuperados para este nuestro mundo globalizado.

Que las altas jerarquías de la Iglesia, deberían intervenir en la forma de vida dentro del mundo del pecado, de ese pecado que significa para cualquier ser humano, un fracaso moral, en el cual todos, unos antes y otros después nos hemos sentido fracasar.

Y explicarnos con sencillez la “dimensión fundamentalista e individualista” contenida en la lucha constante contra la cólera y la suntuosidad, expresada con acciones y palabras altivas que nos señala el pecado capital de la soberbia. El afán ilimitado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas, que nos conduce al pecado de avaricia. El vicio ilícito o apetito desordenado de los delitos carnales que nos prohíbe el pecado de lujuria. La pasión del alma que nos mueve contra el enojo, en el pecado de ira.

El deseo desordenado por exceso de comida y bebida que nos lleva hasta el pecado de gula. La tristeza o pesar por el bien ajeno que nos prohíbe, el pecado de envidia. Y la negligencia, tedio o descuido para lo que estamos obligados a hacer para respetar el pecado capital contra la pereza.

Y de este mismo modo, explicarnos para nuestro mejor entendimiento y sobre todo convencimiento, la diferencia existente entre estos nuevos pecados actuales llamados “sociales” (según dictamen del comunicado del Ossevatore Romano), que nos señalan: No realizarás manipulaciones genéticas. No llevarás a cabo experimentos sobre seres humanos, incluidos embriones. No contaminarás el medio ambiente. No provocarás injusticia social. No causarás pobreza. No te enriquecerás hasta límites obscenos a expensas del bien común. Y no consumirás droga; Con los pecados capitales hasta ahora conocidos y respetados que al parecer han quedado obsoletos.

Bien es verdad, y reconocerlo es de sabios, que el mundo de la droga se va extendiendo en esta nuestra sociedad, a veces un tanto degradada, pero que camina en silencio luchando contra ella sin pausa, alertada del problema social que representa y convencida que deteriora el progreso de la vida.

Y en el terrero de la sexualidad, ya el pecado capital de la lujuria, nos señalaba el vicio ilícito y desordenado de los delitos carnales.
Tal vez, ahora se haya desmitificado lo concerniente al sexo y se intenta razonar y comprenderlo más y mejor ante su evolución. Posiblemente en generaciones pretéritas, la sociedad y la Iglesia eran un tanto represivas en temas sexuales.

Sin embargo ahora, los padres y educadores, cada uno en su medida, deberíamos preguntarnos el grado de culpabilidad que nos delata, cuando proporcionamos o aceptamos a nuestros pre-adolescentes los medios visuales de comunicación para que en sus dormitorios privados, manejen aparatos de televisión y ordenadores, que les van deteriorando su educación moral, bajo el punto de vista humano, al concederles la oportunidad de buscar en esos medios lo que a veces les deforma.

Al final, apurando nuestra taza de café y sin dejar nuestra sensación de sorpresa ante el artículo del periódico, pensamos que por el mundo hemos de ir como personas receptivas dispuestas a entender, en lo posible, como mejorar nuestra vida.
No obstante, también convinimos que lo más sensato que podría desear la Iglesia, o los organismos tan importantes que la dirigen desde el Vaticano, sería enseñarnos a luchar contra cualquier clase de pecado, que ofenda a Dios, con las “armas” que tenemos a nuestra disposición, como son el amor, la comprensión, y la tolerancia, en lugar de crearnos un síndrome de culpabilidad ante unos pecados capitales o sociales, que ya desde generaciones antiguas son respetados.

Teniendo muy presente que Dios es amor y que envió a su Hijo para que todos pudiéramos salvarnos del pecado y poder un día, para algunos cercano y para otros lejano, disfrutar de Vida Eterna en su Reino.

Al despedirnos en la puerta de la cafetería, Ricardo me comentaba con cierta naturalidad: Los tiempos han cambiado, a lo mejor para bien. Pero ve y adivina…

(c)2008 José Guillermo García Olivas