Entre los mensajes que me envían respondiendo a mis trabajos, hace unos días recibí uno sobre mi artículo “Mensaje urgente al Dios de Jesús”, que me ha producido una gran tristeza y del que quiero transcribir algunos comentarios lapidarios, llenos de sentencias y faltos de amor cristiano para desahogar en cierto modo mi pena: “Los juicios de Dios ya se están manifestando en esos países como Cuba, Tahití, República Dominicana, Venezuela y otros, que son los más idólatras, donde se practica masivamente el satanismo y la brujería. Por lo tanto el juicio de Dios caerá sobre ellos, si no se arrepienten”. Y en otro apartado expone: “la culpa la tiene la que dicen se llama iglesia católica, porque nunca, desde nuestros antepasados, los pobres indios de América, le dieron la Biblia a sus feligreses, siempre la escondieron”.. Con todo respeto a mi comunicante, me gustaría decirle que todos los que profesamos una religión, tenemos la completa seguridad de que es la única y verdadera, pero quizás no tengamos en cuenta el principio de la caridad olvidando mirar a todos los hombres como hermanos sin distinción de razas ni creencias, demostrándoles que nuestra fe en un sentimiento religioso que surge del corazón y que bien pudiera servirnos para salvar y ayudar a la humanidad.

Incluso a veces la mayoría de los creyentes somos unos egoístas. Tal vez más egoístas que los agnósticos y los ateos, que suelen hablar con bastante frecuencia, que ya es algo, de solidaridad y de justicia social, mientras que otros que demuestran tener mucha fe, conforman sus conciencias, dando por ahí algunas limosnas o ayudando física y materialmente a quienes lo necesitan. Y es más, asociando todo eso de la justicia, la solidaridad y la igualdad a cosas revolucionarias, no admitiendo en sus territorios a gentes que no son de su condición.

Y lo que no es menos cierto, es que Dios es un defensor de la vida que muere y entrega la suya para dar Vida, y está muy lejos de ser un castigador que desee la desgracia humana ni a quien hay que temer, sino amar porque El lo que pretende es la felicidad de todos los seres humanos, especialmente los débiles, los pobres, los marginados, los tristes y es más, la de todos aquellos que pasan su vida intentado aliviar el sufrimiento humano.

Por todo ello, pienso que los cristianos no podemos ni debemos interpretar la labor del juez porque únicamente Dios es el Juez Supremo que nos juzgará todos nuestros actos y únicamente nuestra labor en este mundo sería la de tener misericordia y amor sin límites, aceptando a nuestros hermanos tal y como son, con sus fallos y defectos para poder llegar a quererles y convivir con ellos, tal y como nos lo enseñó Jesús de Nazaret.

Así las cosas, hace unos días un buen amigo opinaba que posiblemente aquellos hermanos que sufrieron la muerte en los recientes huracanes de Cuba y Haití habrían ido al cielo. Aunque quizás, me decía, haya cielos diferentes, como aquí hay mundos distintos.
Sencillamente la Biblia solo habla de un cielo, aunque a unos el cielo les parece que está aquí, en este mundo, en los claros ríos y en los bellos jardines, en esta vida terrenal para muchos tan formidable y tan hermosa. Y para los que rezamos y nos creemos llenos de fe y de amor, el cielo es el encontrarnos con un Dios, un Jesús que se nos hace palpable y cercano y que con su muerte en cruz nos abrió sus puertas.
Pero yo me pregunto, como será el cielo para los que han pasado toda su vida, sufriendo, sin hogar, sin poder alimentarse ni sacar a sus hijos adelante, mal viviendo en una pobreza absoluta y pasando enfermedades sin medicamentos que las mitiguen.
Tal vez por eso, para que encuentren el perdón de sus pecados y todos juntos poder disfrutar de la Vida Eterna, solicitaba a toda la comunidad cristiana mundial a través de mi mensaje urgente a Dios, una súplica a favor de las víctimas, recordando y obedeciendo el nuevo Mandamiento que Jesús nos dejó antes de su Ascensión a los cielos: Que os améis los unos a los otros, como yo os he amado (Jn.14 34,35). Mandamiento que como los restantes, son ciertas normas básicas para mejorar la convivencia entre los hombres y que contienen preceptos religiosos dirigidos a amar a Dios y éticos para amar al prójimo. (Mc.12, 29.30).
En cualquier caso, después de leer la respuesta del mensaje mis ojos se han humedecido, no sin antes, naturalmente, haber pedido a Dios perdone al hermano que me lo envió.

José Guillermo García Olivas