El crecimiento espiritual

¿Cómo se produce el cambio interior en nuestras vidas? ¿Quién lo produce?
¿Es verdad que cuando nuestro ser cristiano pasa por momentos de purificación sale mucho más fuerte?

En numerosas ocasiones buscamos encontrar explicaciones por nosotros mismos olvidándonos de Dios y de todo el proceso de la vida espiritual. Muchas personas quieren entender de golpe y porrazo, sin ningún proceso por medio. Esto en la vida espiritual es simplemente imposible. Necesitamos un recorrido humano y espiritual para poder llegar a terminar la obra buena que Dios ha comenzado en nosotros.

Nuestra vida tiene que ser un proceso, un camino hacia la plenitud de Dios y ese proceso conlleva no solamente momentos de alegría, sino dificultades, tropiezos, obstáculos y oscuridades. El que aparezcan estas cosas no significa que estamos retrocediendo sino todo lo contrario.

Para poder llegar a comprender bien todas las cosas es necesario detenernos en ellas, saber aceptar las diversidades de la vida y de nuestro propio ser, tener un sentido de contemplación y saber ver detrás de todo ello una intención amorosa; saber vivir con aceptación.

La aceptación no es pasividad. La pasividad es meramente una actitud receptora, no hay nada activo por parte de la persona. Sin embargo, la aceptación requiere un salir al paso de, un reconocer que en eso que nos pasa podemos encontrar muchas cosas positivas, sacar provecho, aunque ahora no entendamos el porqué, sospechamos que lo entenderemos de verdad en el futuro.

Queremos comprender todo, razonar todo, saber todo. Y sin embargo no es así. ¡Cuántas cosas no comprendemos ni tan siquiera en la naturaleza! ¿Como para comprender los fenómenos que pasan en nuestro interior y en los cuales no es fácil penetrar!
Ya le decía Jesús a Nicodemo, que el viento no sabemos de dónde viene ni a dónde va, pero cuando sopla sentimos su presencia en nosotros (Jn 3,8). Así es el espíritu de Dios, no sabemos hacia dónde se orienta, pero sin embargo ESTÁ PRESENTE.

Así es para el orante, así es para toda persona. Pero no pensemos que todo es oscuridad sin nada de luz. Porque el proceso de oscuridad, de purificación, tanto en la vida como en la oración, para por una mezcla de oscuridad y de luz. Sería demasiado cruel que nos pasáramos toda la vida únicamente en la oscuridad, sin ni siquiera una pizca de luz. Pero Dios es realmente padre y lo demuestra siempre con nosotros.

El proceso no es puramente oscuridad, como no es tampoco totalmente claridad. Pero en él hay un predominio de la noche, de las tinieblas. Caminamos, pero un poco como a ciegas; como cuando vamos por la noche en un lugar oscuro, y a veces aparece la luz de la luna como para que podamos ver que no nos hemos perdido del camino que llevábamos, pero de repente vuelve a desaparecer esa lucecita.

Este proceso es un proceso largo. Requiere una perseverancia grande. Necesitamos perseverancia. Hay veces que en la vida espiritual queremos tenerlo todo al momento. No nos damos cuenta de que tenemos que volver a empezar una y otra vez.

El que comienza el camino de crecimiento espiritual debe estar dispuesto a renunciar a todo , hasta su propia vida, sólo así se podrá conseguir la auténtica vida.