A Dios se le puede aceptar o no;
lo que no puede hacerse es sustituirle.
Para poder decir que somos creyentes
es preciso poner a Dios en la base de nuestra vida;
no se le puede sustituir por una ley, por una idea,
por un pensamiento... por unas normas de conducta.
Dios está en la base de la humanidad, del hombre.
Pero hablar de bases, de fundamentos en el hombre,
es hablar de "Columna vertebral".
Por más que pretendamos construirnos sobre Dios
seguimos igualmente débiles
si no aceptamos poner a Dios
en el centro de nuestra vida.
Pensar como hombres, decidir como hombres,
no significa en modo alguno
dejar a Dios al margen de nuestros pensamientos
ni de nuestras decisiones.
Dios no es un "añadido" al hombre, Dios no es "superfluo".
No sé como decirlo, cómo transmitirlo,
pero cuando te falta Dios,
no es que te falte "algo" ni "alguien"; te faltas tú.
Sin Dios no quedas desnudo... quedas vacío.¿Lo has pensado alguna vez?...

Felipe Santos, SDB
2009